TRAINSPOTTING 2

Veinte años después, continúan las peripecias del grupo de ya no tan jóvenes heroinómanos de los suburbios de Edimburgo encabezados por Mark Renton.

FENCES

En los años 50, un padre afroamericano lucha contra los prejuicios raciales mientras trata de sacar adelante a su familia en una serie de eventos fundamentales en su vida para él y para los suyos.

RANGOON

Julia es la estrella del espectáculo de un teatro de Mumbai, propiedad de un rico empresario. Allí vive una historia de amor con Nawab, un soldado indio que lucha con los británicos en la II G. M.

ES POR TU BIEN

La peor pesadilla de un padre puede tener: que su hija se empareje con un tipo despreciable. Eso les pasa a tres padres. Así que la única solución es aunar fuerzas para librarse de ellos como sea.

BAJO EL SOL

3 historias de amor ambientadas en Croacia a lo largo de tres décadas. Están conectadas por el hecho de que el amor entre un hombre croata y una mujer serbia está de algún modo prohibido.

CUATRO DÍAS, CUATRO NOCHES

Una mañana Pierre deja a Paul. Decide atravesar Francia sin destino preciso. Pierre utiliza Grindr, una aplicación para ligar. Pero Paul también recurre a ella para seguir a Pierre.

PSICONAUTAS: LOS NIÑOS OLVIDADOS

La historia de Birdboy y Dinki, dos exploradores que buscan un lugar mejor en el que vivir, pues la isla donde viven ya no es lo que era debido a un accidente industrial.

jueves, 23 de febrero de 2017

(3) JACKIE, de Pablo Larraín.

LA VIUDA DEL PRESIDENTE

El séptimo largometraje de Pablo Larraín (Santiago de Chile, 1976), tras las interesantes El club (2015) y Pablo Neruda (2016), podría parecer un biopic tradicional pero se aparta por completo de las películas que sólo se dedican a exaltar las virtudes humanas y los méritos profesionales de las figuras sometidas a examen. Exhibido en los festivales de Venecia y de Toronto, el film tiene como protagonista a Jacqueline Kennedy que, en noviembre de 1963, se convirtió en la viuda del presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, asesinado en Dallas (Texas) con dos certeros disparos de fusil.




Jackie sólo tenía 34 años y era tan popular, elegante y sofisticada como reservada y discreta en su vida privada. Pablo Larraín centra su atención en los tres días que anteceden y siguen al magnicidio, con una serie de flashbacks que abarcan desde el viaje presidencial al estado sureño hasta el solemne funeral.

Ella, encarnada por una excelente Natalie Portman, es el eje del relato y el espectador asiste a su dolor, al horror del sangriento atentado, a sus dudas y sentimientos de culpa, siempre rodeada de funcionarios y de su familia, especialmente su cuñado Bob Kennedy y sus hijos.

Jackie es un film profundamente dramático que aborda con rigor la personalidad de la viuda así como los ritos y ceremonias habituales en la Casa Blanca sin olvidar alguna referencia a las rutinarias costumbres de cada día. Un montaje libre y poco convencional, con fragmentos de su vida, lugares visitados y pensamientos de la protagonista, confieren al relato un tono serio y riguroso que nos revela la rica personalidad y las trágicas circunstancias que enmarcaron la trayectoria de la admirada pareja presidencial.

José Vanaclocha


 

(3) HEDI, UN VIENTO DE LIBERTAD, de Mohamed Ben Attia.

TÚNEZ: ENTRE LA TRADICIÓN Y LA MODERNIDAD

Premiado en el festival de Berlín —mejor opera  prima y mejor actor—, el primer largometraje de Mohamed Ben Attia retrata con gran precisión el contexto socio-económico y la situación personal de muchos ciudadanos del Túnez posterior a la “Primavera árabe” que propició unas elecciones democráticas, despertando unas esperanzas que no han llegado a materializarse plenamente, en gran medida por la crisis económica provocada por la retirada del turismo, temeroso de los atentados islamistas.




El relato se canaliza a través de Hedi, el protagonista, un joven de 25 años que es agente comercial de los coches Peugeot pero que contempla su futuro con preocupación. Una relación amorosa casual, plena y libre, le impulsa a abandonar su pasividad conformista tras comprender la necesidad de cambiar de vida tomando importantes decisiones.

El muchacho vive atrapado entre dos mundos opuestos: la mezquita y una familia tradicional con una madre autoritaria que ha concertado su próxima boda, por una parte, y la emigración a Francia para amar sin ataduras y desarrollar profesionalmente su vocación de dibujante de historietas, por otra. Esta esquizofrenia, la duda entre dos opciones vitales incompatibles, es tanto la del país tunecino como la de individuos como Hedi, con los problemas que plantea la asunción de una nueva cultura y de costumbres diferentes.

Relato sobrio y directo, lleno de complejos matices y de sutiles observaciones, el film contó con el asesoramiento de dos excelentes cineastas como son los hermanos Luc y Jean-Pierre Dardenne. No resulta extraño, pues, que el ambiente agobiante aquí mostrado y las dificultades para librarse del mismo me hayan hecho recordar dos magníficas películas españolas de similares planteamientos: Calle Mayor (Juan A. Bardem, 1956) y Nueve cartas a Berta (Basilio M. Patino, 1965).

José Vanaclocha


REPASO AL MEJOR CINE ESPAÑOL (II)

PELÍCULAS ESPAÑOLAS (2) (1971/1990)

11.- El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973). 
A la chita callando, sin la menor sospecha de que se estuviera cociendo algo importante, esta hermosa película irrumpió en las pantallas, enamoró a la crítica de todo el mundo, también a un importante sector del público en el que me incluyo y empezó a cosechar premios: mejor película en San Sebastián la primera Concha de Oro a una película española, después de 20 ediciones, el Hugo de plata en el Festival de Chicago y 5 medallas del Círculo de escritores cinematográficos: película, director, actor —un inconmensurable Fernando Fernán Gómez, fotografía y música.

Fotografía y Música, sí, porque en esta joya cinematográfica vuelven a darse cita las tres personas que acompañaban a Saura en La caza (1966): El productor, Elías Querejeta y los dos Luises: Cuadrado tras la cámara y de Pablo con otra inspirada banda sonora. En la crónica de la película de Saura debía haber citado a otra persona clave en la consecución del resultado: Pablo G. del Amo, responsable también del montaje de esta maravilla. Sospecho que se nota mi admiración por el film de Erice: hermosa película, joya cinematográfica, maravilla… aún se me escapará algún ditirambo más antes de terminar.




