ANARCHY: LA NOCHE DE LAS BESTIAS

El crimen hace estragos en USA y las cárceles están llenas. El gobierno decide que una noche al año cualquier actividad criminal es legal. Una familia lucha por su supervivencia durante el caos.

LAS VIDAS DE GRACE

Una joven trabaja como supervisora en un centro de acogida para adolescentes. Le encanta su empleo y vive entregada al cuidado de los chicos. Pero pesa sobre ella un pasado que la llena de angustia.

SEX TAPE. ALGO PASA EN LA NUBE

Diez años y dos hijos después, un matrimonio pretende reavivar la llama de la pasión. Decide grabarse en un vídeo sexual, pero pronto descubre que ha sido enviado por error a sus amigos y familiares.

THE EXTRAORDINARY TALE

La evolución de una extraña relación amorosa, en la que no falta el matrimonio, la maternidad y la muerte, basada en la locura.

LLENAR EL VACÍO

Shira es la hija más joven de una familia judía ortodoxa de Tel Aviv. Se siente impaciente por casarse y tener hijos. La muerte de su hermana mayor al dar a luz a su primer hijo trastoca sus planes.

BARBACOA DE AMIGOS

El día en que cumple 50 años, Antoine sufre un ataque al corazón. Lo normal sería que se cuidara más, pero Antoine se ha pasado la vida cuidando su salud. Por ello decide cambiar sus hábitos y estilo de vida.

VAMPIRE ACADEMY

Lissa es una princesa vampira y Rose es la guardiana encargada de protegerla. Tras escapar de la Academia son obligadas a volver, y Rose queda bajo el control de su mentor, Dmitri, del que se enamora.

UN TOQUE DE VIOLENCIA

Cuatro personajes, cuatro provincias, una reflexión sobre la China contemporánea: una sociedad con un desarrollo económico colosal que convive con una violencia sistémica.

miércoles, 23 de julio de 2014

(2) EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, de Matt Reeves.

HOGAR, FAMILIA, FUTURO

Concebida bajo el contexto de la Guerra Fría, la película de Franklin J. Schaffner El planeta de los simios (1968) trascendió inesperadamente su naturaleza de discreto pasatiempo (serie B) a la categoría de obra clásica de la ciencia-ficción por su impactante desenlace. Lejos de narrar triunfalmente la exploración y la conquista humana del espacio sideral, tal y como parecía al principio, el film pronosticaba la hecatombe de la Humanidad debido a su tendencia autodestructiva, ya que todo sucedía en nuestro planeta en un futuro lejano. ¿Y qué mejor que reflejarla que esa inquietante imagen de la Estatua de la Libertad semienterrada en la arena de la playa, mientras que el personaje de Charlton Heston maldice desesperado y furioso a los responsables del invierno nuclear?

Su irrefutable éxito generó una de las sagas más fecundas de la historia de Hollywood, si bien las cuatro entregas posteriores nunca alcanzaron el interés ni la repercusión del título fundacional. A pesar de su potencial para construir metáforas sobre nuestro devenir, ésta acabó desgastada por la mecánica repetición de su fórmula y la ausencia de innovaciones que mantuvieran su vigencia. El insípido remake de Tim Burton en 2001 hizo un flaco favor a los frikis seguidores de la cinta original.




Ello explica que la revisión de la franquicia, en forma de precuela, de El origen del planeta de los simios (2011) nos pusiera en alerta. Sin embargo, el film de Rupert Wyatt fue un valioso entretenimiento que, si bien cambiaba las causas del cataclismo que provoca la casi extinción del ser humano y el ascenso de los simios en la escala evolutiva, permanecía fiel al espíritu del film primigenio y sorprendía por el uso racional de los efectos especiales, reservados a la creación hiperrealista de los simios protagonistas, entre ellos el maravilloso César. Este reboot consiguió, por tanto, lo más difícil: recuperar el interés por una saga que había caducado hacía no pocos decenios.

El amanecer del planeta de los simios parte del final de la entrega anterior, en el que la triunfante revuelta emprendida por César libera a sus congéneres. Ahora esta especie viven en un mundo donde el ser humano está en decadencia, lo que permite su progreso cultural. Humanos y simios conviven en una precaria paz, mantenida por un simio sensato y pacifista como César y un humanista tolerante como el viudo Malcolm, que finalmente es interrumpida por un simio vengativo llamado Koba y por algún humano tan imprudente como necio.

