EL HOGAR DE MISS PEREGRINE PARA NIÑOS PECULIARES

Jacob emprende un viaje hacia una isla remota para buscar el orfanato donde su abuelo se crió. Aquel lugar es la entrada a un reino alternativo, habitado por niños con poderes extraños y una guardiana mágica.

ELLE

Michèle es una mujer que maneja con mano de hierro tanto los negocios como su vida sentimental. Una noche es violada por un enmascarado en su propia casa. Decide no buscar justicia, sino venganza.

CIGÜEÑAS

Una cigüeña reactiva accidentalmente la máquina de hacer bebés, y produce una adorable niña. Desesperada, intentará entregar este paquete tan problemático antes de que su jefe se entere.

SING STREET

Cosmo es un joven músico que crece en el Dublín de 1980 y tiene la intención de huir de su complicado hogar. Un día decide viajar a Londres junto a su novia y aspirante a modelo.

VIENTOS DE LA HABANA

Un inspector de policía conoce a una hermosa saxofonista por la cual se siente atraído. Al mismo tiempo le asignan la investigación de la violación y asesinato de una profesora del mismo instituto donde estudió.

EL TIEMPO DE LOS MONSTRUOS

Víctor reúne alrededor de su lecho de muerte a sus más fieles colaboradores con el fin de representar su obra póstuma. Todos participan de una insólita convivencia que será como el rodaje de una película.

PELÉ, EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA

La juventud del futbolista brasileño y su ascensión al estrellato, así como su liderazgo en la selección que conquistó el Mundial de fútbol de 1958.

LA RECONQUISTA

Manuela y Olmo se reencuentran 15 años después de vivir su primer amor. Bajo el cielo de una noche de invierno en Madrid ambos recuerdan ese sentimiento y la pasión vuelve a surgir entre los dos ex-amantes.

JUEGOS DE FAMILIA

Carmen es un ama de casa que, desesperada por salvar su matrimonio, se inventa un amante con la esperanza de crear los celos suficientes en su marido Andrés para que se arreglen su situación.

LA VACA

Fatah, un granjero argelino, sólo tiene ojos para su vaca y sueña con llevarla a París al Salón de la Agricultura. Al recibir la invitación, toma un barco en dirección a Marsella para cruzar toda Francia a pie.

martes, 27 de septiembre de 2016

(4) EL DECLIVE DEL IMPERIO AMERICANO, de Denys Arcand.

UNA RADIOGRAFÍA DE LA SEXUALIDAD POSTMODERNA

La gran sorpresa del año puede ser esta película del canadiense Denys Arcand, un retrato riguroso e implacable de los comportamientos eróticos de un grupo de profesores de Historia de la Universidad de Montreal, cuarentones cultos y refinados, en una obra que se asemeja en su estructura dramática a Mi cena con André (1981) de Louis Malle, y que comparte la crueldad de un Bergman y el lúcido escepticismo de un Woody Allen.

Pero la altura intelectual y el rigor conceptual del relato no sólo viene dado por la cualificación profesional de los personajes, sino por la actitud distanciada y reflexiva de Arcand que en modo alguno se identifica con ellos, a no ser mediante un cierto sentimiento de cómplice ironía y de profunda piedad. La película, básicamente centrada en las vivencias sexuales, elude su representación directa y son las conversaciones las que hacen manifestarse a los diversos personajes en sus recuerdos, deseos, frustraciones, temores y prejuicios. Pero curiosa y significativamente, esta sinceridad sólo funcionará cuando hombres preparando una cena y mujeres en el gimnasio se hagan sus confidencias por separado, pero no cuando todos se reúnan en torno a una mesa común, circunstancia que impondrá la discreción, la ocultación y la hipocresía.

Presuntamente liberados y modernos, formando una élite de alto estatus cultural y económico, casados, separados o solteros, hetero u homosexuales, feministas o amas de casa, sin dogmas preestablecidos, cada personaje aportará su peculiar modo de relacionarse con la pareja, ya sea de forma ortodoxa o menos convencional.