Querejeta ya le había echado el ojo a Erice cuando estaba finalizando su paso por el IIEC y lo eligió, junto a otros dos alumnos, José Luís Egea y el malogrado Claudio Guerín para rodar una película compuesta de tres capítulos, Los desafíos (1969). Obtuvo la Concha de plata en San Sebastián. Aquí estaba presente ya el póquer de ases —Querejeta, Cuadrado, de Pablo y del Amo— a los que se sumó en la dirección y en la confección de los guiones el más grande de los cineastas españoles: Rafael Azcona. Bueno, quizás el más grande sea Buñuel. ¡Otro Luís!

Erice y Ángel Fernández Santos firman el guión de El espíritu de la colmena. Sin haberlo leído, me atrevo a afirmar que su lectura no provocará en el lector el impacto que causa la película. Es la sensibilidad de Erice, con la ayuda de los dos Luises y de los actores, sobre todo las niñas Ana Torrent e Isabel Tellería, los factores que imprimen al film ese aura onírica, hipnótica. La mirada de Ana Torrent es mágica.

No voy a contar nada, porque sería muy difícil explicar esa magia. Véanla. Y si ya la conocen, vuelvan a verla. Y luego, otra vez.
 
De nuevo la cronología forja casualidades: la siguiente película cuenta también con el póquer de ases. O a lo mejor no es casualidad. A lo mejor para hacer buen cine en los 70 había que pasar por Querejeta.  Y por donde andaba Querejeta, andaban los otros tres.

12.- Habla, mudita (Manuel Gutiérrez Aragón, 1973). 
También una casualidad hizo que Gutiérrez Aragón estudiara cine y gracias a ello hemos podido disfrutar de películas tan excepcionales como Camada negra (1977), Sonámbulos (1978), El corazón del bosque (1979), Demonios en el jardín (1982), La noche más hermosa  (1984) o La mitad del cielo (1986), por citar solo media docena de las 21 —en general, notabilísimas— que lleva rodadas hasta 2010.

Gutiérrez Aragón llegó a Madrid desde su cántabra Torrelavega, para estudiar periodismo, pero estaba completo el cupo y se matriculó en dirección y guión en la Escuela Oficial de Cine. Su vocación era literaria. Se graduó en el 70, hizo tres o cuatro cortos antes de volver a su tierra para emprender el rodaje de su opera prima y para que Luís Cuadrado pudiera lucirse recreando los bellos paisajes donde se desarrolla esta dura historia, en los bosques que rodean las aldeas de Bores y Bejes.

Luís de Pablo buscó en esta ocasión la colaboración de otro músico de reconocido talento: Franz Schubert.

Gutiérrez Aragón y José Luís García Sánchez escribieron este sórdido guión: Don Ramiro, otro impresionante trabajo de José Luís López Vázquez, está de vacaciones por Cantabria con su familia, encuentra por azar a la mudita del título —estupenda Kiti Mánver, que consigue parecer una niña de 13 ó 14 años, a los 20 cumplidos— e intenta hacerla hablar. No sabemos cuál es su actividad profesional, solo le vemos grabar con un magnetofón el canto de los pájaros. La niña está absolutamente asilvestrada y el trabajo del logopeda amateur, como pasaba con Anna Sullivan, la va domesticando. Hasta se empieza a preocupar por su aspecto físico. Pero en el pueblo y también la familia de don Ramiro, no ven esa relación con buenos ojos. La mudita tiene un hermano mayor —interpretado por Paco Algora— también mudo, al que un día se le cruzan los cables y viola a la chiquilla. La madre y la abuela de los mudos, la familia de don Ramiro y todo el pueblo están convencidos de que ha sido el pobre profesor el autor del desaguisado y la cosa acaba como el rosario de la aurora.
  
La trayectoria de Gutiérrez Aragón, hasta ayer como quien dice, es de lo más interesante. Ha escrito los guiones de todas sus películas, en solitario o en colaboración con sus amigos y a su vez ha prestado su ayuda en los guiones de los films de aquéllos (Las truchas, José Luís García Sánchez, 1974; Furtivos, José Luís Borau, 1975; Las largas vacaciones del 36, Jaime Camino, 1976; Jarrapellejos, Antonio Giménez-Rico, 1987…)
 
Frecuentes incursiones en el teatro, como autor y como director, desde 1979.
 
Y en 2009 publica su primera novela La vida antes de marzo, que es galardonada con el prestigioso premio Herralde. En 2012 publica su segunda obra, Gloria mía.

En 2015 ingresa en la Real Academia Española, ocupando el sillón F, en el que se sentaba José Luís Sampedro. Hace un año, el 24 de enero de 2016, leyó su discurso de ingreso titulado En busca de la escritura fílmica, de lectura muy recomendable, así como el que pronunció a continuación José María Merino para darle la bienvenida a la docta casa.

13.- Furtivos (José Luis Borau, 1975).
Aunque Borau nunca ha admitido que su guión, escrito con Gutiérrez Aragón, tuviera como objetivo ofrecer una metáfora de las dos Españas en las figuras de esos dos hermanos de leche, el gobernador y el alimañero, tampoco ha puesto objeciones a las opiniones publicadas apuntando en esa dirección. Aunque me da la impresión de que Borau no debía ser muy amigo de meterse en polémicas. Solo una vez le vi cabreado, en la XII edición de la entrega de los Goya, en 1998, con motivo del último asesinato de ETA. El era a la sazón Presidente de la Academia. Rocío García lo contaba así en El País: José Luís Borau eligió ayer el color blanco para pintar sus manos. Fue su gesto de repulsa ante el asesinato del concejal sevillano del PP, Alberto Giménez Becerril y su esposa. El Presidente de la Academia de cine cambió las palabras que tenía preparadas y su eterna bonhomía se quebró. “Nadie, nunca, jamás, en ninguna circunstancia, bajo ninguna ideología ni creencia, nadie puede matar a un hombre” y entonces mostró sus manos blancas.

A mí, al ver Furtivos, como me pasó viendo por primera vez La caza, con la que guarda no pocas concordancias, no me hizo falta buscar metáforas ni segundas intenciones más allá de lo que muestran las imágenes. Una lectura directa de la historia te pone el corazón en un puño y te deja hecho polvo hasta mucho después de terminar la proyección, gracias en buena parte a las acojonantes interpretaciones de Lola Gaos y Ovidi Montllor.

Furtivos es la mejor película de las 11 que dirigió Borau, aunque todas ellas tienen un nivel de calidad muy por encima de la media. Su trayectoria es parecidísima a la de Gutiérrez Aragón. Ambos ocuparon cargos públicos en el área cultural, acabaron consagrándose como escritores y siendo miembros de la Real Academia. Borau leyó el 16 de noviembre de 2008 su discurso de ingreso, El cine en nuestro lenguaje; si decía antes que la lectura del discurso de ingreso de Gutiérrez Aragón era recomendable, ahora digo que la de este es imprescindible; he disfrutado como un enano con las cuarenta y dos páginas de la clase magistral que constituye la pieza de Borau. Procurad leerlo porque además es divertidísimo. Le dio la bienvenida Mario Vargas LLosa y ocupó el sillón B, en el que se sentaba, hasta su muerte, Fernando Fernán Gómez.
 