Afortunadamente, El amanecer del planeta de los simios conserva muchas de las virtudes de su antecesora. Si algo demostró Matt Reeves con Monstruoso (2008) y su infravalorado remake de Déjame entrar (2010) es que sabe aprovechar cualquier premisa para desarrollarla en su terreno, alejado del tradicional blockbuster. Técnicamente intachable, el film muestra mucho, explica poco y deja al espectador que encaje las piezas de la historia. En determinados momentos, el tono y la narrativa de esta película remiten al antiguo cine de aventuras mezclado con temáticas y lugares comunes del viejo western.

Pero el gran activo de esta película, sin el cual no sería posible su consistencia, es la labor de Andy Serkis para dotar de humanidad al mono protagonista. Los personajes creados por ordenador no solamente se integran perfectamente en la imagen junto a los actores reales, sino que llegan a alcanzar una mayor importancia.
El amanecer del planeta de los simios configura un certero retrato de César en su papel de líder que guía a sus semejantes hacia la supremacía. Hogar, familia y futuro. Eso es lo que les da a los suyos. Aún a costa de la supervivencia humana.

Pau Vanaclocha



martes, 22 de julio de 2014

(2) CORAZÓN DE LEÓN, de Marcos Carnevale.

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Esta producción argentina es la cuarta película que nos llega de Marcos Carnevale -nacido en 1963- de las 13 que ha realizado, un profesional del audio-visual que ganó un sólido prestigio como especialista en spots publicitarios, productor, guionista y autor de trabajos para TV, siendo los filmes que más gustaron entre nosotros Elsa y Fred (2005) y Tocar el cielo
(2007).




En esta ocasión ha elaborado una comedia sentimental -un gran éxito de público en Argentina- protagonizada por Ivana, una abogada divorciada (la atractiva actriz Julieta Díaz) y por el arquitecto León, también divorciado, (el actor Guillermo Francella, sometido a tratamiento digital tras el rodaje para empequeñecer su estatura real), cuyas relaciones vienen a materializar el tópico de que “la verdadera belleza no reside en el cuerpo sino en el interior de la persona”, lo que viene a contradecir el principio biológico básico según el cual la atracción sexual obedece a la necesidad de mejorar la especie, aunque en la humana la fuerza y la habilidad físicas hayan sido sustituidas frecuentemente por la inteligencia y, sobre todo, por la riqueza.

El inconveniente que presenta la trama de Corazón de León es que el caballero enamorado sólo mide 1´36 metros de estatura, es decir, que se trata de un enano que intenta superar sus limitaciones de tamaño mediante el talento y la simpatía. El film está alargado en exceso -casi dos horas de duración- y viene a plantear si la apostura orgánica importa realmente o si los cánones de belleza establecidos como ideales son sólo prejuicios admitidos por la mayoría.

Yo creo que estamos ante una variante más, amable y optimista, de la conocida leyenda de La bella y la bestia aunque, esta vez, sin el consuelo del milagro final.

José Vanaclocha



(2) LA CHICA DEL 14 DE JULIO, de Antonin Peretjatko.

VACACIONES DE VERANO

Este primer largometraje de Antonin Peretjatko -procedente del terreno amateur- fue presentado en los festivales de Cannes y de Sevilla y es una producción independiente de bajo presupuesto y con actores casi desconocidos que recuerda ese aire ingenuo y alocado de los primeros filmes de Tati y de los cortometrajes de la Nueva Ola francesa (Truffaut, Godard, Demy, etc.).

Nos encontramos ante una comedia lindante con el absurdo, con personajes y situaciones que deben no poco al juego surrealista pero que comportan también una intención satírica (el desfile del 14 de julio en París, una ceremonia ritual presidida de forma idéntica por Sarkozy y por Hollande), con la desencantada idea de que la República no cambia pese al relevo de los políticos y al hallazgo de peregrinas soluciones como, en este caso, la supresión de las vacaciones en agosto.




Protagonizada por jóvenes tan vitalistas y divertidos como irresponsables y traviesos, la película tiene como telón de fondo un país sumido en una crisis económica a la que hacen frente como pueden dos parejas que comparten amores y amistad en un relato que acaba adoptando el formato de una road movie en momentos de inactividad industrial y de parálisis financiera.

