TERRAFORMARS

Tras terraformar Marte, un grupo de 15 personas es enviado al planeta rojo para eliminar unas cucarachas mutadas en humanoides. Cada uno de ellos posee el poder de un insecto.

LOVING

La historia de Mildred y Richard Loving, una pareja interracial que se casó en Virginia en 1958. Fueron arrestados, encarcelados y exiliados. La pareja luchó por su derecho a regresar a casa.

LA LUZ ENTRE LOS OCÉANOS

Australia, 1926. El farero Tom y su esposa Isabel encuentran un bebé en un bote. Adoptan al niño sin informar a las autoridades. Más tarde descubren que la madre biológica está viva.

TONY ERDMANN

La vida de Inés está perfectamente organizada hasta que su estrafalario padre Winfried llega de improvisto, ayudándole a dar sentido a su vida gracias a un personaje imaginario: Toni Erdmann.

LOS DEL TÚNEL

Tras haber estado 15 días atrapados en un túnel, un grupo de personas es rescatado y la tragedia parece quedar en el pasado. Pero volver a su rutina no será tan fácil como pensaban.

HIDDEN FIGURES

La historia de tres mujeres científicas afroamericanas que trabajaron en la NASA a comienzos de los años 60, en plena carrera espacial y también en mitad de la lucha por los derechos civiles.

COLONIA

Una pareja se ve envuelta en el golpe de Estado de Chile en 1973. Él es secuestrado por la policía secreta de Pinochet y ella le busca hasta un lugar al sur llamado Colonia Dignidad.

XXX: REACTIVADO

Xander Cage es dado por muerto tras un incidente, sin embargo regresa a la acción secretamente para una misión con su mano derecha Augustus Gibbons.

SHIN GODZILLA

Godzilla resucita en el Tokio actual para acosar de nuevo a la civilización. Apremiado por la muerte y la desesperación, Japón deberá encontrar el poder para superar este desafío.

CALLBACK

Larry es un ferviente cristiano evangélico que trabaja como mozo de mudanzas, aunque su gran sueño es convertirse en actor. Su suerte parece cambiar el día que Alexandra entra en su vida.

miércoles, 18 de enero de 2017

(1) UNDERWORLD: GUERRAS DE SANGRE, de Anna Foerster.

UNA BATALLA INTERMINABLE ENTRE RAZAS SOBRENATURALES

La saga Underworld alcanza ya la quinta entrega. ¡Quién lo iba a decir! Y lo hace ofreciendo exactamente los mismos ingredientes que la consolidaron como un exótico relato (post)moderno de terror: una artificiosa estética de videojuego, unos ambientes lúgubres y unos tétricos decorados góticos, unas espectaculares escenas de acción coreografiados al estilo Matrix, un montaje frenético, un vestuario de cuero y una insustanciosa historia protagonizada por razas nocturnas sobrenaturales que se alejan de su tradicional modo de representación.




Así, los vampiros y los hombres-lobo de esta franquicia están adaptados a los tiempos actuales, usando todo tipo de armamento sofisticado. En el conflicto sempiterno entre estos míticos monstruos de pesadilla los seres humanos hace tiempo que ya ni hacen acto de presencia, con lo que la falta de empatía es absoluta. Quizás el título fundacional, la amena Underworld (2003), atrajera por la originalidad de la propuesta, pero tras cuatro secuelas el destino de Selene, la vampira perseguida por todos los clanes debido al extraordinario poder de su sangre, me la trae personalmente al pairo. Al igual que sus idas y venidas, sus andanzas sentimentales y su hija desaparecida.

La debutante Anna Foerster, directora de fotografía alemana colaboradora de Roland Emmerich, asume los mandos de esta floja película que no aporta nada nuevo al género, ni siquiera a su propio universo de ficción, siendo narrada de manera mecanicista sin capacidad de sorpresa o admiración.

Pau Vanaclocha


viernes, 13 de enero de 2017

(2) TRAIN TO BUSAN, de Yeon Sang-ho.