14.- Arrebato (Iván Zulueta, 1979).
Controvertido personaje, este Iván Zulueta, en su partida de nacimiento Juan Ricardo Miguel. Y es que en 1943 no podía uno registrar a su hijo con un nombre tan ruso como Iván.

Su familia gozaba de las rentas que le proporcionaban acciones de azucareras cubanas. Su padre, abogado que nunca ejerció como tal, dirigió varios años el Festival de cine donostiarra.

Iván se fue a Madrid a los 17 años. Acababa de crearse el Centro Español de Nuevas Profesiones y se matriculó en decoración. Finalizados los estudios, en 1963 se embarca en un mercante y se va a Nueva York. Allí, mientras estudia pintura al óleo y dibujo publicitario, se introduce en el ambiente artístico y traba amistad con gente del cine como Jonas Mekas o John Cassavetes.

De regreso a España ingresa en la EOC, donde tiene como profesor de guión a Borau, cuya influencia y amistad le acompañarían hasta su muerte en el 2009. No logra graduarse como director y su primer largo, un alocado musical a lo Richard Lester titulado Un, dos, tres, al escondite inglés (1969) se estrena firmado por Borau, que lo produjo con su recién creada compañía, El Imán. Rodó 18 cortos y dirigió programas de TV. Su segundo y último largo fue Arrebato.

Cartelista de estilo personalísimo, inconfundible, tiene en su haber carteles cinematográficos tan estupendos como los primeros films de Almodóvar, algunos de Gutiérrez Aragón —Camada negra, El corazón del bosque— Borau —Furtivos— Buñuel —Viridiana, Simón del desierto— o los de sus dos películas.

Arrebato se ha convertido en una obra de culto, sin dejar de ser un film maldito. Yo opino, opinión compartida por algunos críticos, que estamos ante un film de terror, nacido del gran amor que su autor profesa al cine y su afición a la heroína. El subgénero, dentro del terror, sería el cine de vampiros. Es la cámara la que les chupa la sangre a ambos protagonistas. 

Muy estimable interpretación de todo el elenco, con uno de los mejores trabajos de Eusebio Poncela y un co-protagonista Will More, que merece que nos detengamos un poco para hablar de él. Yo creía que era anglosajón, pero resulta que, como Zulueta, forma parte de una acaudalada familia de San Sebastián y su nombre es, atención, Joaquín Alonso Colmenares-Navascúes García-Loygorri de los Ríos. Padre militar, el cual llegó a general, y madre riquísima. Joaquín y su hermana gemela tomaron parte activa en la movida madrileña. Mari Carmen se unió sentimentalmente —me encanta este eufemismo— al cantante Antonio Vega y él, que había trabado amistad con Zulueta, interpretó varios de sus cortos antes de encarnar su difícil papel en Arrebato.

Bien también las chicas, Cecilia Roth y Marta Fernández Muro.

15.- El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1979).
A juzgar por las películas que vengo analizando, puede dar la impresión de que padezco una enfermiza afición al tremendismo, pero juro que no es así. A veces los hechos y la cronología se aúnan para que pasen estas cosas. La elección, en función exclusivamente de sus méritos, ha encadenado esta serie de películas durísimas. A continuación abandonaremos esta sórdida ciénaga en que nos hemos metido. Por lo menos en tres de ellas.

El crimen de Cuenca cuenta la historia de un error judicial, a través de los hechos ocurridos en 1910 en las localidades conquenses de Osa de la Vega y Tresjuncos. Un pastor oriundo de la primera desaparece el 21 de agosto en el trayecto entre ambas. La madre acusa a dos compañeros suyos de haberle asesinado para robarle el importe de la venta de  unas ovejas. Son detenidos y aunque proclaman su inocencia, tras ser torturados brutalmente por la Guardia Civil, acaban confesando. Pena de muerte, conmutada por una larga condena. En 1924 salen en libertad condicional y dos años después aparece el pastor, vivito y coleando, en un pueblo vecino.

Esta es, en síntesis, la historia que nos cuenta el guión de Lola Salvador, convertido después en novela que, como la película, consigue un gran éxito. Pilar Miró dirige con pulso firme y muestra con brutal realismo las torturas a las que son sometidos los acusados, tan insoportables como para llevarles a confesar un crimen inexistente.

Precisamente esa crudeza de Pilar Miró al denunciar esa brutalidad de la Guardia Civil hizo que las presiones de los estamentos militares sobre el gobierno de UCD fueran de tal magnitud que Ricardo de la Cierva, ministro de cultura, confiscó la película y la puso a disposición de la autoridad —militar, por supuesto— a pesar de que la censura había sido abolida en el año 77. El secuestro duró año y medio y la película no se estrenó hasta 1981. Pilar Miró fue procesada por un tribunal —militar, por supuesto—.
 
El estreno dilatado, los motivos del retraso y el revuelo que se montó, lo único que provocaron fue que la película gozara de un exitazo en taquilla que a buen seguro no hubiera obtenido de haberse estrenado sin más dos años antes.
 
En cuanto a la carrera de Pilar Miró como directora de cine, teatro, TV, guionista, profesora en la EOC o Directora General de RTVE y su prematura muerte es suficientemente conocida como para que nos extendamos en hablar de ella.
 
De las 10 películas que tuvo tiempo de dirigir, yo me quedo con tres: El crimen de Cuenca, Gary Cooper que estás en los cielos (1981) y El perro del hortelano (1996).
 
16.- Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (Pedro Almodóvar, 1980).
Mi interés por el cine del director manchego es inversamente proporcional a su fecha de estreno, con una excepción: Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) la subiría hasta el cuarto puesto, tras Entre tinieblas (1983). Cuando empiezan a llegarle los reconocimientos internacionales a mí ya me interesa más bien poquito. Hubo un tiempo en que consiguió irritarme y desde hace unos años, no voy a ver sus películas. Miento: Julieta sí que la he visto, porque me picó la curiosidad al ser seleccionada como candidata al oscar, pero desgraciadamente, salvo el impresionante trabajo de Rossy de Palma, no me gustó nada porque, como le pasa a Carlos Boyero, no me la creo.


Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón es, probablemente, la más chapucera de todas las películas de Almodóvar y la que más me gusta. La he vuelto a ver ahora y sigo encontrándola refrescante, ácrata, revulsiva, divertidísima. No ha perdido ni un ápice de su frescura. El espíritu de La Movida, que tan manoseado fue con mayor o menor fortuna, por los directores veteranos y por los que empezaban entonces sus carreras, está aquí retratado con descaro por alguien que la conocía bien porque estaba inmerso hasta las trancas en ese Madrid nocturno de los 80.

