AZUL Y NO TAN ROSA

Un fotógrafo de éxito decide formalizar su relación con su novio yéndose a vivir con él, pero se ve obligado a hacerse cargo de su hijo, que vive en España y al que no ha visto desde hace años.

BRICK MANSIONS (LA FORTALEZA)

En un Detroit distópico, un expresidiario intenta llevar una vida honrada. Cuando un capo de la droga secuestra a su novia, un agente secreto acepta su ayuda para desmantelar la organización criminal.

EL HEREDERO DEL DIABLO

Una pareja se entera de un embarazo inesperado. Con la idea de conservar recuerdos, el marido comienza a grabarlo todo, pero pronto empieza a notar que su mujer se comporta de forma muy extraña.

EL VIENTO SE LEVANTA

Jiro, que sueña con volar y diseñar hermosos aviones, se une a la división aeronáutica de una compañía en 1927, convirtiéndose en uno de los más prestigiosos diseñadores aeronáuticos.

LA VIDA INESPERADA

Juanito es un actor que fue a Nueva York a triunfar. Los años han pasado y no ha conseguido el éxito que esperaba. Un día llega a visitarle su primo, aparentemente un triunfador.

MATTERHORN

Fred es un devoto viudo calvinista que lleva una vida aburrida. Conoce a Theo, un adulto con edad mental de 5 años. Cuando Theo pide “casarse” con él, los secretos y remordimientos más oscuros salen a flote.

MOLIÈRE EN BICICLETA

En la cima de su carrera artística, Serge Tanneur se retira del mundo. Tres años más tarde, un actor de TV está planeando una producción de "El misántropo" de Molière, y quiere ofrecerle el papel principal.

POMPEYA

Año 79 d.C. En una carrera por salvar la vida, un esclavo de barco que es testigo de la erupción del volcán Vesubio hace todo lo posible por salvar a la dueña de su corazón y a su mejor amigo, un gladiador.

jueves, 24 de abril de 2014

(2) THE AMAZING SPIDER-MAN 2: EL PODER DE ELECTRO, de Marc Webber.

SUPERHÉROE CON SUPERPROBLEMAS

Previamente introducidos en la renovada versión, mucho más oscura y visceral, de la franquicia Spider-Man de la mano de un solvente Marc Webber, omitiendo descaradamente la candorosa saga de Sam Raimi, The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro supone la edificación de un vigoroso relato sobre uno de los personajes más entrañables e icónicos de la conocida editorial Marvel, formando parte de un complejo universo fílmico que trata de trasladar a la gran pantalla un vasto patrimonio tebeístico de más de medio siglo de existencia.

Aunque todavía ande por su cuenta, sin ninguna relación con otros adalides de la Justicia -Los Vengadores, ocupados en salvar a la Humanidad de invasiones alienígenas, todavía no han llamado a su puerta-, al joven Spider-Man no le falta trabajo ni disgustos familiares y/o sentimentales, haciendo gala de una de las esencias del personaje: su permanente estado de crisis personal, entendida como un largo y difícil proceso de autoconocimiento. Se trata de un “superhéroe con superproblemas”, un adolescente acomplejado por su condición de niño huérfano que adquiere extraordinarios poderes arácnidos que le provocan muchos sinsabores, ya que como todo el mundo sabe, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.




Una vez presentado al protagonista en la primera entrega, The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro entra directamente al desarrollo de tres tramas principales que se entremezclan continuamente: por un lado, su enfrentamiento con tres de sus villanos clásicos -Electro, El Duende Verde y Rhino-, aportando las dosis de acción y aventura propias de este (sub)género; por otro, su peliaguda relación con su novia Gwen Stacy, cuyo desenlace refleja uno de los momentos más duros de Peter Parker/Spider-Man, publicado en The Amazing Spider-Man #121 (junio de 1973); finalmente, la búsqueda de explicaciones sobre la desaparición de sus padres, adentrándose en la naturaleza traumática de nuestro héroe.

Marc Webber se descubre aquí como la opción más adecuada, ya que con la interesante (500) días juntos (2009) demostró su pericia para descifrar el prisma masculino de las siempre complejas relaciones personales, lo que explica que lo mejor de sus dos películas sobre el personaje creado por Stan Lee y Steve Ditko sea todo lo relacionado con la vida íntima del protagonista. En ese sentido, Andrew Garfield y Emma Stone, en sus encarnaciones de Peter Parker y Gwen Stacy, son lo más convincente de este reboot de la franquicia, lo más auténtico. El resto, una concesión a la taquilla en la búsqueda de lo más espectacular en cuanto a la coreografía en luchas, piruetas y fuegos artificiales.