ZOMBIES EN UN TREN

¿Qué más se puede decir, a estas alturas, sobre la temática zombie sin caer en la obviedad ni en la redundancia? Poco, salvo constatar su vigencia a tenor de la cantidad de libros, cómics, películas, series de TV y videojuegos que protagonizan. ¿Qué es lo que tienen los muertos vivientes que atraen tanto la atención? Retrato de nuestro lado más cruel y sanguinario, crítica anticomunista durante la Guerra Fría, fábula actual del capitalismo salvaje y paradigma del Homo homini lupus, su figura sigue fascinando a una legión de adeptos que no se cansan de esta siniestra moda que está infectando, cual plaga apocalíptica, toda creación humana.

Tras su título fundacional contemporáneo, La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero, asistimos a una eclosión de films que fueron corrompiendo el (sub)género a base de tópicos y convencionalismos que casi acaban con él, llegando a la caricatura con dignas parodias como Bienvenidos a Zombieland (2009) y Memorias de un zombi adolescente (2013). Sin embargo, en los últimos años han aparecido películas que han mostrado una perspectiva diferente que bien merecen la atención del cinéfilo: Retornados (2013) y Maggie (2015) supusieron un serio intento de humanizar al monstruo, de dotarle de tridimensionalidad.




No soy muy diestro en la materia pero reconozco la valía del último film de Yeon Sang-ho. La enésima epidemia zombie que arrasa la Humanidad representa la tipología más colérica del susodicho, ese dotado de agudos sentidos de la vista y del olfato y capaz de moverse con rapidez movido por su insaciable avidez de carne humana, que tan bien reflejó films como 28 semanas después (2007) y Guerra Mundial Z (2013), lejos del torpe y lento engendro del cine clásico.

Lo que hace destacable Train to Busan es su endiablado sentido del ritmo, siempre ascendente, y un inteligente uso del limitado espacio donde transcurre la acción: un tren que se dirige a la ciudad de Busan, destino seguro donde el ejército ha logrado controlar la plaga letal. El relato sigue las andanzas de un grupo de personas en medio del cataclismo, cada cual respondiendo a un estereotipo. No obstante, el realizador logra transmitirles humanidad a cada uno en sus breves momentos de lucimiento.

Es cierto que, de vez en cuando, alguna escena cae en el burdo melodrama, pero pronto es compensado con corrosivas dosis de sano y desmitificador humor negro, lo que le da ese encanto de simpático relato de terror moderno. Además, la mezcla de edulcorante y brutalidad alcanza un satisfactorio equilibrio.

En resumen, Train to Busan es un desenfadado entretenimiento que ahonda con ánimo incisivo en las esencias del famoso cadáver come-cerebros, especialmente recomendable para los amantes del citado (sub)género.

Pau Vanaclocha


miércoles, 11 de enero de 2017

(2) SILENCIO, de Martin Scorsese.

MARTIRIO EN EL LEJANO ORIENTE

Martin Scorsese es un buen cineasta, de ascendentes italianos y educación católica, que se ha interesado en algunas ocasiones por temas de orientación religiosa o mística como fue el caso de La última tentación de Cristo (1988) o de Kundun (1997) sobre el Dalai Lama. La adaptación de la novela Silencio de Shusaku Edo, publicada en 1966, le ha permitido abordar el viejo tema del martirio de los misioneros y de los fieles cristianos en defensa de su fe, esta vez en el Japón budista del siglo XVII cUando unos jesuitas portugueses prosiguen su arriesgado trabajo de evangelización desafiando la prohibición y la persecución decretada por  los señores feudales.




Durante casi tres horas de metraje, evidentemente excesivas y reiterativas a mi entender, vemos pagar las arraigadas creencias y prácticas de los sacerdotes y de sus feligreses con encarcelamientos, sádicas torturas y dolorosas ejecuciones. Se diría que estamos reviviendo el cine propagandista y beato de mi infancia, cuando los “malos” eran entonces los antiguos romanos, los musulmanes y los comunistas, a no ser porque aquí uno de los superiores jerárquicos —el padre Ferreira, encarnado por Liam Neeson— decide apostatar, renunciando, sólo en apariencia, a sus creencias y ritos para evitar su propio exterminio.