Lo que vertebra el discurso del realizador y, en buena medida, el de los personajes, es la pesimista y discutible tesis de una de las profesoras, autora de un libro, sobre la "decadencia del imperio americano", es decir, de la llamada "civilización occidental", y su paralelismo con el declive del imperio romano: la primacía de la búsqueda de la felicidad individual, de la belleza y el placer, en suma, del sexo, lo que coincide con la emancipación de la mujer y su adopción de roles sociales cada vez más activos y importantes. O sea, algunas de las características que definen lo que hoy denominamos "postmodernidad".

Sin moralismos ni tesis impuestas artificialmente, Arcand deja hablar a sus personajes para que el espectador sea finalmente quien cuestione la armonía y al solidez del discurso teórico y la práctica cotidiana de una sexualidad sólo en apariencia liberada y satisfactoria, tras poner en evidencia las contradicciones, los atavismos, la fragilidad y la frustración de la mayuor parte de relaciones humanas, particularmente en el terreno erótico. Y así, parece lícito preguntarse si las vivencias de estos pequeño-burgueses son los últimos estertores de una civilización en crisis o, por el contrario, los primeros balbuceos de una nueva que se avecina.

Porque lo que el film parece apuntar es que la tradicional lucha de clases, al menos en ciertos estamentos sociales cada vez más amplios, ha dejado paso a una lucha de sexos entre hombres y mujeres básicamente incomunicados y que sólo estratégicamente erigen la cama en nuevo campo de batalla en su pugna por la hegemonía y el poder. La superioridad sexual de la mujer —su mayor capacidad orgásmica— y su emancipación profesional vienen a poner en cuestión todo el entramado machista que ha prevalecido hasta ahora.

Flota también en el ambiente, aunque el film nunca es explícitamente político, la constatación de la despolitización imperante en la generación canadiense —pero también estadounidense y europea por extensión— que se comprometió en los años 60 con el marxismo revolucionario, el Vietnam o la independencia francófona de Quebec, y que ahora se autoengaña con la pretensión de haber encontrado unas verdades más prácticas, más inmediatas y más gratificantes. En este sentido, El declive del imperio americano podría considerarse como el epitafio de la postmodernidad.

José Vanaclocha



lunes, 26 de septiembre de 2016

(1) MOMO, de Johannes Schaaf.

LA CUENTACUENTOS

Michael Ende es autor de una literatura infantil de "calidad", plagada de conceptos de signo progresista y dotada de una profundidad avalada por densas referencias filosóficas y sociales que, en todo caso, dejan a la imaginación del lector un amplio margen de elaboración personal.

La historia interminable constituyó una digna versión fílmica de uno de sus libros, una apología de la lectura como supremo acto de creatividad individual, forjador de universos limitados de fantasía, aventura y libertad. Por el contrario, Momo me parece un film fallido por diversas razones: los limitados medios económicos empleados —una coproducción italo-germana cuyas insuficiencias en cuanto a riqueza visual de decorados, trucajes, etc. son evidentes—; una fábula algo esquemática en sus propuestas ideológicas, con una defensa de lo natural frente a la civilización tecnocrática de "hombres grises", una especie de ejecutivos robotizados que propugnan un consumismo pasivo, una disciplina y uniformidad prusianas y una negación del ocio creativo; y, sobre todo, una realización chata y poco inspirada que pasa de la presentación de tipos y ambientes propios de un idílico pueblecito italiano de posguerra al apocalipsis de la metrópolis postindustrial.

Si la dimensión aventurera y fantástica del film presenta sus insuficiencias, los conceptos filosóficos vertidos —el tiempo, la muerte, la Nada, etc.— pueden resultar de difícil asimilación por el público infantil, aún cuando se haya vehiculado el relato a través de la pequeña protagonista, monina y simpática, especie de hada disneyana dotada de mágicos poderes para devolver la felicidad perdida a un pueblo alienado y esclavizado por lo que suele considerarse los signos consustanciales a los tiempos modernos.

José Vanaclocha



jueves, 22 de septiembre de 2016

(3) LOS HOMBRES LIBRES DE JONES, de Gary Ross.