Para los ajenos al cómic, entretiene que no es poco. Para los simpatizantes y/o apasionados del mismo, debe verse.

Pau Vanaclocha



martes, 22 de abril de 2014

(4) EL PASADO, de Asghar Farhadi.

SECRETOS Y MENTIRAS

La enorme calidad fílmica de este sexto largometraje del iraní Asghar Farhadi (Ispahán, 1972) no debería sorprendernos después de haber visto las excelentes A propósito de Elly (2009) y, sobre todo, la multi-premiada (Oscar incluido) Nader y Simin, una separación (2011). El pasado fue rodada en las afueras de París, en un modesto barrio, lugar donde se desarrolla un complejo y profundo drama familiar, con variedad de personajes y de conflictos, con parejas desestructuradas y de distinta procedencia nacional, con hijos de diferentes padres, con rupturas matrimoniales, amores difíciles y embarazos que configuran un relato tan lúcido como emotivo.

Al logro de esta magnífica película -hecha sin concesiones- han contribuido no sólo Bérénice Bejo (premio a la mejor actriz en Cannes 2013, a la que ya conocíamos por The Artist) y Tahar Rahim (intérprete de El profeta, de Jacques Audiard) sino especialmente la perfección narrativa del cineasta persa, con unos diálogos precisos, una dirección de actores llena de matices, una planificación tan expresiva como equilibrada y un montaje meticuloso que le sirven para alcanzar un dramatismo extremo, con unos seres humanos cuyas palabras y miradas se entrecruzan como afilados dardos que impactan en la sensibilidad del espectador. Y, como en anteriores ocasiones, los niños tienen una importante presencia testimonial, como víctimas inocentes de una realidad cotidiana marcada por las dudas, las contradicciones y los sufrimientos de las personas adultas.




Un film sobre encrucijadas morales y afectivas en el que Farhadi no toma partido sino que se limita a mostrar minuciosamente los conflictos para que sea el espectador el que conteste a las cuestiones planteadas. Con una objetividad aparentemente espontánea pero fruto de un aplicado trabajo, El pasado nos ofrece más apariencias que evidencias y más interrogantes que afirmaciones, sin olvidar nunca la huella dejada por las vivencias anteriores.

Y en medio de toda la confusión de sentimientos, ocupaciones y parentescos, sólo Samir (el ex marido de Marie) parece evidenciar cierta sensatez y serenidad, actuando como “catalizador” en las relaciones entre los personajes, aunque el realizador haya declarado que prefiere ante todo la sinceridad de las mujeres.

José Vanaclocha



(2) TREN DE NOCHE A LISBOA, de Bille August.

RETORNO AL PORTUGAL DE SALAZAR

Esta adaptación de la exitosa novela de Pascal Mercier tenía ante sí una doble dificultad: relatar sucesos del presente en Suiza y regresar al pasado -mediante un simple pretexto literario que legitima el gran flash-back- para revivir las peripecias de hombres y mujeres de los primeros años 70, en los últimos tiempos de la dictadura salazarista. La multitud de personajes y la cadena de acontecimientos planteaban problemas a la hora de pasar del texto escrito al lenguaje audiovisual, que han sido resueltos con los citados saltos atrás en la narración pero también con los diálogos y con las reflexiones -a veces filosóficas- de quienes participaron en la Resistencia portuguesa.

El eje narrativo descansa en el personaje de Raimund Gregorius -magnífica interpretación de Jeremy Irons-, un profesor de latín en Berna que hace un viaje a Lisboa para redescubrir el pasado -visitando a los supervivientes- en una aventura personal que le servirá también para dar sentido a su solitaria existencia. El sueco Bille August relata los hechos con una palpable corrección académica, con un oficio largamente aprendido pero, pese al fuerte dramatismo de la historia desentrañada, el resultado es demasiado frío y las emociones se exteriorizan con excesiva contención.




Lo mejor de la película, a mi juicio, es que plantea dilemas morales, políticos y sentimentales de hondo calado: en la lucha por la democracia ¿el fin justifica los medios?; ¿hay límites éticos a la hora de vivir un intenso amor?; ¿se debe sacrificar la propia vida antes que traicionar a los compañeros?; ¿prevalece el juramento hipocrático sobre otros deberes cívicos?, etc.