Las andanzas de esas tres mujeres, —Pepi/Carmen Maura, con sus plantas de maría en la terraza, Luci/Eva Siva, una masoquista casada con un policía facha y violador y Bom/Alaska, casi una niña que canta en un grupo de rock, Alaska acababa de cumplir 17 años— constituyen la trama, si es que se puede llamar así. Es la excusa que utiliza Almodóvar para hilvanar una sarta de burradas, políticamente incorrectas, o más bien incorrectas, a secas. Ahora sería impensable que alguien se planteara rodar algo como esta película y esto vale también para sus dos siguientes largos: Laberinto de pasiones (1982) y Entre tinieblas (1983), el primero repitiendo el escenario de la movida madrileña y el segundo introduciéndonos en un divertido convento con monjas drogatas y una mascota poco común: una pantera.

Volviendo a
Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón os recomiendo la lectura del argumento tal y como lo resume wikipedia en la página dedicada al film. Son 20 líneas, pero os darán una idea cabal de la película y de mis comentarios.
 
También circula por la red un artículo de Weldon Penderton en la edición española de la revista Vanity Fair del 7 de septiembre del año pasado en el que ordena los 20 largometrajes rodados por el manchego de peor a mejor, según su criterio, a años luz del mío, que merece la pena leer porque sus veinte breves comentarios a las películas son divertidos, aunque disintamos de sus opiniones.
   
17.- Los santos inocentes (Mario Camus, 1984).
Aunque Camus no ha gozado nunca entre los críticos de la consideración que brindan a directores como Saura, Bardem o Berlanga es un gran realizador, con cerca de cuarenta películas en su haber, desde que en 1963 irrumpió en el panorama cinematográfico español con dos films muy estimables, Los farsantes (1963) y Young Sánchez (1964), según guión de Ignacio Aldecoa.
 
Es cierto que entre esos cuarenta títulos hay cine alimenticio que incluye tres películas al servicio del cantante Raphael y otra al de Sara Montiel, pero también excelentes films adaptando obras de Ignacio Aldecoa, (Con el viento solano, Los pájaros de Baden-Baden) Camilo José Cela (La colmena) García Lorca (La casa de Bernarda Alba) o Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios), y para la televisión, Pérez Galdós (Fortunata y Jacinta), Arturo Barea (La forja de un rebelde), entre otros.

Esta que nos ocupa, adaptación de la obra homónima de Miguel Delibes, fue acogida favorablemente por la crítica y también por el público desde su estreno, recaudando más de 500 millones en taquilla, cifra record del cine español.

Entre sus muchos méritos destaca la labor de los actores, sobresaliente en los personajes secundarios —Agustín González, Juan Diego, Terele Pávez— y matrícula de honor en los dos protagonistas, Alfredo Landa y Paco Rabal, que se pasaron una temporada recogiendo premios a la mejor interpretación en festivales, organismos y revistas especializadas: Cannes, Nueva York (Premios ACE), Círculo de escritores cinematográficos, Fotogramas…

Delibes se mostró satisfecho con el resultado, más sin duda que en otras adaptaciones de sus obras, nueve en total entre las que destacan:
- El camino (Novela homónima. Ana Mariscal, 1963)
- Retrato de familia (Adaptación de Mi idolatrado hijo Sisí. Antonio Giménez- Rico, 1976)
- La guerra de papá (Adaptación de El príncipe destronado. Antonio Mercero, 1977)
- El disputado voto del señor Cayo (Novela homónima. Antonio Giménez-Rico, 1986)

En general no fue maltratado por el séptimo arte, como Marsé u otros.

Los santos inocentes es suficientemente conocida como para entretenernos haciendo una sinopsis, pero sí quiero terminar con una confesión: cuando Paco Rabal le pasa la cuerda por el cuello al hijoputa del señorito Iván/Juan Diego y jala de ella hasta que deja de patalear, yo estaba tirando de aquella cuerda desde mi butaca con la misma fuerza que Azarías encaramado al olivo. ¡Y eso que presumo de ser enemigo de todo tipo de  violencia! Obra maestra.

18.- El año de las luces (Fernando Trueba, 1986).
Naturalmente, a la hora de elegir una obra del mayor de los Trueba pensé en Belle Époque (1992), pero excede en dos años nuestro campo de acción. Después escogí El sueño del mono loco (1989), interesante y extraño experimento injustamente olvidado, pero sería añadir una película incómoda, así que me decido por este simpático film, que es un precedente de lo que sería seis años después Belle Époque, con el mismo actor —Jorge Sanz— para interpretar al salido protagonista, con seis añitos menos. Un chavalín.

Debo aclarar que mi primera intención fue Ópera prima (1980), de la que guardaba un buen recuerdo, pero al volver a verla se me cayó un poco del pedestal en que la memoria me la había colocado. No está mal, pero yo creí que era mucho mejor, pensé que había nacido un Woody Allen español,  no sé si me explico. Luego hemos visto que Trueba, salvando las distancias, es en todo caso nuestro Billy Wilder, que tampoco está nada mal. Mejor, incluso. Me pasa con frecuencia con películas que vuelvo a ver o novelas que releo después de mucho tiempo. Naturalmente, ellas son las mismas, el que ha cambiado soy yo.

Volvemos a encontrarnos con el gran Rafael Azcona, primera colaboración con Trueba que se repetiría después en las dos mejores obras del director: Belle Époque y La niña de tus ojos (1998).
 
Aquí nos cuentan el paso de un quinceañero y su hermano pequeño por una estación preventorial, una especie de sanatorio franquista para niños algo enfermos, generalmente afectados de una incipiente tuberculosis, frecuente en los primeros años de posguerra. Un pariente falangista, puede que un hermano mayor aunque no lo recuerdo pero seguro que era Santiago Ramos, los mete allí con el turno ya comenzado, gracias a su amistad con la directora. Al final viene  a llevarse a Jorge Sanz antes de que acabe porque el chaval ha revolucionado el cotarro con su encoñamiento por una joven y guapísima sirvienta. Menos mal, porque el angelito corre peligro de enfermar de verdad: en el corto tiempo transcurrido desde su llegada, pajas aparte, se ha estado picando a una enfermera, a la directora y por fin a una criadita, de la que se enamora nada platónicamente y es correspondido. ¿Veis la similitud con Belle Époque?

Hay que hacer constar que a la directora del preventorio, que no se quita el uniforme falangista ni para follar, la interpreta una estupenda Verónica Forqué —Goya a la mejor actriz de reparto— y a la joven criada una debutante Maribel Verdú, guapísima, y me quedo en guapísima para no incurrir en un delito, porque la niña tenía entonces 16 años. Fue nominada a mejor actriz en los premios de la revista Fotogramas. Como actriz y como señora imponente, ocupa en mi ranking de las españolas el número uno. La siguen de cerca Ángela Molina y Victoria Abril, pero Maribel, en cuanto a sex appeal, está madurando mejor. Continúa fascinándome ahora, cumplidos los 46.