El tono humorístico del film -bromas sobre la Revolución de 1789 y la guillotina- tiene un carácter más visual que dialogado e invita a reflexionar -no sin cierta frivolidad- sobre las actuales lacras de la sociedad francesa. Pero, pese a sus buenas intenciones, la sensación que deja la película es la de ser poco más que un entretenimiento bastante ligero e intrascendente y, por ello, fácilmente prescindible.

José Vanaclocha




viernes, 18 de julio de 2014

EUROPEOS EN HOLLYWOOD (V)



OTTO PREMINGER

La revista Nickel Odeon, desde su primer número -invierno de 1995- al último -invierno de 2003- publicó una serie de encuestas a personalidades de la cultura sobre sus preferencias cinematográficas en géneros específicos (cine español, películas románticas, westerns, musicales, cine dentro del cine, cine y deporte, etc.). Si me hubieran preguntado mis diez directores europeos preferidos entre los que hicieron carrera en Hollywood, Preminger no formaría parte de la lista. Estarían los cuatro que le han precedido y los que le seguirán, si Vanavisión me sigue brindando su hospitalidad, como Lubitsch, Carol Reed, Robert Siodmak, David Lean o Douglas Sirk y si escarbo en la memoria puede que salgan otros diez cuya obra me merezca mejor consideración. Entonces, ¿por qué aparece aquí ahora, saltándose el escalafón?

La respuesta es muy simple: por Laura (1944), su mejor película, con diferencia. Reconozco que tiene otros trabajos notables, sobre todo Anatomía de un asesinato (1959), pero a mí no me entusiasman. Desde que empecé estas crónicas "tenía unas ganas locas" como diría el desaparecido en combate Francisco Camps, de escribir sobre Laura.  En la primera entrega, dedicada a Billy Wilder, pensé: "Ahora hablo de Traidor en el infierno (1953), cito que el comandante alemán Von Scherbach estaba interpretado por Otto Preminger y con esa excusa, meto Laura". En la segunda, dedicada a Hitchkock, me dije: "si comento que el reloj de Laura, con el arma del crimen escondida en su interior es un recurso  hitchcockiano... ". En la cuarta, dedicada a Chaplin, medité : "Una noche, en una cena en casa de Mary Pickford, Chaplin conoció a un recién llegado de Alemania..." Bueno, al final me he decidido por lo más sensato: lo cuelo aquí, por las buenas, mi rendida admiración por Laura de una vez y me quedo tranquilo. 
             
Otto Preminger, desde muy joven, desarrolló una brillante carrera teatral en Viena y Berlín de la mano de Max Reinhardt. En 1930 dirigió su primera película y hasta su exilio, cinco años después, rodó 26; algunas obtuvieron un notable éxito y el productor hollywoodense Joseph Schenck, que acababa de aliarse con Zanuck para crear la mítica 20th Century Fox, le hizo una oferta que Preminger aceptó sin dudar. Se auspiciaban en Centro Europa malos tiempos para la lírica. También para los judíos austríacos.

Al principio no le fueron  muy bien las cosas en Hollywood. Tanto él como Zanuck tenían un carácter fuerte y estaban predestinados a chocar y Preminger salió peor parado.  El contrato duró muy poco.

Los siguientes siete u ocho años hizo de todo: tuvo éxitos teatrales como director y como actor, impartió clases en Yale, lo ficharon para repetir en el cine el papel de un nazi que había interpretado en Broadway en la obra Margin of error (1943) y así regresó a Hollywood. Zanuck no andaba por allí porque se había alistado. La obra la iba a dirigir Lubitsch, pero no sé por qué abandonó, supongo que uno de sus frecuentes infartos y Preminger consiguió convencer a William Goetz, que había asumido las funciones de Zanuck en la Fox, para que le permitiera dirigirla. Reescribió el guión con Samuel Fuller y a Goetz le gustó tanto que le ofreció un contrato de siete años.