El realizador compone con eficacia y precisión los planos que sostienen la compleja trama de la película, a la que perjudican una excesiva dispersión narrativa y una diluida densidad dramática. Y ello pese a su reparto de verdadero lujo: Tom Courtenay, Bruno Ganz, Christopher Lee, Charlotte Rampling y otros jóvenes actores y actrices menos conocidos.

José Vanaclocha



martes, 15 de abril de 2014

(1) ANOCHECE EN LA INDIA, de Chema Rodríguez.

EL VIAJE A NINGUNA PARTE

De Chema Rodríguez se estrenó fugazmente en Valencia el sugestivo documental Estrellas en la línea (2006), lo que no atempera la decepción que he sentido ante Anochece en la India, una tragedia de tintes existencialistas, un recorrido hasta los límites del sufrimiento humano inspirado, al parecer, en personajes reales.




Enfermedad terminal, dolor, opio, intento de suicidio, abandono de hijo discapacitado y viaje final a la India como evocación del paraíso perdido (un retorno a la utopía hippy, ya imposible) como referentes de un típico ejemplo de “cine de carretera” o road movie que se hunde en la impotencia por culpa de personajes construidos sin profundidad y de un desarrollo dramático carente del necesario rigor.

Pese a todo, el film ha sido presentado e incluso premiado en el reciente festival de Málaga, aunque ni siquiera Juan Diego, que debería mejorar su vocalización, puede salvar un relato con tantas insuficiencias cuyo director, como tantos otros, cree que para hacer buenas películas basta con saber encuadrar y aludir a cuestiones trascendentales.

José Vanaclocha


(0) 9 MESES… DE CONDENA, de Albert Dupontel.

LA JUEZA Y EL BUEN LADRÓN

Del actor, guionista y realizador Albert Dupontel no había visto nada desde su mediocre Bernie (1996), lo cual ha sido una gran suerte en vista de la ínfima calidad de su nueva tragicomedia, un relato kafkiano sobre una jueza estricta y soltera (Sandrine Kiberlain) que se queda embarazada en una noche de borrachera cuando echa un polvo callejero con un delincuente de poca monta (Albert Dupontel) en un barrio de putas.




Situaciones absurdas, personajes caricaturescos, inconsistente planteamiento jurídico, humor barato, intérpretes gesticulantes y un final feliz con apología de la maternidad en una mala película que, sorprendentemente, ha logrado dos premios César del cine francés: ¡a la mejor actriz y al mejor guión original! Loca Academia...

José Vanaclocha



jueves, 10 de abril de 2014

(2) OCHO APELLIDOS VASCOS, de Emilio Martínez-Lázaro.

CRUCE DE ESTEREOTIPOS CON FINES TERAPÉUTICOS

Ocho apellidos vascos ya es, sin duda alguna, el bombazo cinematográfico de la presente temporada, aupándose en los primeros puestos de la ilustre relación de películas más taquilleras de la historia del cine español. Todo un fenómeno social que desmonta prejuicios ancestrales y demuestra que se puede vivir de este negocio mirando en situación de igualdad a la todopoderosa industria estadounidense. Este es el camino, o por lo menos uno de ellos...

El motivo de su éxito, sospecho, es una conjunción de factores, que van desde la acertada elección de un género específico, la comedia española en su vertiente más lúdica y desmitificadora, logrando la identificación del espectador aunque no sea nativo de las autonomías protagonistas; el eficiente equipo técnico encabezado por un artesano de la comicidad como es Emilio Martínez-Lázaro y respaldado por el guión de Borja Cobeaga y Diego San José, artífices del éxito televisivo de la ETB ¡Vaya semanita!; hasta la osadía de su propuesta: una autoparodia hispana que explota los estereotipos andaluces y vascos -aparentemente antagónicos- y se aproxima al conflicto vasco desde una óptica revolucionariamente humorística, lo que ha sido acogido favorablemente por un público quizá saturado de tanto enfrentamiento político y tanta tensión artificiosamente provocada por dañinos intereses partidistas. La crítica despectiva del mundo abertzale podría interpretarse como un acierto en el enfoque, desdramatizando un prolongado conflicto al que solo beneficia a los más “duros” o “integristas”.

