GHOST IN THE SHELL

The Major es un híbrido cyborg-humano femenino único en su especie que dirige un grupo dedicado a detener a los extremistas y criminales más peligrosos.

LOS PITUFOS: LA ALDEA ESCONDIDA

Pitufina y sus hermanos practican senderismo por el Bosque Encantado tratando de encontrar un legendario pueblo para los Pitufos. El malvado mago Gargamel intentará atraparles.

ÚLTIMOS DÍAS EN EL DESIERTO

En medio de un árido paisaje, ante la fatiga y alucinaciones, Jesús tiene un encuentro con el Diablo, quien está más que ansioso de tentar al exhausto viajero.

MAÑANA EMPIEZA TODO

Samuel vive la vida sin responsabilidades en la playa en el sur de Francia. Hasta que un día, una de sus antiguos amores le deja en los brazos a un bebé de pocos meses, Gloria: su hija.

MESA 19

Los miembros de una mesa de gente que nadie quiere en una boda, compuesta por invitados que no encajan en ninguna de las otras mesas, deciden hacer algo al respecto.

CANTÁBRICO

En el norte de la Península Ibérica se levanta una gran cordillera como una gran muralla paralela a la costa del mar Cantábrico. Allí habita una extraordinaria criatura: el oso pardo cantábrico.

EL REY DE LOS BELGAS

El rey de los belgas está de visita oficial en Estambul cuando Bélgica colapsa. Una tormenta impide su regreso. Con la ayuda de estrafalarios personajes logra cruzar la frontera de incógnito.

DAVID LYNCH: THE ART LIFE

Viaje íntimo a través de la trayectoria del emblemático cineasta David Lynch desde sus años de formación en un pequeño pueblo hasta su vida en las oscuras calles de Filadelfia.

TODO MUJER

Amalia vive como una ermitaña en un palacete decrépito, donde habita un intruso enamorado. Un día se cruza con un mendigo y su decisión de recogerle de la calle cambiará su vida.

BELLA DURMIENTE

El joven príncipe Egon pasa sus noches tocando la batería. De día, sólo una idea ronda su cabeza: internarse en el reino vecino para encontrar a la Bella Durmiente y romper el hechizo.

miércoles, 29 de marzo de 2017

(2) UNA HISTORIA DE LOCOS, de Robert Guédiguian.

EL GENOCIDIO ARMENIO, REVISITADO

El admirado cineasta Robert Guédiguian (Marsella, 1953) ha querido evocar el genocidio del pueblo armenio, al que le unen sus raíces familiares, al cumplirse el centenario de la deportación y exterminio de esta nación sin Estado durante la I Guerra Mundial como consecuencia de la represión de los turcos, que desconfiaban de su lengua, cultura y religión cristiana y de sus ansias de independencia. Este crimen contra la Humanidad fue juzgado tras la derrota del imperio otomano y fueron condenados los principales responsables, pero no hubo castigo alguno porque por entonces se descubrió petróleo en el país y se impuso la pacificación. Esta película
como hizo la estupenda Ararat (2002), de Atom Egoyan pretende rescatar la memoria y evitar el olvido de aquel genocidio aunque el territorio armenio, dividido, sigue hoy bajo el dominio de Turquía y de Irán después de que la parte que pertenecía a la URSS lograra convertirse en república soberana en 1991.




Robert Guédiguian ha adaptado, cambiando muchos elementos, la novela autobiográfica del periodista José Antonio Gurriarán La bomba —que estalló en Madrid en 1981—, pues en el film la víctima es un joven parisino inocente, aunque los activistas en uno y otro caso sean miembros del Ejército Secreto de Liberación de Armenia que entonces tenía su refugio en Beirut (Líbano).