El primer film que rodó a continuación  fue Laura (1944), en principio un proyecto íntegramente de Preminger. Había leído la novela de Vera Kaspary y trabajado en el guión. Pero volvió Zanuck de la mili y las antiguas rencillas se reprodujeron: le dio la dirección a Rouben Mamoulian y relegó a Preminger a un pequeño cometido en la producción. Preminger estaba continuamente cabreado y no sin motivo: Mamoulian le estaba cambiando el guión. El papel del asesino se lo querían dar a Laird Cregar, un actor especializado en villanos -acababa de interpretar a Jack el destripador- y Laura es un who do it (quién lo hizo), una película de suspense, en las que todo el interés estriba en la  sorpresa que provoca el descubrimiento del asesino. Si lo hubiera interpretado Cregar, el público sabría que era él  en cuanto apareciera en pantalla.

Tras muchos rifirrafes, Preminger consiguió salirse con la suya: despidieron a Mamoulian y la película la rodó él con plena libertad de guión y reparto, tuvo su primera nominación para los Oscar y Clifton Webb que encarno por fin a Waldo Lydecker, como quería Preminger, logró el de mejor actor de reparto. La pareja protagonista la interpretaron dos jóvenes actores, Gene Tierney y Dana Andrews, y Laura les  proporcionó una popularidad extraordinaria.

Volvamos a  Nickel Odeon: en 1993, Almudena Leira coordinó para la revista una macro-encuesta a cien cinéfilos españoles con el lema Las 25 películas de nuestra vida. El libro con las respuestas de personalidades tan dispares como Miguel Delibes, Fernando Vizcaíno Casas, (que era primo segundo mío, ¡qué se le va a hacer!), José Luís Garci, Carlos Boyero o Javier Marías, recogía sorprendentemente cierta uniformidad a la hora de fijar criterios selectivos: los mismos títulos se repetían machaconamente. Choca que Pere Gimferrer coincida en un 70% con Antonio Muñoz Molina o mi primo con Alfonso Guerra.

¿Por qué estoy contando ésto? Ah, sí: Laura. Solo doce de los cien encuestados la incluye en su lista, mientras Casablanca (1942), la más votada, aparece en 47 ocasiones. En mi lista, desde luego, estaría la primera aunque se tratara solo de las diez películas de mi vida. O las cinco...bueno, no: entre las cinco, no. Estoy haciendo ésto muy largo. Voy a terminar para poder llegar a mis cinco pelis favoritas de Preminger, o sea Laura y otras cuatro.  
  
La carrera de Preminger en esta primer etapa estuvo marcada por sus continuos encontronazos con Zanuck, aunque de cuando en cuando consiguió colar algún proyecto personal, en general de cine negro y una segunda etapa, donde procuró buscar financiación al margen de los grandes estudios para llevar a cabo proyectos arriesgados, caminando al borde del precipicio con la rígida censura del Código Hays (palabras como "virgen" o "preñada", mostrar con crudo realismo el día a día de un heroinómano o aportar como prueba a un juicio por el asesinato de un violador a manos del marido las bragas de la ultrajada o decir "semen", "penetración" y otras cosas así de pecaminosas, eran pasos que pocos en Hollywood se atrevían a dar en aquella época.

Veamos los cinco títulos escogidos:
1.- Laura (1944). No se puede decir que estemos ante un film negro en el sentido estricto que se le atribuye al género. En él los detectives suelen ser privados y los policías imbéciles o bordes, o las dos cosas, con la excepción del sargento bueno, que es amigo del protagonista. No suelen enamorarse en plan platónico de la chica, como el inspector McPherson. Y, normalmente la película no gira en torno a averiguar quién es el asesino; de hecho en los mejores films negros ni siquiera preocupa saber quién mató a quién. Y las chicas del cine negro, buenas o malas, no se parecen en nada a Laura Hunt.

Pues bien, con todo y con eso, siempre ha sido considerada como cine negro, no como cine policial, que sería más adecuado. Y es que el clima, la música de David Raksin, la excelente fotografía de Joseph LaShelle, premiada con el Oscar, absolutamente todos los diálogos, en los que no falta ni sobra una sola palabra,  las interpretaciones de los cinco personajes,  nos remiten al mejor cine negro, el de Houston y Hawks, el de Lang y Siodmak.

Si estuviera en mi mano, me gustaría recetar a las nuevas generaciones ver diez o doce determinadas películas por lo menos un par de veces al año. Una de ellas sería Laura.