La visión de Ocho apellidos vascos se me antoja un ejercicio desenfadado de autodescubrimiento colectivo, configurándose como una terapia nacional que está permitiendo a los españoles ser verdaderamente conscientes de su diversidad, reírse de ellos mismos y asumir con naturalidad que la convivencia pacífica y respetuosa es posible, apelando a aquello que compartimos. Esa es la grandeza de esta pequeña gran película. Y es que no hay que menospreciar el efecto terapéutico de la risa para superar discrepancias, y menos en estos tiempos que corren de desafíos soberanistas y controversias entre regiones.




¡Y funciona! Ahí están la francesa Bienvenidos al norte (2008) y su remake italiano Bienvenidos al sur (2010) para demostrar que el retrato desde el prisma del humor del atávico conflicto Norte-Sur es rentable siempre que se alcance un mínimo de calidad, y esta rocambolesca historia de amor entre un andaluz engominado y una vasca de armas tomar es narrada con oficio, sin alardes pero con profesionalidad, manteniendo el efecto cómico en permanente funcionamiento sin caer en lo grosero o en lo ofensivo. Los gags elaborados resaltan los tópicos entre territorios con ánimo caricaturesco, exagerando la realidad para darnos cuenta precisamente de cuánto se aproxima a ella: somos como somos y eso no es per se malo o denigrante.

Otro gran soporte que eleva Ocho apellidos vascos a categoría de evento social es la chispa de comicidad entre los actores protagonistas, descubriendo el talento de un debutante Dani Rovira que demuestra tantas tablas como sus compañeros Karra Elejalde y Carmen Machi. El primero roba las mejores escenas en su caracterización del padre de Amaia, un hombre del Euskadi profundo, apegado a la tradición y de maneras brutas. La segunda cumple en su papel de simpática viuda de Guardia Civil de Cáceres que lleva muchos años viviendo en el País Vasco, quien ayuda a Rafa a hacer más creíble su falso origen vasco. 

Concluyendo, Ocho apellidos vascos no es una comedia “de altura”, dotada de un humor inteligente. Es una comedia ligera y entrañable, bienintencionada pero osada, que recurre a previsibles convencionalismos pero que nos restriega por la cara nuestros defectos y también nuestras virtudes como pueblo que nos hacen únicos, siendo su última finalidad la risa terapéutica antes mencionada. ¡Garantizada!

Pau Vanaclocha



miércoles, 9 de abril de 2014

(1) NOÉ, de Darren Aronofsky.

LA NUEVA CARA DEL CINE BÍBLICO

Tras un largo período de letargo debido al imparable proceso de secularización en Occidente, el cine religioso de antaño regresa -de la mano de un tradicionalismo católico en auge- con un rostro rejuvenecido por el desarrollo tecnológico y el refinamiento estilístico de la mano de un Darren Aronofsky que se debate entre su condición como operario de un trabajo por encargo y su espíritu creador propio de un autor consolidado.

Ha llovido mucho desde la época gloriosa del mencionado género, cuando para competir con la TV la industria de Hollywood realizó numerosas superproducciones que aprovechaban la espectacularidad del cinemascope para volver a atraer al público a las salas de cine, siendo temas recurrentes los más conocidos episodios bíblicos. En concreto, la historia de Noé y su gigantesca Arca ha sido trasladada al cine en varias ocasiones, considerándose el punto álgido de traslación fílmica el episodio de John Huston de la versión de la Biblia de 1966.




Noé representa la nueva cara del cine bíblico de antaño cuya esencia reside no tanto en la literalidad de la sagrada fuente sino en la interpretación personal del cineasta responsable, adaptándose al moderno discurso hollywoodiense actual. El resultado es un majestuoso blockbuster sazonado con la épica propia de la fantasía heroica que narra el calvario de un hombre elegido por Dios para preservar de su venganza a la fauna terráquea ante el inminente Apocalipsis en forma de diluvio que barrerá a la Humanidad de la faz del planeta.

Para ello Aronofsky suaviza el trascendentalismo de la propuesta centrándose en tramas más mundanas alrededor de la familia del protagonista en un intento de humanizar el relato racionando la manifestación divina en contadas ocasiones, percibiéndose constantemente la presencia silente del Todopoderoso.