Pero el realizador marsellés se ha metido en un berenjenal al querer abarcar demasiado mezclando datos objetivos y emociones, episodios metidos a la fuerza y buenas intenciones, la comprensión de la venganza con la invocación de la justicia y el perdón, declarándose comunista internacionalista pero olvidando a las clases sociales para insistir en la identidad nacional, echando mano de iconos de Marx y Engels, Lenin, el “Che” Guevara, Arafat, etc. con referencias a ETA y a la lucha armada de organizaciones terroristas de Irlanda, Italia y Alemania, a los que a veces nombra como “guerrilleros”.

Falta rigor político e histórico y sobra esa mirada humanista, bienintencionada, que reclama el encuentro personal, el abrazo, entre víctimas y verdugos para resolver los conflictos. Hay un prólogo en blanco y negro sobre el atentado mortal, en el Berlín de 1921, contra un genocida turco —el embajador Talat Pasha— a manos de un patriota armenio que fue absuelto por un tribunal alegando los grandes sufrimientos de su pueblo —millón y medio entre muertos y exiliados—, sometido a una limpieza étnica por temor, también, a que apoyara a Rusia en la Gran Guerra.

Se ha mezclado con escaso criterio la “gran Historia” con la “pequeña historia” protagonizada por individuos y familias. Y finalmente se dedica la película a los “camaradas turcos” del director —progresistas— a quienes se pide que reconozcan y condenen el holocausto de los armenios, especialmente ellos que han tenido que sufrir la sangrienta represión de las dictaduras que tanto han abundado en su propio país.

Pau Vanaclocha


 

martes, 28 de marzo de 2017

(2) RARA, de Pepa San Martín.

UNA FAMILIA "DIFERENTE"

Esta producción chilena constituye el debut en el largometraje de Pepa San Martín (Curicó, 1974), una ayudante de dirección y realizadora de cortometrajes que se ha inspirado para escribir el guión en el caso real de la jueza Karen Atala, que fue desposeída por un tribunal de la custodia de sus hijas a causa de su condición de lesbiana y por convivir con su compañera.




Bien acogida en los festivales de Berlín y de San Sebastián, Rara es una crónica familiar elaborada con notable sensibilidad psico-afectiva aunque rehuyendo todo parecido con una proclama feminista, limitándose a contar con gran sencillez y economía de medios las tribulaciones e inseguridades de Sara, una adolescente de 13 años —ella asume el punto de vista narrativo— que tiene una hermanita y que vive con su madre separada y con la novia de ésta, teniendo que afrontar la pretensión de su padre, casado ahora con otra mujer, de que las dos niñas vayan con él a su nuevo hogar.

En la película, un relato totalmente apegado a un realismo cotidiano, somos testigos de las vivencias de la protagonista, propias de una edad difícil —el colegio, las amigas, los chicos, las primeras observaciones sobre el sexo, etc.—, en un momento en que ella abandona la infancia, debe racionalizar el mundo que la rodea y aclarar los sentimientos confusos que la abruman, agravado todo ello por su "peculiar" situación familiar y por los prejuicios homófobos de su entorno.

En busca de la mayor objetividad, procurando no explicitar demasiado su postura ideológica, Pepa San Martín ha logrado hacer un film honesto y sincero pero quizás excesivamente plano y neutro en cuanto a su estructura dramática.

José Vanaclocha


 

(2) UN HOMBRE LLAMADO OVE, de Hannes Holm.

MAÑANA, TRAS LA TORMENTA, SALDRÁ EL SOL

Esta producción sueca obtuvo el premio a la mejor comedia del Cine Europeo 2016 y es una adaptación del bestseller homónimo de Fredrik Backman, una opera prima literaria de éxito internacional convertida en película que ha arrasado también en taquilla. El realizador del film es Hannes Holm, del que solamente conocimos la discreta Eva y Adán (1997).