Yo tendría 14 ó 15 años cuando la vi por primera vez e inmediatamente me enamoré como un idiota de Gene Tierney, y no platónicamente. La perseguía por todo Valencia como un obseso: si en el Pompeya, cerca del cementerio, hacían El hijo de la furia (1942), allá que me iba. Si en el grao, en el España ponían la especie de tráiler largo en que la censura franquista había convertido El embrujo de Shanghai (1941) ¡hale, vamos p'allá!

Puede que yo tenga Laura sobrevalorada; si es así, se debe en gran parte a Gene Tierney. 18 años después volvió a trabajar con Preminger en Tempestad sobre Washington (1962). Había engordado, pero seguía siendo una señora bellísima. 




2.- Río sin retorno (1954). Única incursión de Preminger en el western, esta odisea de Robert Mitchum, su hijo de nueve años y una siempre atractiva Marilyn Monroe, aunque navegue por aguas turbulentas en una endeble balsa y huyendo de los indios, no ha pasado a formar parte de la lista de los mejores westerns. Bueno, se deja ver.




3.- El hombre del brazo de oro (1955). La del heroinómano que comenté al hablar de la censura, película muy valiente para la época, ese mérito no se le puede negar a Preminger, y en la que Frank Sinatra nos brinda un estupendo trabajo por el que fue candidato al Oscar.  




4.- Anatomía de un asesinato (1959). Si he de ser sincero, no sé porque no me gustan más las películas de Preminger, sobre todo ésta. Fue bien recibida por la crítica, tuvo siete nominaciones para los Oscar, el premio a James Stewart como mejor actor en Venecia, etc. Tengo que reconocer que cuenta con una estupenda realización, unas interpretaciones que rayan a gran altura (sus comienzos en el teatro le sirvieron a Preminger para ser un gran director de actores) y en cuanto al guión, es perfecto: no decae el interés en las casi tres horas de duración del film. Pues, mire usted, a mí me sigue pareciendo que le falta algo, la encuentro fría. Probablemente es culpa mía. 




5.- Éxodo (1960). Uno de los mayores éxitos del director. Basada en el best-seller de León Uris, cuenta de forma un tanto idealizada la creación del estado de Israel. Estoy convencido de que en este caso, hasta los fans más radicales de Preminger, que los tiene, incluso entre la crítica seria, estarían de acuerdo conmigo en que se hace pesada. Aunque, claro, nunca lo reconocerán.


 
 
Y eso es todo. Si no conocéis las pelis de Preminger y no os ha quedado claro qué tal eran, buscadlas, vedlas y formaros vuestra propia opinión. La mía, ya lo habéis visto, no es nada objetiva.

Alfredo



miércoles, 16 de julio de 2014

(2) OPEN WINDOWS, de Nacho Vigalondo.

VOYEURISMO DIGITAL

El director cántabro Nacho Vigalondo salta el charco para dirigir su primer largometraje en inglés, el tercero de su breve filmografía. Una meteórica carrera que, tras la estimable Los cronocrímenes (2007) -ciencia-ficción hispana low cost- y la simpática Extraterrestre (2011) -delirante comedia de enredo en un contexto apocalíptico-, demuestra la valía de un joven realizador capaz de superar convencionalismos y explorar nuevos caminos dentro del encorsetado cine de género.

En un nuevo cambio de rumbo, Vigalondo configura en Open Windows un híbrido entre el thriller neohitchcockiano y el film de acción depalmiano que aborda el poder de Internet en la sociedad actual, la ausencia de intimidad en una época de eclosión de la omnipresente cámara digital, la innata condición de voyeur del ser humano y el fenómeno de la fama bajo el reinado de las redes sociales.

Su singularidad formal estriba en contar la historia íntegramente a través de la pantalla de un ordenador, siendo un gran número de ventanas emergentes, correos electrónicos, enlaces e imágenes transmitidas desde cámaras de seguridad los principales recursos estilísticos de los que Vigalondo se sirve para introducir al espectador en una oscura trama criminal.




El protagonista es Nick Chambers -interpretado por un Elijah Wood que le ha cogido gusto a rodar para el cine español-, un fan confeso de la actriz Jill Godard -a la que da vida la ex estrella porno Sasha Grey- que está a punto de estrenar su última película. El joven recibe un correo electrónico en el que se le acredita como ganador de un concurso, por el que cumplirá el sueño de conocer a la popular intérprete. Pero Nick comienza a ver en su ordenador extrañas imágenes de ella. Dichos vídeos parecen estar emitiéndose en directo, en diversos lugares en los que se encuentra la joven. Será entonces cuando un psicópata se ponga en contacto con él, haciéndole partícipe de un macabro juego en el que la vida de la muchacha y la suya propia se pondrán en peligro.