La parte venérea de la trama está bien, la mala leche que proporciona al guión Azcona, mejor; yo me quedo con el personaje que interpreta Manuel Alexandre, el encargado de mantenimiento, un libertario que ha vivido en Francia y que le da sabios consejos al muchacho. También podemos considerar este personaje como una precuela del de Fernán Gómez en Belle Époque. Chus Lampreave y Rafaela Aparicio fantásticas haciendo de Chus Lampreave y Rafaela Aparicio.

Oso de Plata en el festival de Berlín. Nominaciones a los Goya y a  los fotogramas de plata para Jorge Sanz y Chus Lampreave.

19.- Remando al viento (Gonzalo Suárez, 1988).
Antes de decidirme por este espléndido film, estuve barajando otras películas que se han quedado desgraciadamente en el tintero, porque  desde el principio quisimos ponernos un tope de veinte títulos. Autores como: Pedro Olea (Tormento, 1974),  Jaime Camino (Las largas vaciones del 36, 1976), Antonio Gimenez-Rico (Retrato de familia, 1976), José Luís Garci (Asignatura pendiente, 1977), Bigas Luna (Bilbao, 1978), Ricardo Franco (Los restos del naufragio, 1978), Imanol Uribe (La fuga de Segovia, 1981), Moncho Armendáriz (Tasio, 1984) o Vicente Aranda (Fanny Pelopaja, 1984), todos ellos dignos de aparecer en cualquier lista entre las mejores películas españolas. Les incluiremos en la relación de títulos relevantes, con otros dignos de mención anteriores al 90.

Si me he decantado por Remando al viento ha sido más por la personalidad del autor y porque me apetecía mucho escribir sobre él.

Me hice fan del Gonzalo Suárez escritor antes que del cineasta, cuando vi De cuerpo presente (1967), la película de Antonio Eceiza, adaptación de la opera prima de Gonzalo Suárez. Aunque el film era un tanto irregular, me provocó una necesidad tremenda de leer la novela. Para cuando vi Morbo (1971), ya me había leído De cuerpo presente, Los once y uno, Trece veces trece, El roedor de Fortimbrás… y esperaba la aparición de nuevas obras con auténtico mono. Solo me ha vuelto a pasar algo parecido con Enrique Vila-Matas.

Aunque ya no es obsesiva, mi afición por el cine y por la literatura de Gonzalo Suárez persiste. Me llevé un disgusto cuando dejó de publicar artículos engañosamente deportivos en El País con su seudónimo de toda la vida, Martín Girard.

Un periodista al que admiro, Enric González, le hizo una larga entrevista para Jot Down en 2012. Vale la pena perder media hora en su lectura, divertidísima, porque da un exhaustivo repaso a su novelesca vida que a ratos parece una de sus obras literarias más demenciales. Por ahí desfilan el editor Luís de Caralt, el poeta Claudio Rodríguez, el dictador cubano Fulgencio Batista, el entrenador de fútbol Helenio Herrera, que fue su padrastro, Julio Cortázar, Sam Peckinpah… una verdadera gozada.

Bueno, tendré que decir algo de Remando al viento ¿no? Gonzalo Suárez pone en imágenes un guión propio, enormemente romántico y ocasionalmente gótico, con una extraordinaria ambientación, una fabulosa fotografía de Carlos Suárez y una interpretación aceptable de los actores extranjeros y magnífica, como siempre, de José Luís Gómez.
 
Nos cuenta episodios de la vida de Shelley, Byron, Polidori —su médico—  y sobre todo de Mary Shelley, que en una noche de tormenta que les retiene encerrados en la mansión de Byron cerca de Ginebra, Villa Diodati, propone para pasar la velada que cada uno de ellos escriba un relato de terror. De ahí surgió Frankenstein, el moderno Prometeo. Esta criatura, interpretada por un actor poco o nada conocido, José Carlos Rivas, es otro personaje importante en la historia. Cada aparición suya provoca la muerte de algún personaje. Primero se ahorca Polidori, luego se ahoga en el lago William, el hijo de los Shelley, después el propio Shelley y la película termina con Byron marchando a la guerra a Grecia, donde sabemos que encontró la muerte.

Premio Sant Jordi a la mejor película española 1988. Trece nominaciones a los Goya y recogió 6 cabezones: Mejor director, fotografía, dirección artística, dirección de producción, vestuario y maquillaje/peluquería.

y 20.- Amanece, que no es poco (José Luís Cuerda, 1989).
No podíamos acabar mejor este repaso por cuatro décadas de cine español. Como los buenos vinos, esta surrealista historia mejora con los años. Quizás sea una de las películas españolas que más veces he visto. Todos los años me la paso 3 ó 4 veces. Sé de memoria lo que va a ocurrir y lo que van a decir los personajes, pero sigo disfrutando y divirtiéndome, ahora más que la primera vez. Veo cómo se acerca Miguel Rellán a los que están en primer plano y ya me estoy riendo, porque sé que va a decir “Pues yo creo… que me voy a sacar la chorra” u oír a Gabino Diego, con su español de guiri, “Este alcalde nos “touca” las pelotas”; exclamar a Alberto Bové, “Señor alcalde, todos somos necesarios, pero usted es contingente”; o a  José Sazartonil recriminar a Luís Ciges “¿Pero no ve que si se muere usted sin confesar ese pecado tan gordo, se va al infierno de cabeza, alma de cántaro?
o su forma de pronunciar Faulkner; o el pobre hombre/árbol Ferrán Rañé, desarraigado prematuramente por una ansiosa Pastora Vega, que repite una y otra vez a quien quiera escucharle “ahora, mira: ¡cojito para toda la vida!”.
 
José Luís Cuerda empezó a rodar para la gran pantalla (Pares y nones, 1982) tras un buen aprendizaje en RTVE. En 1985 filma para la TV la que puede considerarse la primera parte de su trilogía surrealista, Total, una hora escasa, rodada en 16 mm. Con un reparto coral similar al de Amanece, que no es poco. La tercera y última, de momento es Así en el cielo como en la tierra (1995). 

En 1987 Rafael Azcona adapta El bosque animado, la novela de Wenceslao Fernández Flórez, y Cuerda la dirige con buen pulso y una extraordinaria interpretación de Alfredo Landa, dando vida a un patético y divertidísimo bandido Fendetestas. 

Retomó la colaboración con Azcona en 1999 para escribir el guión de La lengua de las mariposas (1999) junto a Manuel Rivas, autor de los relatos en que está inspirada y en 2008 para Los girasoles ciegos, según la novela de Alberto Méndez. Fue el último trabajo de Azcona. Ese mismo año, a los 80, lo mató un cáncer de pulmón, pero aún contó con un estreno póstumo: José Luís García Sánchez y David Trueba revisaron el guión de una novela suya, Los muertos no se tocan, nene, que la censura había prohibido en el franquismo y lo dirigió el primero en 2011. No está mal, pero García Sánchez no es Ferreri ni Berlanga. Pasó sin pena ni gloria.