Mediante una serie de flashbacks se van mostrando al espectador las diferentes etapas de la vida de Ove, encarnado con acierto por el actor Rolf Lassgård, concretamente su infancia y juventud, hasta que una serie de desgracias y adversidades le convierten en un viudo sin trabajo, amargado, intolerante, gruñón, solitario, obseso del orden y la disciplina comunitarias así como propenso al suicidio hasta que unos nuevos vecinos del barrio sumamente cordiales le cambian la vida, despertando la bondad que dormía en el interior de su persona.

En resumen, que la vida ha golpeado dura y repetidamente al protagonista y él se venga con quienes le rodean, todo ello contado con un exceso de buenos sentimientos y con un grado de elementalidad propio de los más simples manuales de autoayuda. El mensaje que destila es claro: la empatía y la solidaridad ayudan a superar los problemas personales. La tragedia es aquí endulzada con el almíbar del optimismo, todo muy previsible pero enlatado en forma de digno entretenimiento gracias a la labor de unos actores competentes y a la acertada realización de Hannes Holm.

Aparecen detalles autobiográficos del novelista como son su amor por España —hay una secuencia rodada en Mallorca, seguramente recuerdos de vacaciones— y el hecho de que su esposa sea una iraní a la que conoció en nuestro país. Para completar la fácil digestión de la película, en la banda sonora pueden escucharse algunas famosas y agradables canciones de los años 70 y 80.

José Vanaclocha


 

domingo, 26 de marzo de 2017

(3) SAFARI, de Ulrich Seidl.

DE CAZA POR TIERRAS AFRICANAS

Resulta incalculable el número de películas con presencia de animales de todas las especies pero seguramente ¡Hatari! (Howard Hawks, 1962) constituye un hito por centrar toda su atención en la captura de diversos animales salvajes africanos para su venta posterior a los parques zoológicos de todo el mundo, con alteración de su estado natural pero con respeto a la diversidad biológica del planeta. Más limitada es la cantidad de films dedicados a retratar con ojos críticos la caza como un deporte mortífero y como un negocio abusivo, pudiendo destacar en este terreno a las pioneras Las raíces del cielo (John Huston, 1958), basada en una novela de Romain Gary, y Vidas rebeldes (John Huston, 1961), con guión de Henry Miller, además de Cazador blanco, corazón negro (Clint Eastwood, 1990), inspirada en un relato de Peter Viertel.




Safari es un documental reconstruido, una hábil mezcla de realidad y de ficción que presenta a varios turistas austríacos que se dedican, también en un país africano, a matar antílopes, cabras y ñus en estado salvaje como una forma de diversión, naturalmente pagando un elevado precio por pieza exterminada. La mirada de Ulrich Seidl puede parecer neutral pero conlleva una decidida repulsa de esta actividad porque aunque la cámara pueda parecer objetiva en su tarea de enseñar las vacaciones de unos europeos blancos y ricos, los encuadres tan cuidados, fijos y perfectamente equilibrados tienen la misión de evitar imponer el punto de vista del director para limitarse a ofrecer materiales audiovisuales al espectador para que sea él el que reflexione y saque sus propias conclusiones. Pero quien acuse a este film y a su director de "ambiguo" es que no ha visto con rigor los incisivos dardos lanzados previamente en Import/Export (2007), la trilogía Paraíso Fe (2012), Amor (2012) y Esperanza (2013)— y En el sótano (2014).

El toque ritual de trompas al principio y al final del relato enmarca el tradicional ceremonial de las cacerías, normalmente practicadas por un clase social aristocrática o burguesa, disfrazando como actividad lúdica de simple recreo la matanza sangrienta y dudosamente ética de seres vivos indefensos. El hombre es el único animal capaz de gozar matando sin necesidad a las bestias pues éstas sólo lo hacen por la necesidad de defender su territorio, la comida, a las hembras y a sus crías. 

También podemos observar en Safari la posición subordinada de la población negra con alusiones a la comida de la carne desechada, las muchachas posando en medio de la colección de cabezas disecadas, la impostada pose heroica en las fotografías con los "trofeos", las banales disertaciones pseudo-filosóficas de los turistas, etc.