El punto de partida de Open Windows es muy sugestivo: la violación de la intimidad a través de la tecnología es un delito cada vez más extendido gracias al desarrollo de la informática, la telefonía móvil, Internet y las redes sociales. Y el reciente caso de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense a destacados líderes mundiales publicado en los MMCC lo corrobora: nunca ha sido tan fácil espiar a las personas. La curiosidad inocente de Nick se va tornando complicidad culpable al dejarse llevar por una placentera agresión a la intimidad de la joven que pronto se desborda en una vendetta personal de un fanático seguidor. En ese sentido, el film empieza siendo una actualización de La ventana indiscreta (1954) pero deriva en una persecución a lo Cary Grant en Con la muerte en los talones (1959).

Sin embargo, el barroquismo de la maquinación, los sorpresivos giros argumentales y la saturación de información pueden acabar rompiendo la suspensión de incredulidad del público asistente, echando por la borda una excelente primera parte en la que se describe un caso paradigmático de acoso de un incondicional a su admirado famoso. La trama posterior, con identidades cruzadas, piratas informáticos colaboracionistas, persecuciones por las calles de Austin (Texas, USA) y relevaciones finales acaba devaluando una película al nivel de fugaz pasatiempo con el que pasar el rato en estas calurosas tardes estivales.

Pau Vanaclocha



martes, 15 de julio de 2014

(4) DOS VIDAS, de Georg Maas.

SUPLANTACIÓN DE IDENTIDAD

El maestro Hitchcock habría realizado seguramente un magnífico film de suspense con el material dramático aquí empleado -una historia de intercambio de personalidades- pero el documentalista Georg Maas, en su primera película de ficción que nos llega, no sigue las rígidas normas del cine de género, entendido como mero entretenimiento, sino que realiza un complejo trabajo en el que baraja inteligentemente el drama familiar, los momentos de emoción, el thriller de intriga y el espionaje en el contexto de la Guerra Fría, evocando inevitablemente las características de la excelente La vida de los otros (2006), de Florian Henckel-Donnersmarck.

Dos vidas, inspirada en una novela de Hannelore Hippe (basada a su vez en hechos reales rastreados mediante una laboriosa investigación), fue rodada en Alemania y en Noruega utilizando una fotografía de tonos predominantemente sombríos que remite a los países nórdicos, a la estación invernal y a las dramáticas situaciones planteadas, en muchas de las cuales aparece la actriz Liv Ullmann -como madre de la protagonista Juliane-, la inolvidable musa de Ingmar Bergman.




La película arranca en 1990, con la caída del muro de Berlín, y mediante una serie de flash-backs (perceptibles por el grano grueso de las imágenes y el físico de los personajes) va reconstruyendo la historia de una niña nacida de la relación ocasional entre un soldado alemán y una chica noruega en la II Guerra Mundial. Debido a su apreciada pureza racial, ella y muchos otros bebés fueron recluidos por la Gestapo en la fundación Lebensborn y más tarde, a partir de los años 60, trabajaron como espías para la Stasi comunista tras ser repatriados a la Europa occidental desde la Alemania del Este. La unificación germana en 1989 trastocó muchas relaciones familiares y planteamientos políticos vigentes hasta entonces.

Dos vidas nos remite a los relatos de Graham Greene y de John Le Carré tanto por su rigor psicológico como por la precisión histórica a la hora de dar credibilidad a sus intrigas criminales. No se trata, pues, de una simple trama de misterio sino de una profunda indagación sobre los aspectos morales de los conflictos. Fundamentalmente, el film hunde sus raíces en el choque entre vida privada y circunstancias políticas, con la difícil elección entre libertad personal e intereses del estado, entre la verdad y el simulacro, entre las razones del pasado y las exigencias del tiempo presente.

José Vanaclocha



(2) AHORA Y SIEMPRE, de Ol Parker.