LA GESTA DE UN REBELDE

Por todos es conocida la atracción del cine comercial USA por los relatos que recrean la vida y obra de personajes famosos, configurando ese maltratado género conocido como biopic. No es exagerado afirmar que la mayoría de este tipo de películas suele adoptar un tono hagiográfico, casi épico, que suele desvirtuar los hechos narrados, alejándolos del rigor necesario para ubicar cabalmente al protagonista dentro de su contexto histórico.

El nuevo film de Gary Ross —tras la discreta fábula distópica adolescente Los juegos del hambre (2012)— no disimula su voluntad de ensalzar las hazañas del héroe de turno interpretado admirablemente por Matthew McConaughey. Así, apenas hay mácula a su irreprochable trayectoria vital como defensor de los oprimidos. Pero ¡qué gran lección de Historia americana acompaña sus andanzas como revolucionario! La guerra civil estadounidense (1861 - 1865) sirve de marco incomparable para hablar del horror bélico, de la esclavitud, de la incipiente lucha por los derechos civiles de la minoría negra, del sangrante clasismo de la sociedad de entonces y del valiente ejercicio de rebeldía de unos marginados que soñaron con construir un país libre y justo. Liderados, por supuesto, por Newton Knight, la estrella de la función, un desertor confederado desilusionado por las injusticias y los rancios valores sudistas, que lideró una revuelta armada contra las autoridades llegando a proclamar una suerte de república independiente en el condado de Jones (Mississippi).




El realizador recrea en Los hombres libres de Jones este singular episodio histórico con voluntad didáctica, clasicismo formal e hiperrealismo ambiental. Instructiva en tanto que explica la confrontación ideológica que nutrió el conflicto, los intereses económicos en juego, el ambiente de odio y resentimiento que alimentó al Ku Klux Klan y el profundo malestar social de la retaguardia que estimuló la sublevación. Academicista en la forma de narrar y mostrar los hechos, respetando la coherencia interna, la causalidad lineal, el realismo psicológico y la continuidad espacial y temporal. E hiperrealista a la hora de retratar con gran fidelidad unos sucesos reales como las escenas de batalla, la atención médica de los heridos y mutilados de guerra, las penosas condiciones de vida del pequeño propietario agrario exprimido por los esfuerzos bélicos de los Estados secesionados, etc. Esto último se aprecia en la minuciosa puesta en escena que incluye elaborados decorados y un detallado vestuario que otorga al conjunto autenticidad. 

Gary Ross añade, además, breves pasajes de un célebre juicio de los años 60 del siglo pasado, en un montaje en paralelo de manual, en el que sin llegar a perturbar el fluir de la trama principal, pone de manifiesto lo poco que había avanzado la sociedad norteamericana un siglo después en el terreno de la igualdad jurídica entre blancos y negros. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, las heridas de la segregación racial están abiertas, tal y como puede comprobarse en cualquier informativo.

En definitiva, Los hombres libres de Jones es una interesante película que merece la pena contemplar. Por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Y por ese gran actor que es McConaughey que, desde Mud (2012) y pasando por Dallas Buyers Club (2013) e Interstellar (2014), no para de superarse en cada película que protagoniza.

Pau Vanaclocha


miércoles, 21 de septiembre de 2016

(3) SUBURRA, de Stefano Sollima.

MAFIA Y POLÍTICA: LAS ALCANTARILLAS DE ROMA

Con esta co-producción franco-italiana se presenta en nuestras pantallas Stefano Sollima, a quien los expertos cinéfilos conocerán por haber realizado la serie televisiva Gomorra, una extensión del film de Matteo Garrone, y por ser hijo del estimable Sergio Sollima que, en los años 60 y 70 del pasado siglo se especializó en películas de agentes secretos, spaghetti-westerns y relatos de aventuras. Su hijo Stefano ha respetado las exigencias comerciales de los géneros —la lluvia constante sobre los cristales como efecto estético para crear determinado ambiente, las jóvenes prostitutas frecuentemente desnudas…— pero su thriller contiene ya más elementos cotidianos y la violencia de algunas escenas —sin estilización ni elipsis alguna— alcanza un nivel casi insoportable, sin duda como consecuencia también de la novela que ha adaptado, original de Giancarlo de Cataldo y Carlo Bonini, que afirman haberse inspirado en sucesos reales.