El lenguaje nunca es neutral y por eso se procura dar una pátina civilizada a las cacerías que esquilman la riqueza biológica, abusivas actividades depredadoras en las que siempre lleva ventaja el hombre —fusibles potentes y certeros, trípodes para apoyar el arma, auxiliares contratados para facilitar la operación y garantizar la seguridad de los cazadores, etc.—: se manipulan las palabras utilizando "cobrar" por "matar", "pieza" en vez de "animal" y "presa" en vez de "despojo"... A los cazadores y a los espectadores del film se les evita ver la cruel agonía de los ejemplares tiroteados pero el realizador se salta esta regla, con toda intención, captando el minucioso y largo despiece de la jirafa, de la que se arranca la piel, se vacían las entrañas y se corta la cabeza. 

Ulrich Seidl emplea con toda intención una frialdad narrativa lograda a base de "asépticos" planos generales, frontales y de composición perfectamente simétrica así como de insulsos tiempos muertos para sugerir sutilmente la relación de dominio entre colonizadores y colonizados. Se trata de un cine nada gratificante cuya presunta imparcialidad pretende no molestar a nadie aunque en realidad es una bomba que estalla haciendo pensar al espectador, guiándolo hacia una lectura crítica del discurso fílmico. Un cine de gran valor antropológico que denuncia el incumplimiento de unos valores éticos que decimos respetar y un interesante documento sobre las agresivas relaciones del hombre con su entorno ecológico, poniendo al descubierto su insaciable afán destructor y su falta de respeto por la Naturaleza.

José Vanaclocha



sábado, 25 de marzo de 2017

(2) CRUDO, de Julia Ducournau.

UN INSÓLITO CAMBIO DE DIETA

En un género tan manoseado como el de terror, codificado hasta el extremo, resulta muy complicado ser original. Y una forma inteligente de serlo es introduciendo en un contexto realista, casi documental, un elemento perturbador que rompa esquemas y se aleje de convencionalismos. La opera prima de Julia Ducournau aplica esta fórmula con talento al converger en un mismo relato una inquietante historia de canibalismo en el marco cotidiano de la vida universitaria.

Así, la joven Justine ingresa en la facultad de veterinaria siguiendo la tradición de su familia. Durante la primera semana intenta integrarse en el ambiente académico soportando todo tipo de inocentadas e intimando con sus compañeros de clase. Tras ser obligada a comer carne cruda, rompiendo con su estricta dieta vegana, empieza a desarrollar un apetito antropófago que deberá aprender a controlar.




Distinguida con el premio FIPRESCI en el festival de Cannes 2016 y aclamada en Sitges del mismo año obteniendo galardones en tres categorías —Premio Citizen Kane a la mejor dirección novel, Premio Jurado Carnet Jove a la Mejor Película y Méliès d’Argent - Premio Mejor Película Europea SOFC 49—, Crudo narra el descenso a los infiernos del vicio y la depravación de una chica que da rienda suelta a sus instintos más salvajes. Pero lo hace con un estilo sencillo, sin florituras, cercano a la crónica de costumbres, que lo aleja del típico film basado en sustos y frenéticas escenas de acción, resultando sorprendente y aterradora la naturalidad con que se aborda el tema del canibalismo. Esta no es, por tanto, una película de terror al uso, pues trata más bien del viaje iniciático de una joven que descubre su sanguinaria naturaleza, equiparando en un contundente sentido metafórico la inocencia e inexperiencia con el vegetarianismo y su despertar sexual con el hambre de carne humana.

Impactante y visceral, Crudo ha causado la polémica allá donde ha sido exhibida, provocando reacciones incómodas en una parte del público. Cierto es que la sangre y la violencia aparecen constantemente en la pantalla, pero lo que más desagrada es la espontaneidad y franqueza con que se muestran. Esa es una de las esencias del llamado cine posmoderno.