La simpleza habitual de este tipo de películas —que deberían interesar poco a un agnóstico convencido— resultaría insoportable si no fuera porque el relato toca importantes cuestiones sobre el ser humano: la cobardía, la duda, la supervivencia, el miedo, el sacrificio, la caridad y, sobre todo, el acongojante “silencio de Dios” ante tantas calamidades y sufrimientos. Pero poco de novedoso hallamos en esta interminable y plúmbea narración: sobre esas cuestiones ya trató mejor el cine de Ingmar Bergman y de Robert Bresson y, mucho antes, ya habían reflexionado tanto Graham Greene como los llamados “existencialistas” católicos franceses —Georges Bernanos, Gabriel Marcel, François Mauriac o Julien Green— sobre los misterios y paradojas de la fe religiosa.

Rodada en Taiwán, Silencio es una película cara, con todos los medios necesarios aportados por la industria, bien ambientada con luz natural y de antorchas, bellos exteriores, magníficos actores, apropiado vestuario de época y correcta fotografía. Pero antes de verla hay que armarse de paciencia.

José Vanaclocha


(3) DESIERTO, de Jonás Cuarón.

CLANDESTINOS

Jonás Cuarón, hijo del famoso cineasta mexicano Alfonso Cuarón, se da a conocer en nuestras pantallas con una película tan sencilla y barata como correctamente realizada y dotada de realismo físico. El contexto geográfico es la reseca frontera entre México y Estados Unidos; y los personajes son en su mayoría emigrantes sin papales que buscan en el país vecino una vida mejor. Sus enemigos son el desierto, que atraviesan a pie, la policía del norte y un vigilante fanático y enloquecido, acompañado por un agresivo perro, que parece disfrutar con su rifle telescópico disparando y matando a los caminantes. El tema clave: la supervivencia.




El relato es elemental y sin muchas sorpresas pero engancha y sus escasos 90 minutos transcurren sin agobios. No hay estudio de psicologías sino pura acción: camioneta averiada, marchas, carreras, escondites tras las rocas, sol, hombres abatidos, falta de agua… El rodaje en exteriores naturales favorece la sensación de verosimilitud. Incluso se alcanza un clímax de tensión, sin caer en el tópico, en el enfrentamiento final entre el “chico” Gael García Bernal y el malvado Jeffrey Dean Morgan.

La película fue candidata al Oscar al mejor film en lengua no inglesa por parte de México y obtuvo el premio FIPRESCI en el festival de Sundance.

José Vanaclocha


(3) SÓLO EL FIN DEL MUNDO, de Xavier Dolan.

LA ÚLTIMA DESPEDIDA

El canadiense Xavier Dolan es un cineasta tan osado como original, en temas y en tratamiento fílmico, del que se han llegado a editar en DVD He matado a mi madre (2009) y Los amores imaginarios (2010) aparte de estrenarse en salas comerciales sus interesantes Laurence Anyways (2012) y Mommy (2014). Todas ellas premiadas en diversos festivales.




En Sólo el fin del mundo ha adaptado la obra teatral homónima de Jean-Luc Lagarde en torno a la visita que hace un joven escritor a sus familiares, en su casa del pueblo, tras doce años de ausencia. Pero el clima allí creado resulta ser un auténtico infierno con incesantes discusiones, reproches, egoísmos, frustraciones, rencores y, sobre todo, una total incomunicación como consecuencia de la falta de un verdadero afecto entre ellos o, al menos, de su incapacidad de expresarlo.

Queda discretamente insinuado que el protagonista es gay y que probablemente sea aquella su despedida definitiva ante la proximidad de su muerte, aunque el verdadero drama es no tener con la propia familia nada en común, nada que decirse, ninguna empatía con aquellos que precisamente deberían ser los más queridos.

No era fácil llevar al cine la pieza escénica pero Xavier Dolan ha logrado un resultado bastante satisfactorio gracias a un reparto de lujo —Nathalie Baye, Léa Seydoux, Vincent Cassel y Marion Cotillard, aparte del muchacho encarnado por Garpard Ulliel— sino también a una inteligente utilización de abundantes primeros planos entrecortados por el montaje, un ritmo frenético con significativas pausas, conversaciones interrumpidas, palabras que sugieren más que dicen, el jardín y las habitaciones como lugares de reunión o de encuentro privado entre los personajes, las expresiones a gritos, dominadas por la neurosis… En ocasiones se nota la presencia de alguna escena algo artificiosa, dramáticamente un poco forzada por la necesidad de recurrir necesariamente a los diálogos para suministrar información al espectador.