El relato concentra los sucesos en una intensa semana de noviembre de 2011, en los mismos días en que el papa Benedicto XVI —el ex cardenal alemán Ratzinger— decide despojarse de la mitra y dejar la sede pontificia vacante. El título de Suburra alude al nombre que tenía el antiguo puerto romano de Ostia, un barrio de los suburbios repleto de tabernas y burdeles caracterizado, en tiempos del imperio, por ser lugar de encuentro entre nobles y criminales, que eran contratados como “mano de obra” ejecutiva para favorecer los negocios de los ricos patricios. La historia de la ciudad, pues, apenas ha cambiado aunque supongo que Stefano habrá revisado también la película Ciudad violenta que su padre dirigió en 1970.

Realizada con pericia narrativa, con imágenes muy expresivas, un ritmo sin pausas y unos personajes-actores totalmente verosímiles, Suburra no pierde interés a lo largo de su metraje mientras nos desvela la trastienda del gran proyecto urbanístico de convertir el viejo puerto de Ostia en una nueva Las Vegas con multitud de hoteles, casinos, discotecas y bares. Para ello hay que apropiarse de los terrenos y promulgar una ley en el Parlamento que permita esta magna operación especulativa. Y es aquí donde la película muestra su habilidad para enhebrar las alianzas y rivalidades entre la “casta” política y una mafia dividida en familias enfrentadas por el negocio, con la complicidad financiera del Vaticano y su estrategia de cerrar los ojos para no ver nada de la suciedad y la sangre que se está derramando sobre la capital italiana.

Suburra es un interesante ejemplo de cine “negro” moderno elaborado narrativamente en torno a la corrupción cívica, la codicia por el dinero y la ausencia de escrúpulos éticos. Todo vale para que no decaiga la dolce vita: orgías de sexo y droga, sangrientas venganzas y crímenes para eliminar a la competencia... De Nápoles hemos pasado a Roma ascendiendo un peldaño en cuanto al protagonismo de una clase dotada de mayor riqueza y refinamiento. Pero la podredumbre y la rapiña no han hecho más que extenderse en el entramado social. Un tema se sobra conocido.

José Vanaclocha


(3) LA PROFESORA DE PARVULARIO, de Nadav Lapid.

EL NIÑO POETA

Me ha producido una grata impresión este segundo largometraje del israelita Nadav Lapid, un realizador de cortometrajes y novelista que ha sido muy alabado por este film en los festivales de Cannes y de Sevilla, un relato inspirado en datos autobiográficos que muestra la rara personalidad de un niño de cinco años, un poeta precoz que recita oralmente cortos versos de forma improvisada ante la indiferencia o el rechazo de todos excepto de su tutora del jardín de infancia que, impresionada, le protege y pretende promocionarlo sin éxito.




La protagonista
encarnada por la actriz Sarit Larry había abandonado su profesión para dedicarse a cursar estudios de Filosofía, disciplina de la que es actualmente profesora en la Universidad de Boston, y al cineasta Nadav Lapid se le planteaban dudas acerca de la manera de dirigir al pequeño Yoav el niño Avi Shnaidman, optando por dejarlo actuar con un amplio margen de libertad evitando coartar la espontaneidad de sus  movimientos y gestos.

En la película resulta tan importante, creo, la anécdota del niño-poeta incomprendido como la descripción
como telón de fondo— de la compleja sociedad actual de Israel: la ruptura familiar, la situación de los hijos, el mundo de los negocios y de la política, el ejército, etc. La realización revela a un director dotado de una gran precisión narrativa y de una meritoria sensibilidad, pudiendo así plantear al espectador algunas cuestiones nada intrascendentes como ¿es ético forzar la creatividad de un menor? o ¿es lícito explotar sus dotes literarias?

El pequeño nos es presentado como superdotado para su edad pero también como un caso misterioso, sin explicación racional, ya que la poesía se sustenta en un proceso de sublimación expresiva que rompe con la lógica de la existencia cotidiana para alcanzar el ámbito expresivo de un lirismo dominado por la belleza y la emoción.