Pau Vanaclocha


 

miércoles, 22 de marzo de 2017

(1) LA BELLA Y LA BESTIA, de Bill Condon.

CALCOMANÍA DISNEYANA

El presente film se enmarca dentro de la lucrativa dinámica de traslación a imagen real del vasto repertorio de cuentos versionados por la factoría Disney, cuyos resultados han oscilado entre la ñoñería barroca de Cenicienta (2015) y la hipertrofia hiperrealista de El libro de la selva (2016), pasando antes por una insólita reivindicación del villano en Maléfica (2014), auténtico contrapunto fílmico de La bella durmiente (1959). La película de Bill Condon incide en la primera tendencia, configurando una exuberante —técnicamente hablando— pero endeble —en términos narrativos— reproducción de La bella y la bestia (1991), la famosa animación de Gary Trousdale y Kirk Wise.




En general y salvo citadas excepciones, lejos de aprovechar la coyuntura para “modernizar” los relatos populares según los gustos y sensibilidades del público actual, la Casa del Ratón se limita a fabricar sofisticados calcos usando los moldes de siempre. Así, la paradoja de esta nueva versión de la obra publicada en 1756 por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont es que cuanto menos se aleja de la ortodoxia y manifiesta tener menor autonomía el resultado es mucho mejor. Aquellos elementos que implican renovación o novedad aportan artificiosidad y acaban restando cohesión al conjunto: la inclinación sexual de Lefou, pagafantas homosexual del antagonista Gastón; o los personajes negros de los vasallos de Bestia no son sino frías decisiones del departamento de marketing para integrar colectivos antes inexistentes en los amables cuentos infantiles europeos.

Aún así, lo más decepcionante, sin duda, es la domesticación de la Bestia, que envuelto en un refinado efectismo digital parece tan peligroso como un gatito. Prefiero, a pesar de sus limitaciones, la versión "adulta" de La Bella y la Bestia (2014) de Christophe Gans, cuyos tonos claroscuros demuestran que los cuentos de antaño, en su origen, no eran tan bobalicones como ahora.

Pau Vanaclocha


martes, 21 de marzo de 2017

(4) LOCAS DE ALEGRÍA, de Paolo Virzì.

LA ESCAPADA

Presentada en el festival de Cannes y premiada como mejor película y por la mejor interpretación femenina en el de Valladolid (SEMINCI 2016), Locas de alegría viene a sumarse a la lista de las películas más destacadas de Paolo Virzì: Caterina se va a Roma (2003), La prima cosa bella (2010) y El capital humano (2013). En esta ocasión ha colaborado en el guión la también realizadora Francesca Archibugi, con la que trabó amistad cuando ambos eran alumnos en el Centro Sperimentale de Roma. Antes de la escritura, los dos se documentaron hablando con psiquíatras y visitando hospitales especializados, descubriendo que había muchas clases de enfermos mentales y diversidad de centros asistenciales, unos con una disciplina más severa y otros más abiertos y tolerantes que incluían el trabajo artesanal como una terapia para la mejoría o la curación.




El film debe gran parte su interés a sus dos protagonistas, las excelentes Valeria Bruni-Tedeschi (Beatrice), una condesa que se cree millonaria, y Micaela Ramazzotti (Donatella) —esposa de Paolo Virzì en la vida real— que interpreta a una joven insegura y vulnerable con aspecto punky. Pero pese a sus diferencias de clase, de cultura y de personalidad ambas se hacen amigas, con mutua comprensión y ternura, en Villa Biondi, una institución psiquiátrica de la Toscana para mujeres trastornos psíquicos, que el film nos irá desvelando a lo largo de su desarrollo.