José Vanaclocha


martes, 10 de enero de 2017

(2) PASSENGERS, de Morten Tyldum.

EL ARCA DE LOS DURMIENTES

La ciencia-ficción, subsección space opera, ha especulado en numerosas ocasiones con el desafío que implica desplazarse millones de kilómetros a través del cosmos en busca de nuevos planetas que colonizar. Además de las dificultades técnicas y del coste total de la empresa, el reto de superar las barreras del espacio-tiempo, los exiguos límites físicos y psicológicos del ser humano comparados con el vasto e inhóspito escenario galáctico, es de una dificultad extraordinaria. El género ci-fi ha solventado parte del problema profetizando el desarrollo de técnicas de hibernación que permitirán a los viajeros mantenerse en animación suspendida la mayor parte del trayecto. Pero... ¿qué pasaría si esa tecnología fallara? ¿Cómo enfrentarse al inconmensurable vacío sideral estando preso dentro de una fría y aséptica nave espacial a la que no se le puede llamar hogar?




Esta interesante cuestión es el punto de partida de Passengers, primer film estadounidense del noruego Morten Tyldum tras consagrarse internacionalmente como realizador con su interesante Headhunters (2011) y triunfar en la industria británica con The Imitation Game (2014). Un ingeniero se despierta por accidente de su letargo en medio de un crucero interplanetario, sufriendo la soledad y el aburrimiento sabiendo que va a morir de viejo sin llegar a destino. Necesitado de compañía y atraído por una “bella durmiente” que conoce fortuitamente, decide despertarla tras enfrentarse a un complicado dilema: despertar a una compañera para satisfacer las necesidades egoístas o sufrir un amargo destino sin condenar a otra persona a la misma (mala) suerte.

Convendría diferenciar claramente las dos partes de un film que empieza de manera destacable, respetando las esencias del típico relato de ciencia-ficción, pero que acaba asumiendo derroteros sentimentales que perjudican el resultado final. Así pues, careciendo del armazón científico de films de similar temática como Gravity (2013), Interstellar (2014) o Marte (The Martian) (2015), Passengers se centra en la relación afectiva de dos náufragos en medio de la nada, encarnados sin lucimiento por un Chris Pratt y una Jennifer Lawrence sin química. La primera mitad del relato muestra los malogrados esfuerzos del protagonista por poner solución al problema, la lenta pero progresiva aceptación de su situación, su adaptación al contexto y el elevado coste anímico de la soledad, siendo el camarero cibernético del bar ejerciendo de improvisado psicoanalista lo mejor del film. Michael Sheen lo borda.

No obstante, cuando se desarrolla el previsible romance y luego ella descubre que su despertar no ha sido un simple accidente sino que ha sido voluntad de su pareja, comienza una vulgar trama romántica de idas y venidas que acaba súbitamente cuando la nave sufre el colapso debido a gravísimas averías internas, momento en que la narración adquiere ya el típico acento épico que deja atrás la contención anterior. Es entonces cuando el espectador se da cuenta de que esta película no alcanza el nivel de las previamente citadas y se queda en lo que es: un efímero entretenimiento.

Pau Vanaclocha


viernes, 6 de enero de 2017

(3) COMANCHERÍA, de David MacKenzie.

RESCOLDOS DEL VIEJO OESTE

Aunque Comanchería sea el noveno largometraje del británico David MacKenzie, de este realizador solo recuerdo haber visto con agrado Young Adam (2003). Ahora nos sorprende con un western contemporáneo muy entretenido, con una combinación de atracos a mano armada, tiroteos, persecuciones, algunos muertos, el sentido tradicional de la familia y la propiedad... con la presencia de automóviles, pozos de petróleo y explotaciones ganaderas, amenazados todos por una gran inseguridad económica. Estamos en Texas y dos hermanos, enmascarados, se dedican a robar bancos para poder pagar un crédito hipotecario que amenaza con dejarlos en la ruina. Robar a quien roba o el que roba a ladrón...