Aunque en este comentario me he salido de nuestro campo cronológico, quería acabar rindiendo un sentido homenaje al mejor cineasta español de todos los tiempos. Bueno, vale: con permiso de don Luís Buñuel.

Otros títulos relevantes

Basilio Martín Patino
Canciones para después de una guerra (1971)
Queridísimos verdugos (1977)
 
Carlos Saura
Ana y los lobos (1972)
Mi prima Angélica (1973)
Cría cuervos… (1976)
Elisa, vida mía (1977)
Mamá cumple 100 años (1979)
Deprisa, deprisa (1981)
¡Ay, Carmela! (1990)
 
Gonzalo Suárez
Morbo (1972) 
La regenta (1974)
Reina zanahoria
(1977)
Parranda (1977)
Epílogo (1984)
 
Vicente Aranda
La novia ensangrentada (1972)
Cambio de sexo (1977)
Fanny Pelopaja (1984)
Tiempo de silencio (1986)
 
Luís García Berlanga
Tamaño natural (1973)
La escopeta nacional (1978)
Patrimonio nacional (1981)
Nacional III (1982)
La vaquilla (1985)
 
Pedro Olea
No es bueno que el hombre este solo (1973)
Tormento (1974)
Pim, pam, pum… ¡Fuego! (1975)
Un hombre llamado Flor de otoño (1978)
 
Jaime Chávarri
Los viajes escolares (1974)
El desencanto (1976)
A un Dios desconocido (1977)
Bearn o la sala de muñecas (1983)
Las bicicletas son para el verano (1984)
Las cosas del querer (1989)
 
Mario Camus
Los pájaros de Baden-Baden (1975)
La colmena (1982)
La casa de Bernarda Alba (1987)
 
Jaime Camino
Las largas vacaciones del 36 (1976)
Dragon Rapide (1986)
 
Antonio Giménez-Rico
Retrato de familia (1976)
El disputado voto del señor Cayo (1986)
 
Ricardo Franco
Pascual Duarte (1976)
Los restos del naufragio (1978)
 
Juan Antonio Bardem
El puente (1977)
7 días de Enero (1979)
 
Fernando Fernán Gómez
¡Bruja, más que bruja!
(1977)
Mi hija Hildegart (1977)
Cinco tenedores (1980)
Mambrú se fue a la guerra
(1986)
El viaje a ninguna parte (1986)
 
Miguel Picazo
Los claros motivos del deseo (1977)
El hombre que supo amar (1978)
Extramuros (1985)
 
Fernando Colomo
Tigres de papel (1977)
¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? (1978)
La vida alegre (1987)
Bajarse al moro (1988)
 
Manuel Gutiérrez Aragón
Camada negra (1977)
Sonámbulos (1978)
El corazón del bosque (1979)
Demonios en el jardín (1982)
La mitad del cielo (1986)
 
Bigas Luna
Bilbao (1978)
Caniche (1979)
Las edades de Lulú (1990)
 
José Luís Garci
Las verdes praderas (1979)
El crack (1981)
Volver a empezar (1982)
 
Imanol Uribe
El proceso de Burgos (1979)
La fuga de Segovia (1981)
La muerte de Miquel (1983)
 
Fernando Trueba
Opera prima (1980)
El sueño del mono loco (1989)
 
Pilar Miró
Gary Cooper, que estás en los cielos (1981) 
Werther (1986)
 
Pedro Almodóvar
Laberinto de pasiones (1982)
Entre tinieblas (1983)
Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)
 
José Luís Cuerda
El bosque animado (1987)                    

Alfredo

martes, 21 de febrero de 2017

(1) MANUAL DE UN TACAÑO, de Fred Cavayé.

EL AVARO

De la comedia de Molière El avaro (1668) pudieron verse dos adaptaciones cinematográficas: la de Jean Girault (1980) con Louis de Funés y la de Tonino Cervi (1990) con Alberto Sordi. El discreto realizador galo Fred Cavayé ha realizado una versión muy libre y actualizada de la figura arquetípica de Harpagon, encomendado el papel al actor Dany Boon con la vista exclusivamente puesta en la taquilla, utilizando rebuscados gags y diversas peripecias sentimentales para llegar a un redentor final feliz combinando la diversión con las emociones gratificantes.



La obra original de Molière tenía una intención satírica y ejemplarizante pero hoy en día ha perdido gran parte de su función didáctica en unos tiempos dominados por un consumismo irracional y un derroche incontrolado, aunque pudo tener vigencia hasta hace unas décadas, como acredita el empleo de diversos refranes populares en ambientes campesinos empobrecidos de la posguerra civil: Qui no guarda quan té, no menja quan vol, Estirar més el braç que la mànega o Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar.

En esta película el protagonista François Gautier se nos presenta con rasgos muy caricaturizados, con una exagerada austeridad, un fuerte egoísmo y una total falta de empatía hacia los demás. Soltero y sin amigos pero con una buena cuenta corriente en el banco, este violinista de una orquesta de provincias es víctima de una patología psicológica de la que no nos explican las causas. El portador de esta enfermedad ligada al ridículo y a una desmedida codicia puede curarse, no obstante, a base de racionalidad, autodisciplina altruista y la práctica de la generosidad.

Manual de un tacaño, uno de los títulos más rentables del año en Francia, es un producto lleno de situaciones de un humor muy elemental y gratificante que combina de forma bastante artificiosa la caricatura con el melodrama, acabando el relato cuando el "agarrado" se enamora de una guapa violonchelista y encuentra a una hija cuya existencia desconocía. El desenlace, con la vuelta a la normalidad del protagonista convertido ya en padre y en amante, todavía decepciona más al verlo hacer el papel de desprendido benefactor de desamparados niños mexicanos. Una comedia disparatada que producirá buenos dividendos a sus productores.

José Vanaclocha


sábado, 18 de febrero de 2017

(1) MI PRIMA RAQUEL, de Henry Koster

LA VIUDA AFLIGIDA

Contra lo que pudiera creerse, Daphne du Maurier es una novelista británica relativamente contemporánea, cuya temática victoriana, de un romanticismo crepuscular, ha conocido un relevante éxito y ha llegado incluso a inspirar dos adaptaciones cinematográficas de Hitchcock: Posada Jamaica (1939) y Rebeca (1940). Mi prima Raquel, novela aparecida en 1951 e inmediatamente trasladada el cine por los mediocres Nunnally Johnson (guión) y Henry Koster (realizador) viene a ser como un intento de revalidar las glorias de Rebeca: las grandes pasiones, el amor poderoso más allá de toda racionalidad, una intriga que hasta el último momento no deja discernir entre apariencias y realidades...