Un film, pues, sugestivo, hermoso y recomendable.

José Vanaclocha


(3) THE BEATLES: EIGHT DAYS A WEEK, de Ron Howard.

EL CUARTETO DE LIVERPOOL

Este documental
con imágenes remasterizadas y sonidos limpios de impurezas se centra básicamente en los conciertos y giras de Los Beatles entre 1962 en pequeñas salas de Liverpool y Hamburgoy 1966 en grandes estadios repletos, aunque en España las autoridades franquistas hicieron todo lo posible en 1965 para que fracasaran en Madrid y en Barcelona. Aquí los primeros ecos de la beatlemanía llegaron a finales de 1964 y principios de 1965 discreta acogida del film Qué noche la de aquel día (1964) de Richard Lester porque en este país atrasado y oprimido apenas habíamos superado el gusto por las canciones de Antonio Machín y del Dúo Dinámico.




El grupo británico fue evolucionando a lo largo de su carrera, pero para las mentes conservadoras siempre fue un mal ejemplo para la juventud con sus cabellos largos, sus melodías chirriantes, su humor irreverente, su nulo respeto a las tradiciones, su apología del amor carnal sin frenos moralizantes… hasta desembocar en el consumo de sustancias prohibidas y en unos vestidos considerados demasiado extravagantes. En Estados Unidos, el famoso show televisivo de Ed Sullivan (1964) les abrió las puertas de América y del mundo entero pero en 1966, tras el concierto de San Francisco, acosados por multitudes histéricas, inaudibles por el fuerte e incesante griterío y agotados por sus largos viajes, decidieron concentrarse en la grabación de discos en estudios, lo que les permitía experimentar e innovar más en el mundo sonoro, aunque su último concierto en vivo
previo a su disolución— tuvo lugar en 1969 en una terraza londinense, rodeados de unos cuantos amigos y conocidos.

La importancia de Los Beatles no sólo descansa en su condición de explosivo fenómeno musical popular
desde el beat a la psicodelia, desde el orientalismo al vanguardismo, complementario y contemporáneo al de los Rolling Stones, más volcados en el rock & roll, sino también como hito sociológico en cuanto a que hicieron de los jóvenes los protagonistas de su propia vida, impusieron nuevos valores como la libertad, la amistad y el hedonismo, poniendo fin como también el free cinema británico— a la interminable y puritana era post-victoriana. Lo joven y lo moderno se pusieron de moda y eso que ellos eran sólo cuatro muchachos procedentes de la clase obrera, dos de ellos huérfanos de madre y con familias poco convencionales.

La película de Ron Howard es fruto de una amplia recopilación y de un aplicado montaje de materiales de muy diversa procedencia: filmes de explotación comercial, reportajes, cintas y fotos amateurs, emisiones de TV, etc. en las que hay mucha música y canciones pero también entrevistas y declaraciones. En las imágenes más antiguas
en blanco-negro aparecen los cuatro beatles junto a Brian Epstein (manager) y George Martin (productor), pero hay fragmentos posteriores en los que evocan ya el pasado los supervivientes Paul McCartney y Ringo Starr además de otros importantes testigos directos de sus tiempos de esplendor. Dato significativo: en ningún momento se alude a la crisis y separación del cuarteto en 1970 y a la supuesta rivalidad entre Paul y John Lennon, agravada al parecer por la presencia perturbadora de Yoko Ono.

El film demuestra que su rebeldía
desde luego menos individualista y gamberra que la de los admirables Rollins Stones— desmiente el mito de una docilidad propia de “buenos chicos” pues su compromiso social quedó patente cuando se opusieron a la segregación racial en el sur de los USA y defendieron la bandera del pacifismo en los tiempos turbulentos de los asesinatos de John F. Kennedy y de su hermano, de Martin Luther King, de Malcolm X y de la guerra de Vietnam.

Finalmente, como epílogo, se ofrece al espectador la intervención de Los Beatles en un concierto de Nueva York, en un estadio a rebosar, 30 minutos de buenas canciones que harán las delicias de los fans y que descubrirán a los más jóvenes todo el fascinante universo musical que ya existía 50 años antes.