De nuevo, los representantes de la ley y el orden —Jeff Bridges como un envejecido ranger amenazado con la jubilación— contra los forajidos, pero los tiempos han cambiado y la épica de antaño ha dejado paso al cinismo, a un humor sarcástico y a un dramático proceso de deshumanización. Ha evolucionado el estilo del western clásico al mismo tiempo que la sociedad que lo hacía posible con la ingenuidad de sus mitos. Además de la tecnología, la economía se ha hecho básicamente financiera, los antihéroes se divorcian y, sobre todo, los géneros cinematográficos aparecen mezclados en un inevitable proceso de mestizaje narrativo.

La película ha sido rodada en escenarios naturales, en las praderas desérticas y polvorientas del sudeste de Estados Unidos, el relato adquiere un ritmo frenético y en lugar del maniqueísmo de los años dorados es perceptible ahora una mirada posmoderna, escéptica, capaz de asumir el concepto de "criminalidad redentora", una ambigüedad moral que hace confundir el bien con el mal, la que nos hace dudar hoy en día si los verdaderos "villanos" son los rancheros empobrecidos o las entidades financieras que los esquilmas hasta la miseria.

José Vanaclocha 


miércoles, 4 de enero de 2017

(1) MINE, de Fabio Guaglione y Fabio Resinaro.

SUPERVIVENCIA Y TERAPIA EXTREMA

Abordar una historia con un reparto reducido a la mínima expresión y/o ubicada en una única localización supone todo un desafío. Tiene muchísimos riesgos. Numerosos problemas técnicos y abundantes inconvenientes narrativos. Si te sale bien la jugada, como a Rodrigo Cortés y a Danny Boyle, saboreas las mieles del éxito. Buried (Enterrado) (2010) y 127 horas (2010) siempre serán nombradas como ejemplos modélicos de filigrana fílmica realizada con un ínfimo presupuesto pero mucho talento, independientemente de su posterior rentabilidad en taquilla.

Desgraciadamente, la opera prima de Fabio Guaglione y Fabio Resinaro, conocidos artísticamente con el refinado nombre de Fabio&Fabio, se enfrenta al reto sin alcanzar la destreza de los anteriormente citados, siendo el resultado un discreto relato de supervivencia alargado artificiosamente con burdas tramas sentimentales.




Así, tras una misión fallida, un francotirador del ejército USA pisa una mina terrestre en medio del desierto de Afganistán. Aislado y perdido en mitad de la nada, queda atrapado y amenazado por el explosivo y por los peligros del desierto de arena. Mike deberá sobrevivir a la naturaleza hostil que le rodea, luchando contra el sol abrasador, la deshidratación, el cansancio y los depredadores. Y sobre todo, deberá hacer frente al peligroso efecto psicológico de la soledad mientras permanece inmóvil en la arena.

Posiblemente, en formato más reducido hubiera fecundado un valioso ejercicio de suspense e introspección psicológica, pero su metraje de 111 minutos de duración obliga a sus responsables a la reiteración y a una deriva psicoanalista un tanto chapucera, vinculando la experiencia traumática del protagonista con una apresurado proceso de curación interna. Y es que el soldado ya venía afligido de casa: víctima de malos tratos de un padre autoritario, crisis de pareja por su alergia al compromiso, tendencia a solucionar los conflictos a puñetazos, etc. Material dramático manifestado a través de torpes monólogos, alucinaciones con carga alegórica, diálogos fantasmales con lectura metafísica y constantes flash-backs explicativos que interrumpen la acción.

Lo mejor de Mine, sin duda, es el personaje de Clint Dyer, un bereber con un fino sentido del humor
.

Pau Vanaclocha


(4) FRANTZ, de François Ozon.

REMORDIMIENTO

De la obra teatral El hombre que maté de Maurice Rostand dirigió Ernst Lubitsch una estupenda adaptación, una de sus escasas películas dramáticas, que entre nosotros de titulaba Remordimiento (1932). Se trataba de una producción Paramount, la protagonizaba Lionel Barrymore y la pudimos ver por TVE en sendos pases de 1988 y 1989. Fue un fracaso comercial.

Se estrena ahora una nueva versión a cargo del prolífico y polifacético François Ozon
la película nº 15 que nos llega de este cineasta francés, que ha cambiado el punto de vista narrativo: antes era el soldado galo Adrien quien llevaba el peso del relato y ahora es el personaje de Anna, la novia del joven alemán fallecido en el campo de batalla, Frantz, la que sirve de vehículo para narrar los acontecimientos.