Pero pese a la excelente fotografía de Joseph LaShelle, a la sugestiva música de Franz Waxman y a la presencia de actores de la solvencia de un juvenil Richard Burton y de una madura Olivia de Havilland, la película no acaba de funcionar adecuadamente por culpa del puritanismo y de las convenciones dominantes en el Hollywood de los primeros años 50, así como por la escasa coherencia en el diseño de los personajes, dominados por los malentendidos, hasta desembocar en esa especie de redención final de Raquel, que nos deja sumidos en la duda acerca de su verdadera catadura moral.

Buñuel, Wyler o Hitchcock entendieron mucho mejor la cuestión al tomar en sus manos este tipo de relatos desmadrados: los excesos del sentimiento y de la pasión, el llamado amour fou, eran un terreno abonado para el cultivo de la poesía y del onirismo, a veces como forma de subvertir las normas sociales establecidas. En Koster, esta desmesura sentimental sólo tiene la dimensión monocorde y reduccionista del efectismo melodramático, conformista y gratificador de públicos rutinarios. Mi prima Raquel partió de unos esquemas fílmicos quizás ya caducos en el momento de su realización.

José Vanaclocha


 

(3) FELICES SUEÑOS, de Marco Bellocchio.

LA MADRE MUERTA

Adaptación cinematográfica bastante libre del bestseller autobiográfico de Massimo Gramellini, Felices sueños es una coproducción franco-italiana que inauguró la Quincena de Realizadores del festival de Cannes 2016. La novela atrajo inmediatamente la atención de Marco Bellocchio, cuyo interés por los temas relacionados con la psicología, la psiquiatría y el psicoanálisis es de sobra conocido por quienes hayan visto las películas que componen su extensa y sugestiva filmografía.




En esta ocasión, el relato va alternando, mediante abundantes flashbacks, el pasado y el presente: en el Turín de 1969, el niño de 9 años Massimo ve truncada su feliz existencia por la repentina e inesperada muerte de su madre, cuyas verdaderas circunstancias le son ocultadas. Treinta años más tarde, convertido ya en un periodista, sigue sufriendo ataques de pánico y asume que, ya desde la adolescencia, es un ser psíquicamente castrado y emocionalmente insensible que vive encerrado en sí mismo. La doctora Elisa decide ayudarle haciéndole revivir el pasado con el fin de averiguar y aceptar lo que sucedió realmente, superando la contradicción entre la necesidad de conocer la verdad y el miedo a descubrirla.

Una vez más, el cineasta italiano penetra en la mente de su protagonista y enriquece el film con una serie de observaciones y reflexiones que son ya habituales en su cine: el hogar familiar, la relación materno-filial, la religión, el dolor por la pérdida de un ser querido, los traumas de la infancia, la lucha por la normalidad tanto afectiva como racional, el suicidio, los grandes cambios en el entorno, en este caso la Italia actual con los nuevos valores vigentes en el nuevo orden moral, social y económico...

La película está muy bien realizada, con una rigurosa precisión en el terreno narrativo y en el expresivo. Un ejemplo de cine de autor con momentos bien resueltos dramáticamente.

José Vanaclocha


jueves, 16 de febrero de 2017

(2) BATMAN: LA LEGO PELÍCULA, de Chris McKay.

LEGO-PARODIA DEL HOMBRE MURCIÉLAGO

El presente film no se concibe sin el inesperado éxito comercial de La LEGO película (2014), una filigrana animada basada en el famoso juego de construcción que, más allá de su condición de mastodóntico spot publicitario, supuso un emotivo canto al poder de la imaginación y un enérgico alegato de la actividad de jugar como un acto supremo de libertad. Dirigida tanto al público infantil como al adulto, la película desplegaba un rico y complejo universo construido pieza a pieza, lleno de ideas visuales extraordinarias, combinando la tecnología CGI con un esmerado ejercicio de stop-motion, incluyendo en su entramado argumental abundantes referencias cinéfilas y divertidas parodias de icónicos personajes de la editorial DC.


Esto último debió encantar a los ejecutivos de la citada editorial, porque Batman: La LEGO película insiste en parodiar su flamante reparto de superhéroes, otorgando el máximo protagonismo a la insigne figura del hombre-murciélago. El resultado no supone ninguna tontería, porque alcanza la épica de sus homólogas de imagen real ofreciendo una delirante versión animada rebosante de cachondeo y mordacidad. Así, asistimos a las andanzas heroicas de Batman en su eterna lucha contra los villanos, mientras se retrata en tono satírico sus interioridades, sus miedos e inseguridades. Es, sin duda, la vida íntima del protagonista lo realmente divertido del relato, dando una vuelta de tuerca a sus conocidos traumas infantiles, su vida solitaria de justiciero nocturno y sus inesperados miedos más profundos.

Llegado el momento, intentando salvar la ciudad de Gotham por enésima vez, necesitará la ayuda de sus amigos para detener un plan diabólico de El Joker. Y ahí se desmadra todo: ingeniosos diálogos, trepidantes escenas de acción y mucha mala leche se funden en una constante sucesión de gags y guiños al aficionado que puede llegar a desorientar, incluso agotar, al espectador no versado en el mundo de los superhéroes DC. Y todo ello usando las técnicas de animación de La LEGO película, consiguiendo igualmente una meritoria factura técnica. Un divertido spin-off que garantiza la diversión para toda la familia.

Pau Vanaclocha


miércoles, 15 de febrero de 2017

(0) CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS, de James Foley.

CÁNDIDA PERVERSIÓN PARA EL GRAN PÚBLICO

Las andanzas eróticas y sentimentales de la errátil pareja formada por la insípida Anastasia Steel y el metrosexual multimillonario Christian Grey prosiguen en esta arrítmica y superficial telenovela por entregas concebida por la escritora británica Erika Leonard Mitchell, más conocida por el seudónimo de E. L. James. Una segunda entrega que, por supuesto, insiste en sus “provocativas” dosis de sadomasoquismo light, sus ambientes elegantes y sofisticados propios de gente adinerada y su estética de videoclip —especialmente sus escenas más “tórridas“—, sin duda representación onírica de las fantasías sexuales de no pocas mujeres.