José Vanaclocha


(1) BRIDGET JONES’ BABY, de Sharon Maguire.

UN ICONO TRAICIONADO

Probablemente, el éxito del fenómeno literario que dio origen a esta conocida saga se basara en la jocosa comparación, tan patética como sarcástica, entre la mujer “real” y su imagen difundida a través de la publicidad, la TV y la prensa rosa. Así, su protagonista era una joven treintañera que no encajaba en los cánones clásicos de perfección: feúcha, obesa, insatisfecha, inestable emocionalmente, soltera crónica, bebedora y fumadora compulsiva. Las lectoras enseguida consagraron a Bridget Jones como una especie de intrépida outsider que demostraba que había otro camino para ser feliz, que la mujer no necesitaba ser modelo de Playboy para ser protagonista de su propia película. La escritora Helen Fielding había creado, sin proponérselo, un icono postmoderno de la mujer actual. 




Su adaptación fílmica no tardaría en llegar. El diario de Bridget Jones (2001) trasladó las esencias de la novela a la gran pantalla, con un balance bastante satisfactorio, incluyendo el respaldo tanto del público como de la crítica especializada. No puede decirse lo mismo de la inevitable y previsible secuela, El diario de Bridget Jones: Sobreviviré (2004), film que se alejó del tono cáustico e irreverente de su predecesora cayendo en la burda parodia propia de la comedia desmadrada. Era un producto industrial, artificioso y sin alma, infectado de un descarado oportunismo comercial.

Desgraciadamente, el regreso de Bridget Jones certifica el desgaste del personaje y de su vodevilesca existencia, no ya como retrato realista de la condición femenina en pleno siglo XXI sino como actualización de la tradicional comedia de enredo. Y es que, pese a contar con la directora de la primera entrega y añadir constantes elementos narrativos y referencias del universo primigenio, Bridget Jones’ Baby completa un viraje formal hacia la complacencia y el autohomenaje; y un giro ideológico hacia los valores más tradicionales que pervierte el mensaje original. Efectivamente, se incluyen gags que rozan la excelencia —en los que la actriz y también guionista Emma Thompson revela su pujante vis cómica— pero todo está diseñado para el ineludible happy end en la que la protagonista acaba casada y madre de un hermoso bebé. Ya no es grotesca, ni provocadora, ni fiel reflejo de nuestros peores defectos... sino que irradia simpatía con un humor blanco y sin mácula. Apenas se diferencia de las comedias románticas hollywoodienses que nos venden una imagen edulcorada y gratificante de las relaciones sentimentales.

Traición, renuncia o cambio de valores mediante, Bridget empieza con un aparente equilibrio interior —delgada, soltera y feliz en el trabajo— pero algo falla en su vida. Como en los relatos decimonónicos próximos al cuento amable, el destino conspira para encauzar su trayectoria vital a la de la mayoría: la maternidad y el matrimonio como fin de trayecto, como objetivos inherentes de la naturaleza de la mujer. Quizás haga un flaco favor la burda trama que juega con la identidad desconocida del padre de la criatura, sin ir más allá de la divertida pugna entre los posibles candidatos. Y una Renée Zellweger hierática y constreñida, tras un retiro de 6 años del cine y una operación estética imposible de enmascarar, tampoco ayuda en dotar de tridimensionalidad al personaje. Ya no hay irreverencia ni burla. Hay una desvergonzada adhesión al mainstream que integra el antaño subversivo icono de la feminidad a los gustos y costumbres predominantes. La susodicha Jones ha vuelto al redil. Que en paz descanse, ahora sí.

Pau Vanaclocha


viernes, 16 de septiembre de 2016

(2) GOLPE EN LA PEQUEÑA CHINA, de John Carpenter.

LIVIANA AVENTURA DE TEBEO

El realizador John Carpenter actualiza el género de artes marciales y su estética oriental en un entretenido y liviano relato de aventuras sazonado de amenas escenas de acción, envuelto en un esmerado diseño de producción e inyectado de sustanciosos efectos especiales. Y lo hace en clave de humor, incorporando un tipo de héroe poco convencional, un personaje que viene definido por su falta de entendederas y su torpeza ante las situaciones más complicadas.