Sin duda, Locas de alegría es una comedia dramática influida por la fecunda tradición italiana de los años 60-80 —Dino Risi, Luigi Comencini, Ettore Scola, Mario Monicelli, etc.—, una corriente que supo introducir sabiamente el testimonio costumbrista y a veces político sobre la Italia del momento en unas tramas y unos personajes divertidos en los que no faltaban, sin embargo, detalles de una total seriedad. En esta ocasión se ha logrado una magnífica película gracias al acierto en la creación de un clima vitalista, un ritmo vivo, una brillante puesta en escena, una estupenda labor interpretativa, sutiles apuntes críticos contra el sistema y una fuerte carga emocional a la que contribuye poderosamente la hermosa canción de Gino Paoli Senza fine. Algunos comentaristas han encontrado razonables parecidos entre esta película y Telma y Louise (1991) por la presencia de una pareja femenina que huye de un entorno machista en busca de la libertad y enfrentándose a un mundo hostil, aunque yo añadiría también cierto paralelismo —pese a sus distintos estilos— con La gran belleza (2013) en cuanto a la funcionalidad de unos itinerarios que nos hacen descubrir la “locura” de la sociedad italiana actual.

El relato adopta el punto de vista de las protagonistas, identificándose con sus delirios, y asume su rebeldía contra las normas establecidas ya que su escapada representa para ellas una oportunidad para liberarse mostrándonos de paso que la sociedad que las margina es también otro tipo de manicomio repleto de delincuentes y aprovechados donde prevalece el egoísmo y la injusticia. Beatrice y Donatella son unas víctimas del dolor que les han producido los engaños, desprecios, abandonos, frustraciones y, sobre todo, la soledad. En su caso, la mitomanía —fantasías y mentiras—, la extravagancia y la incomunicación sólo son estrategias para liberarse de las insoportables ataduras impuestas por el sentido común y las reglas sociales. La locura funciona en ellas como una evasión defensiva ante las adversidades que les hacen sufrir y les impiden alcanzar la felicidad.

José Vanaclocha


 

(3) INCIERTA GLORIA, de Agustí Villaronga.

FANTASMAS DE LA GUERRA CIVIL

Con Incierta gloria se completa una trilogía cinematográfica sobre la Guerra Civil española
no planificada de antemano— realizada por Agustí Villaronga, un mallorquín de 64 años afincado en Barcelona cultivador de un estilo fílmico trasgresor muy personal, después de habernos ofrecido El mar (2000) y Pan negro (2010). Pero tampoco aquí hay espectaculares acciones bélicas sino una trama dramática sustentada en personajes presentes en el frente de Aragón (año 1937), con habitantes del lugar, las tropas republicanas procedentes de Cataluña y el ejército sublevado avanzando hacia la zona.

El film es una adaptación de la extensa novela homónima
escrita en 1954— de Joan Sales, un comandante republicano que tuvo que exilarse tras la derrota hasta regresar en 1948 a Cataluña, aunque el relato fílmico está notablemente podado y condensado respecto al original literario, una operación de selección y de síntesis narrativa que ha condicionado el no muy riguroso tratamiento del paso del tiempo y, sobre todo, el estudio psicológico de los personajes, un tanto esquemáticos algunos pese al palpable intento de evitar el maniqueísmo de un enfrentamiento entre "buenos" y "malos" de una pieza. Pese a todo, el problema principal a resolver era cómo enfocar el tratamiento de una gran cantidad de seres humanos y de sucesos con la limitada duración del film, unos 116 minutos.




Mención especial merecen los intérpretes más veteranos —especialmente Terele Pávez, Juan Diego y Fernando Esteso— que participan en esta mirada negra y trágica, nada épica ni panfletaria, sobre la Guerra Civil española, con un tratamiento que el director ha declarado haber elegido para poder interesar a una mayoría de espectadores, a diferencia de muchas de sus anteriores obras, bastante herméticas y minoritarias, contando con un planteamiento industrial sustentador de su trabajo como “autor” y capaz de producir beneficios.