Dolido por su reciente ruptura, Grey intenta convencer a la reticente Steele de que vuelva a formar parte de su vida. Para ello está dispuesto a todo, incluso a dejar de ser él mismo. Cincuenta sombras más oscuras no es más que una simple continuación de los acontecimientos narrados en Cincuenta sombras de Grey (2015) pero con un significativo cambio: si en el título fundacional a los protagonistas les unía una mera relación contractual que les convertía, durante sus sesiones de sexo, en “amo” y “esclava”; ahora florecen los sentimientos, se institucionaliza su vínculo afectivo y se intercambian los papeles, siendo ella la que lleva la voz cantante y él el que asume un rol digamos más dependiente. Así se completa, finalmente, la fantasía de muchas sufridas novias o esposas: domesticar al asilvestrado macho. En un cambio radical de comportamiento, el guapo y atractivo ricachón expresa sus interioridades, es menos agresivo y más sutil en su interacción con su compañera, aunque no puede evitar mostrar un lado “oscuro”, causado por diversos traumas del pasado, que da pie a una actitud sobreprotectora hacia Anastasia que no es sino reflejo de su propia fragilidad. A ello se añade algunas tramas metidas con calzador en la que aparecen amenazantes una antigua esclava sexual de Grey,  una amiga de su madre —una Kim Basinger totalmente desaprovechada— que lo introdujo en el mundo del sadomasoquismo y un jefe de Anastasia que se cree con derecho a abusar de ella.

El problema principal de Cincuenta sombras más oscuras es, sin embargo, la poca o nula trascendencia de lo que se narra, el escaso interés que despierta la deriva de su relación. El film promete más “oscuridad”, pero la narración transita por el melodrama más acartonado y acaramelado. Incluso sus dosis de humor recuerdan a la comedia romántica más previsible y convencional, cuya cúspide representa la escena de la pedida de mano en la piscina cubierta de la mansión familiar, bajo los flashes de unos aparatosos fuegos artificiales.

Por otra parte, sus “osados” numeritos sexuales ya no sorprenden a nadie, ablandada la parte sádica del personaje masculino. Unas cuantas correas, unas bragas quitadas discretamente en medio de un restaurante y unas bolas chinas son todo el arsenal erótico del otrora fetichista y dominador magnate. Ahora prefiere hablar de matrimonio y de amor eterno. Increíble transformación. Quizá ese sea el secreto del éxito de esta saga.

Pau Vanaclocha


martes, 14 de febrero de 2017

(3) MOONLIGHT, de Barry Jenkins.

CHIRON CONTRA EL MUNDO

Este primer largometraje que nos llega de Barry Jenkins, alabado por la crítica y respaldado por la taquilla, pertenece a ese cine realizado por directores negros con actores y actrices de la misma etnia, aunque destinada a todo el mundo, cuyo guión es adaptación de un proyecto teatral fin de curso elaborado por el dramaturgo Tarell McCraney —en gran medida autobiográfico— que había pasado sus primeros años de vida en el conflictivo barrio de Liberty City, un suburbio de Miami (Florida) donde también creció el realizador Barry Jenkins unos años más tarde aunque sin haber coincidido nunca el uno con el otro.

Un barrio degradado dominado por la violencia y las drogas en el que aparece como protagonista Chiron, un afroamericano pobre y sin padre que nos es presentado en tres etapas distintas de su vida: infancia, adolescencia y adultez. En su itinerario vital se nos muestra tanto su carácter introvertido como su evolución tras pasar por múltiples experiencias, la más determinante de todas será su ingreso en prisión en la cárcel, que determinará su cambio radical y su futuro como narcotraficante.




El oficio y la originalidad como cineasta de Barry Jenkins se hacen patentes tanto por su pericia narrativa como por la sensibilidad mostrada al empapar de tristeza la totalidad del relato, filmado después de haber realizado Medicine for Melancholy (2008). En Moonlight se describe el proceso de crecimiento personal, el descubrimiento del mundo que le rodea, los conflictos afectivos y las dificultades que plantea una comunidad que condiciona fuertemente a las personas. Se trata, por tanto, de un film complejo que aborda la identidad personal, la raza, la familia, la sexualidad, la amistad y el amor; esto es, una mezcla de circunstancias y de sentimientos que forjan la personalidad del protagonista, y su itinerario hacia un desenlace impensable cuando, finalmente, es capaz de expresar sus afectos y deseos, algo difícil en un contexto en el que la mentalidad machista del colectivo afroamericano rechaza cualquier atisbo de pulsión homosexual.

Barry Jenkins se muestra preparado para entrar en el interior de los personajes, especialmente en el de Chiron, y hacer aflorar sus sentimientos reprimidos mientras hace explícita su vulnerabilidad. Gran importancia tiene el ambiente del extrarradio urbano, las calles, las escuelas y la luminosidad de unos espacios abiertos retratados en formato scope.

José Vanaclocha


(3) URBAN HYMN, de Michael Caton-Jones.

LA MÚSICA OS HARÁ LIBRES

Urban Hymn constituye una grata sorpresa pues la carrera profesional de Michael Caton-Jones ha trascurrido ligada a la mediocridad ya que de sus nueve películas estrenadas únicamente tuvieron cierto interés Condenado (2002) y Disparando a perros (2005). El realizador es un cineasta con oficio que parece aceptar cualquier encargo de la industria sin que le importen mucho ni el género ni la calidad de las propuestas recibidas, aunque en esta ocasión esta producción británica de carácter dramático posee un trasfondo social que ha sabido ponerse de relieve mediante un cuidado guión.

Situado el film en medio de los disturbios y saqueos acaecidos en el Londres de 2011, protagoniza el relato una adolescente negra huérfana que es internada en un centro disciplinario donde su mejor amiga se caracteriza por su violento carácter y su inadaptación a la sociedad civil. Detrás de todos los problemas de las conductas desviadas se atisban desajustes familiares, bien por la falta de padres o por la inexistencia de un contexto educacional adecuado. La amistad funciona entonces, para los reclusos, como un sustitutivo del afecto ausente pero a su vez constituye un peligro que puede dar paso a la delincuencia juvenil.




Urban Hymn tiene una palpable intención didáctica al presentar la posibilidad de elegir entre el camino acertado y el equivocado en la progresión personal hacia la madurez, una evolución nada fácil porque es necesaria la autodisciplina, el respeto a una escala de valores comúnmente aceptados y que surja la posibilidad de desarrollar aquellas aptitudes para las que se posee el suficiente talento y la decidida vocación.

Afortunadamente, el relato supera las limitaciones del sermón moralizante y del melodrama superficial gracias a su alcance testimonial y a la riqueza de matices con que están contemplados los personajes, tanto los jóvenes como el de la asistente social, que arrastra un trauma de graves consecuencias personales. Lo que deben corregir las instituciones públicas son carencias como la falta de afecto, el abandono, la soledad, la rabia que conduce a la rebeldía y las pulsiones de venganza contra el orden establecido. En esta ocasión la joven protagonista logra encontrar una vía de escape a la marginación y la delincuencia: su talento para la música le permite integrarse primero en un coro, luego en las clases de una academia y finalmente actuar como cantante y guitarra solista acompañada de una pequeña orquesta. En el trayecto han caído varias víctimas pero ella ha logrado salvarse.

José Vanaclocha


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