CON LOS DÍAS CONTADOS

Esta adaptación de la novela super-ventas de Jenny Dowhan Antes de morir ha corrido a cargo de Ol Parker, discreto realizador de Rosas rojas (2005) y guionista de El exótico hotel Merigold (John Madden, 2011), a quien hay que reconocer aquí un sólido pulso narrativo y unas estimables dotes de observación de la realidad cotidiana, suficientes para evitar que el film se haya convertido en un insufrible folletín lacrimógeno.




Ol Parker ha insertado elementos románticos en una historia tremendamente dramática -en la línea de La dama de las camelias de Alejandro Dumas, hijo, pero en clave juvenil- presentándonos el caso de Tessa, una chica de 17 años, encarnada brillantemente por la estadounidense Dakota Fanning, aquejada de una leucemia incurable que aguarda su final en la ciudad costera inglesa de Brighton.

En la película se combinan con cierta pericia los efluvios sentimentales de un primer amor adolescente con un guapo vecino y los detalles más desagradables de una enfermedad que Tessa intenta paliar mediante la compañía de su amiga Zoey y las atenciones de sus apenados -y separados- padres. Ahora y siempre, que se percibe como una transposición fílmica de una literatura popular de mero consumo, centra su atención en los esfuerzos de la protagonista por vivir a tope y aprovechar sus últimas oportunidades: perder la virginidad, probar las drogas, cometer pequeños hurtos en tiendas, etc., sabiendo que sus fugaces momentos de vitalidad y sus traviesas correrías, con entradas y salidas del hospital, carecen de cualquier esperanza.

Este relato es como un “adiós a la vida” (Tosca, de G. Puccini), una mezcla de desesperación, rabia y dolor que aumentan más, si cabe, los deseos de Tessa de aprovechar las postreras migajas de felicidad que le procura la existencia.

José Vanaclocha



jueves, 10 de julio de 2014

(2) UN LARGO VIAJE, de Jonathan Teplitzky.

EL TRAUMA DE LA GUERRA

Partiendo del relato autobiográfico de Eric Lomax, un oficial del Ejército Británico que durante la II Guerra Mundial fue capturado por los japoneses y forzado a trabajar en la construcción del llamado Ferrocarril de la Muerte -una línea férrea que recorría el sudeste asiático para abastecer a las tropas niponas en la Campaña de Birmania-, Jonathan Teplitzky configura en Un largo viaje un emotivo homenaje a los caídos y a los supervivientes de aquellos terribles sucesos, a la vez que medita sobre la memoria histórica, las secuelas del conflicto, la culpa y el perdón. Porque si por algo destaca el testimonio de Lomax, lo que le hace digno de alabar, es por el posterior reencuentro con su torturador y el proceso por el cual logró superar sus lógicas ansias de venganza para acabar cultivando una sincera amistad con el que le había sometido a todo tipo de maltratos y humillaciones.




David Lean popularizó la construcción de esta colosal infraestructura con los prisioneros aliados con su magnífica El puente sobre el río Kwai (1957), galardonada con 7 premios de la Academia. Casi medio siglo después el director australiano revisita este episodio partiendo de un presente lleno de angustia y desasosiego producido por un pasado que poco a poco se nos va mostrando en la pantalla, narrando a caballo entre dos épocas el estrés postraumático de un veterano y su insólita relación con el japonés que lo atormentó.

Un largo viaje trata, en consecuencia, de reflejar ambas perspectivas, la de la víctima y la del verdugo décadas después de los hechos. Lo que podría ser un elocuente retrato humano de la locura de la guerra acaba disolviéndose en multitud de tramas secundarias que restan atención al espectador. El film pretende contar muchas cosas a la vez, partiendo del cine bélico de toda la vida, pasando al drama de época con toques de romance, lo que impide que ninguna tonalidad sea la predominante. Subtramas como la relación del soldado con su esposa o la pasión del protagonista por los trenes son mostradas de forma superficial, sin que aporten apenas contenido a la historia. 

Aún así, esta coproducción británico-australiana es una película consistente, que emociona al público y estimula la reflexión. Su factura técnica es similar a una superproducción de Hollywood y cuenta con actores de gran talla, encabezados por Colin Firth y Nicole Kidman, que hacen lo que pueden con un guión que no acaba de centrarse en lo importante, aun siendo consciente del valioso material dramático que maneja.

Pau Vanaclocha




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