Otra de las cuestiones que la película plantea —más allá de su dimensión humanista— es cierta ambigüedad ideológica que busca una objetividad ajena a todo partidismo, lo que disgustará posiblemente a los acérrimos defensores del explícito compromiso ideológico de toda creación artística así como la necesidad de tomar partido —en el sentido gramsciano, pero sin caer en el tosco “realismo socialista”—, una polémica que ya tuvo lugar cuando David Trueba adaptó en 2002 la novela Soldados de Salamina de Javier Cercas.

Por las razones apuntadas me he sentido algo confuso ante este —sin duda— estimable film que procura retratar a un amplio muestrario de personas y de clases sociales —con especial atención a la “viuda” Carlana— así como la frágil situación de la España leal, con escasos recursos y con demasiado sufrimiento, aunque todo el discurso descanse en dos pilares básicos: la codicia de dinero y propiedades, susceptible de conducir a la traición y el crimen, y sobre todo el deseo sexual como pulsión capaz de alterar las conductas y desviarlas de un recto sentido de la decencia.

Incierta gloria es, antes que nada, un desolador drama rural —la política tiene una presencia poco determinante— que está construido desde la profunda decepción sufrida por una izquierda vencida y aniquilada, un laberinto de pasiones poblado de perdedores, de una generación sin futuro abocada a la muerte en combate, a la derrota, a la huida, al dolor y a la mera supervivencia. Esta lucidez que convierte el pesimismo en realismo nos viene formalmente expresada mediante una fotografía de tonos oscuros en la que se han eliminado casi por completo los colores.

Un relato gótico, repleto de miserias materiales y morales, desarrollado con un estilo que pretende conjugar el naturalismo con los fantasmas de una guerra y de un país que pudieron haber sido algo más que una monumental hecatombe y una tremenda desilusión.

José Vanaclocha


 

(1) TOP SECRET, de Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker.

ESPÍA COMO PUEDAS

Los mismos responsables de Aterriza como puedas (1980), parodia absurda del cine de catástrofes, configuran en Top Secret una disparatada caricatura del cine de espías. La fórmula es sencilla, basándose en la mera sucesión de delirantes gags partiendo de un anecdótico argumento, pero debe reconocerse su mérito: no son pocos los sketchs que despiertan la risa cómplice, cuando no la sonora carcajada.



Nick Rivers (Val Kilmer), un cantante rock, acude a Alemania Oriental para participar en un festival cultural curiosamente ese territorio todavía parece estar controlada por los nazis y bajo el ataque de la Resistencia francesa. Allí se pone en contacto con la Resistencia, liderada por el flamante Nigel (Christopher Villiers) y ayuda a la bella Hillary Flammond (Lucy Gutteridge) en el rescate de su padre (Michael Gough), un brillante científico que está en manos de los alemanes y al que obligan a construir una peligrosa arma secreta.

Desde el primer instante se evidencia el carácter lúdico y desmitificador de un relato diseñado desde el único prisma del humor. Eso sí, debe verse como lo que realmente es: un liviano pasatiempo. En cuanto le quieres ver trascendencia al producto su complexión es tan frágil que todo cae por los suelos. La película cuenta con breves actuaciones de Omar Sharif, como el agente Cedric, y Peter Cushing, como el sueco dueño de una librería, pero ni eso le confiere más entidad.

Pau Vanaclocha


domingo, 19 de marzo de 2017

(0) DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES, de Charles Shyer.

RUPTURA FAMILIAR

Una niña desgraciada pide al tribunal que la libere de la tutela de sus padres divorciados, cuyas disputas y respectivos éxitos profesionales les impiden atenderla adecuadamente. 




Estamos ante otra beatífica y sensiblera comedia USA perteneciente a la nueva ola de "rearme moral" reaganiano, a mayor gloria del matrimonio, la familia y el amor eterno. Los convencionalismos, los trucos de guión y el sugerido final feliz con reconciliación incluida harán las delicias de aquellos que no les gustó nada Lío en Río (1984), de Stanley Donen.

José Vanaclocha




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