Jack Burton (Kurt Russell) es un camionero que, en el barrio chino de San Francisco, le gana una gran cantidad de dinero a Wang Chi (Dennis Dun). Éste lo convence para que, antes de cobrarlo, le acompañe al aeropuerto a recoger a su prometida Miao Yin. Cuando la chica es secuestrada por unos gángsteres chinos, Jack, que se propone rescatarla, entrará en el tenebroso mundo de Lo Pan, un mago que tiene 2.000 años y que gobierna sin piedad el mundo de los espíritus. Esquivando demonios y haciendo frente a temores incomprensibles, Jack lucha a su manera en los oscuros dominios de Lo Pan en una loca carrera para salvar a la chica.

Carpenter tiene la habilidad de ir recogiendo y usando a su antojo numerosos elementos del citado género, sirviéndose de una mitología ancestral para transformar el barrio chino de San Francisco en la punta de un iceberg que esconde debajo de la superficie un mundo fantástico poblado de monstruos y de fantasmas. Sin llegar a derrochar una gran imaginación, se trata de una comedia de aventuras que sirve a su propósito de entretener y pasar un buen rato.

Pau Vanaclocha


 

(1) CORTOCIRCUITO, de John Badham.

EL ROBOT QUE QUISO SER LIBRE

¿Qué pasaría si las máquinas adquirieran conciencia? ¿Seguirían sometidas a nuestra voluntad, limitándose a cumplir con las tareas que les han sido programadas? ¿Se rebelarían? Estas cuestiones son abordadas, aunque sólo tangencialmente, en Cortocircuito, un relato amable y bienintencionado que combina la comedia y la ciencia-ficción para narrar las peripecias de un robot diseñado para la guerra que sufre un fallo de programación adquiriendo capacidad de pensar por sí mismo, aunque con la edad mental de un niño dado que no tiene apenas conocimientos.

Se trata de un film que se sustenta básicamente en la sucesión de chistes verbales y gags visuales gracias a las intervenciones del insólito protagonista, ya que nos encontramos ante una liviana comedieta cuyo objetivo es entretener especialmente a un público juvenil, sin olvidar pequeñas dosis sentimentales al estilo del tratamiento que Spielberg confiere al famoso extraterrestre en E.T. el extraterrestre (1982).

En su huida a conocer el mundo, el robot se tropieza con una chica que, tomándolo por un alienígena, se lo lleva a su casa. Es entonces cuando comienza el tono cómico que juega con la ignorancia del personaje en un mundo inhóspito que le es totalmente ajeno. Poco a poco va aprendiendo mientras evita a los responsables del proyecto tecnológico que le dio vida, quienes desean atraparlo para reprogramarlo de nuevo como arma de combate. Así pues, Cortocircuito se deja ver mientras se suceden las situaciones absurdas y los protagonistas intercambian ingeniosos diálogos, pero pronto se acaban las ideas y los acontecimientos comienzan a ser redundantes y carecer de interés.

La deriva sentimental y los mensajes aleccionadores de su desenlace acaban por estropear una película que, si bien estaba diseñada desde el principio para toda la familia, podría haber dado más de sí con mayores cuotas de inteligencia y reflexión.

Pau Vanaclocha


 

(0) HOWARD, UN NUEVO HÉROE, de Willard Huyck.

UN PATO VENIDO DE OTRO MUNDO

Esta producción de George Lucas, lanzada publicitariamente a bombo y platillo, es una simple tomadura de pelo al espectador. Guión archiconvencional y poco imaginativo, escasez de medios, un humor con abundancia de mala sombra y revoltijo de elementos galácticos, pseudotecnológicos y rockeros para estar en la onda del más sobado cine comercial USA del momento.

Un film, pues, de un bajísimo nivel que, curiosamente, presenta algún detalle insólito: el pato protagonista, venido de otra dimensión de forma casual, lleva un preservativo en su cartera y hay un esbozo de sexo zoofílico que, naturalmente, acaba siendo una broma.

José Vanaclocha


 

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