Es a nivel técnico donde se nota el abultado presupuesto, regalando al espectador varias secuencias trascendentales visualmente portentosas, si bien el diseño de escenarios y de personajes fantásticos deja bastante que desear al recordarnos una rácana versión del universo literario de El señor de los Anillos y contextualizando la acción en una especie de Era Hiboria propia de los relatos de Conan el Cimmerio, personaje creado por Robert Ervin Howard en 1932. Licencias artísticas con las que el realizador pretende rellenar contenido y añadir tensión a una fábula que carece en realidad de emoción y complejidad.

A pesar de la presencia del sólido y convincente Russell Crowe y de un equipo actoral de cierta enjundia, en el ámbito de personajes Noé fracasa al mostrarlos sin matizaciones y sin capacidad de evolucionar. Y es que no conviene olvidar del antiquísimo origen del relato y su carácter metafórico para aleccionar contra la maldad y sus funestas consecuencias.

Pau Vanaclocha



martes, 8 de abril de 2014

(3) CRÓNICAS DIPLOMÁTICAS: QUAI D´ORSAY, de Bertrand Tavernier.

SÁTIRA POLÍTICA FRANCESA

Adaptación al cine de la novela gráfica Quai d´Orsay (2010), de Christophe Blain y Antonin Baudry -éste ha plasmado en la historieta sus propias experiencias laborales-, que trabajaron también como guionistas colaborando con el admirado Bertrand Tavernier para realizar una sátira política rebosante de refinada ironía francesa sobre la cara oculta de la gestión gubernamental y, concretamente, sobre el funcionamiento de las entrañas administrativas del ministerio de Asuntos Exteriores, con el titular de la cartera rodeado de una legión de funcionarios, asesores, expertos y consejeros.

El núcleo de actividades del departamento ministerial está constituido por los criterios y las operaciones relacionadas con la diplomacia -hay actuaciones relativas a la ONU, a los países africanos, a los EE. UU., a los países europeos vecinos, a la Asamblea Nacional, etc., incluyendo el uso de nombres de países inexistentes-, una ocupación de burócratas y de tecnócratas que aplican sus conocimientos y su pericia en las relaciones internacionales para camuflar con grandes principios universales los particulares intereses nacionales. Pero, en esta ocasión, esta digna y antigua profesión aparece lastrada por las miserias personales -manías, obsesiones, rutinas, tópicos, discursos fofos, citas culturalistas, vanidades, envidias y mezquinas rencillas- de sus ejecutores.




La  película puede decepcionar a no pocos espectadores españoles porque en ella no sólo no hay contacto alguno de los políticos con los electores y con sus necesidades cotidianas sino además tampoco hay diferencias ideológicas en las razones de las derechas y las izquierdas. Por eso, desde nuestra perspectiva, sorprende tanto la insistencia en tontas menudencias personales como la ausencia de criminales prácticas como el cinismo, las mentiras y la corrupción. Quizás ese sea el motivo -para evitar tener que señalar con el dedo- de que este género no tenga arraigo en España. Crónicas diplomáticas: Quai d´Orsay se nos presenta, así, como un juego de humor versallesco dominado por la banalidad, la superficialidad y el tono de farsa en torno al ministro Alexandre Taillard de Worms cuya praxis sintetiza el “buen rollo”, la neurosis y el oportunismo y cuyos principios se materializan en el tríptico “legalidad, unidad y eficacia”.

En realidad se trata de un film coral, con un equipo de colaboradores ministeriales entre los que destaca Arthur Vlaminck, un asesor lingüístico (encargado de redactar los discursos del jefe) cuya vida privada en pareja subraya en contraste entre la vida cotidiana y el desmadre ministerial.

La película muestra con cierto detalle los mecanismos del poder y la seducción que ejerce, así como la esencia de las relaciones públicas: la búsqueda de la efectividad comunicativa entre el político de turno y las demás naciones o los propios ciudadanos, sin que importe tanto la racionalidad y la verdad como el logro de resultados inmediatos y satisfactorios.

En el inicio de cada secuencia aparece una cita o sentencia del filósofo griego Heráclito (siglo V antes de Cristo) que poco tiene que ver con el concreto contenido narrativo del capítulo correspondiente, lo que me permite creer en una broma más de los autores del relato al utilizar frívolamente el prestigio cultural del pensador heleno. 

Una vez más, discreta y funcional la música de Philippe Sarde, un asiduo colaborador de Bertrand Tavernier.

José Vanaclocha

Twitter Facebook Favorites More