Rodado en tierras de la antigua RDA, mayoritariamente en lengua germana y en formato clásico de 35 mm. para dotar a las imágenes de un mayor realismo, Frantz es un excelente film que utiliza el blanco-negro para acercar esta producción al clima que nos han legado las fotos y el cine de los años de la I Guerra Mundial. Se ahorraba así también el coste extra necesario para la reproducción en color de los decorados y escenarios correspondientes a los años 1910-1920, reservando el cromatismo para expresar los contados momentos en que domina la nostalgia ante el recuerdo de los felices tiempos pasados.

La obra se inscribe en esa corriente pacifista y de confraternización —Sin novedad en el frente (1930),
La gran ilusión (1937), etc.— que siguió a la hecatombe de la Gran Guerra, con millones de muertos, como una clara llamada a  la reconciliación definitiva entre Alemania y Francia más allá de odios y revanchismos —pese a la pervivencia nacionalista expresada en los himnos de uno y otro bando aún después de la contienda—. Pero la subida de Hitler al poder en 1933 conllevó la manipulación interesada de las humillaciones y sufrimientos de los vencidos. 

Gracias a Frantz Paula Beer (Anna) fue premiada como mejor actriz novel en el festival de Venecia 2016 aunque todos los intérpretes hacen espléndidos trabajos. Y el acierto narrativo y el tono comedido de la dirección de François Ozon, con una frialdad calculada para evitar excesos melodramáticos, han logrado un film de una gran hondura psicológica y de una probada honestidad social.

La película presenta dos bloques temporales: el pasado sugerido —la familia feliz, los novios enamorados— y el presente —la constante evocación de la muerte, el dolor y la posibilidad de cierta esperanza en el futuro—, materializando conceptos generalmente usados de forma abstracta como el amor, el sentimiento de culpa o el rencor. De la complejidad del film es buena muestra la acusación hecha a los padres de ser ellos los responsables de mandar a sus hijos al frente en momentos de exaltación patriótica sin pensar en sus trágicas consecuencias. Y tampoco debemos olvidar la función dramática del cuadro de Manet El suicidio, una oportunidad para trascender todos los sentimientos personales negativos aceptando el lado gozoso de la vida.

José Vanaclocha


(3) FRÁGIL EQUILIBRIO, de Guillermo García López.

EL MUNDO, HOY Y MAÑANA

Debut en el largometraje de Guillermo García López, un licenciado en comunicación audiovisual que ha trabajado en publicidad y que ha fundado la productora Sintagma Films, Frágil equilibrio es un documental que utiliza las sabias palabras de José Mujica, ex presidente de Uruguay, como nexo de unión entre los ciudadanos y los problemas de tres continentes distintos: África, Europa y América. Rodado en numerosos lugares del planeta, Frágil equilibrio exterioriza la visión sobre el mundo actual que tiene el sensato y sencillo político uruguayo al mismo tiempo que lanza un discurso sobre la solidaridad con los desheredados, el catastrófico futuro que nos espera si no reaccionamos a tiempo y la necesaria conexión entre gestión económica y valores que es preciso defender.




De esta forma, para ilustrar el análisis de la situación presente y subrayar su gravedad, la película nos muestra tres ejemplos paradigmáticos: dos ejecutivos de Tokio insatisfechos con su estilo de vida, encerrados en el círculo vicioso formado por un trabajo agobiante y un consumismo alienador; un grupo de pobres emigrantes subsaharianos concentrados cerca de Melilla esperando la ocasión para instalarse en una idealizada Europa; y varias familias españolas afectadas por la crisis económica, la burbuja inmobiliaria, la corrupción política, el desempleo y la pérdida de sus viviendas al no poder amortizar sus inflados préstamos hipotecarios.

Frágil equilibrio no sólo es una honesta reflexión socio-económica sino también una mirada filosófica sobre nuestro futuro y nuestra difícil supervivencia, sobre las nefastas consecuencias de la globalización financiera, sobre la verdadera libertad, la soledad y la muerte. El film es un lúcido retrato de la condición humana y de la inevitable lucha por la existencia, mostrando el camino a recorrer, en este caso partiendo de lo individual para llegar a lo general, destacando la importancia de unos valores y principios siempre ligados a la ética. Una lección de humanismo de visión más que recomendable.

José Vanaclocha


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