CENICIENTA

Cuando el padre de la joven Ella, un rico comerciante, muere repentinamente en la casa familiar, su hija es relegada a ser una sirvienta de su madrastra y sus dos hermanastras.

FOCUS

Un estafador acoge a una atractiva joven bajo su protección, pero su romance acaba separándolos. Años más tarde, ella reaparece en Buenos Aires en un circuito de carreras en el que hay jugosas apuestas.

CITIZENFOUR

En enero de 2013, Laura Poitras comenzó a recibir e-mails cifrados que denunciaban la vigilancia ilegal dirigida por la NSA. Más tarde, voló a Hong Kong para encontrarse con Edward Snowden.

EL NUEVO EXÓTICO HOTEL MARIGOLD

Sonny le ha echado el ojo a un prometedor inmueble ahora que su primera empresa, El Exótico Hotel Marigold para Personas Mayores y Encantadoras, sólo tiene una habitación libre.

CALABRIA

La historia de una familia criminal calabresa, dedicada al tráfico de drogas, compuesta por tres hermanos hijos de pastores, con el alma dividida entre hacer lo correcto o salvar a su familia.

POLICÍA EN ISRAEL

Yaron es un policia de la unidad antiterrorista israelí. Está emocionado porque su mujer va a dar a luz. Un encuentro con un grupo violento le enfrentará a la guerra de clases en Israel y a un conflicto interior.

LA ESPINA DE DIOS

Palestina. Siglo I. Los israelíes permanecen bajo dominación romana. Un grupo de hombres comienza a predicar la próxima venida del Reino. Su líder, Jesús de Nazaret, insufla ilusión en los corazones.

martes, 24 de marzo de 2015

(1) HOME: HOGAR, DULCE HOGAR, de Tim Johnson.

PERIPLO EMOCIONAL DE UN ALIENÍGENA INADAPTADO

Muy discreta, casi decepcionante, me ha parecido la última producción de DreamWorks, adaptación del libro infantil de Adam Rex The true meaning of Smekday. No ya por la irritante simpleza del argumento o el torpe esquematismo de los personajes, sino también por ser la menos reconocible del sello particular de esta factoría: acostumbrado a sus desmitificadoras y desternillantes propuestas, antítesis de la pudorosa y blandengue Disney —al menos de antaño, ahora parece atravesar un proceso de renovación de contenidos, más acorde con los gustos del público actual—, Home: hogar, dulce hogar es un rutinario relato infantil resultado de una amalgama de títulos precedentes, siendo inevitable su comparación con Lilo & Stitch (2002) por su semejanza argumental.




Huyendo de sus enemigos, una raza de alienígenas coloniza la Tierra, expulsando a la Humanidad de su hogar y reubicándola en las vastas planicies de Australia. Uno de estos cabroncetes conoce a una adolescente que busca a su madre a la que ha perdido durante la invasión, viviendo una serie de aventuras en las que surgirá la amistad y aprenderán importantes lecciones vitales.

No sé si son los mencionados defectos, o su insoportable pretexto aleccionador, o la poca creatividad empleada en su concepción, pero Home: hogar, dulce hogar carece del mínimo interés como película, más allá de usarla como excusa para entretener al crío. Una animación que aspire a trascender no debe tratar como estúpidos a los niños, y mucho menos desatender al público adulto que lo acompaña. Y la presente cinta evita cualquier complejidad tanto en el tratamiento de ciertos temas —la inadaptación, la soledad, la empatía hacia el prójimo, etc.— mientras que abusa del efecto cómico de algunos gags excesivamente desgastados. Todo son gestos y muecas, pero poca historia, poca vivencia y poca emoción.

Pau Vanaclocha





(3) PRIDE (Orgullo), de Matthew Warchus.

GAYS LONDINENSES Y MINEROS GALESES

Pride (Orgullo) representa para la homosexualidad lo que Transpotting (Danny Boyle, 1996) y Full Monty (Peter Cattaneo, 1997) significaron, respectivamente, para las drogas y el desempleo: una feliz combinación entre mirada progresista, documento social y gancho comercial que permitió transmitir ideas de izquierdas sin perder dinero en el intento.
Pride (Orgullo) se inspira en unos hechos verídicos, aunque puedan parecer poco probables, acaecidos entre 1884 y 1885: la solidaridad entre una organización londinense de gays y lesbianas con los mineros galeses en huelga, dos colectivos rebeldes y entonces acosados por el sistema, cuyo trabajo en el carbón peligraba a causa de la política neoliberal y privatizadora de Margaret Thatcher, que se proponía cerrar aquellas explotaciones que no fueran rentables. La huelga acabó fracasando tras un año de resistencia.

Debe tenerse en cuenta que, como prolongación de la era victoriana, en Gran Bretaña las relaciones homosexuales estaban castigadas con penas de cárcel (Oscar Wilde, Alan Turing, etc.) y sólo a partir de 1966 comenzaron a reformarse las leyes represivas. En el terreno del cine, fueron precursoras las películas, ambas de 1961, Homicidio (William Castle) y Sabor a miel (Tony Richardon), que insinuaban la condición homosexual de sus protagonistas. El interés de
Pride (Orgullo) de Matthew Warchus (Yorshire, 1966, experimentado hombre de teatro del que sólo conocíamos la discreta película Círculo de engaños, 2003) reside en su inteligente guión y en su brillante realización, con un neto predominio del tono de comedia frente a aislados momentos dramáticos (el SIDA, los padres frente a la salida del armario del hijo, el machismo intransigente y agresivo) sin abusar nunca de los gestos amanerados ni de los ligues propiciados por el ambiente.




La película posee todos los elementos necesarios para convertirse en un gran éxito de taquilla porque su optimismo vital, su tolerancia ideológica y su emotivo desenlace le permiten llegar a un público mucho más amplio del que lograron, con su realismo fuertemente pesimista, tanto La ley del más fuerte (R. W. Fassbinder, 1975) como El lugar sin límites (Arturo Ripstein, 1978).

Y sin ir tan lejos, aún recuerdo que en los años 70, al final del franquismo, en el partido comunista español predominaba la homofobia mientras muchos gays estaban más preocupados por sus propios ligues que por conquistar las libertades colectivas. Una poderosa contribución a la buena acogida de
Pride (Orgullo) la constituye su banda sonora: música pop y disco de aquella época con “hits” de los ya míticos grupos Frankie go to Hollywood, New Order, Pet Shop Boys, Culture Club y Bronski Beat.   
                                                                                 
José Vanaclocha




miércoles, 18 de marzo de 2015

(1) CHAPPIE, de Neil Blomkamp.

FALLO DE PROGRAMACIÓN

Tras su destacable aparición en el panorama cinematográfico con District 9 (2009), un humilde pero entretenido relato de ciencia-ficción sobre un futurible apartheid alienígena en la ciudad más grande y poblada de Sudáfrica, Neil Blomkamp entró por la puerta grande de Hollywood con Elysium (2013), otra historia distópica en la que los parias de una Tierra devastada y superpoblada se rebelan contra las élites que habitan una inalcanzable estación espacial. En ambas, el realizador planteó interesantes reflexiones políticas, económicas y sociales relacionadas con la realidad actual, como el fenómeno de la inmigración, el deterioro medioambiental y la inestabilidad política provocada por los excesos del capitalismo más despiadado... Su tercer film, sin embargo, carece de ese componente especulativo convirtiéndose en un aleccionador cuento, emotivo pero cruel, sobre las vicisitudes de un robot creado para combatir la delincuencia que cobra conciencia y, desde cero como un niño de metal, debe aprender a vivir junto a tres pandilleros de un suburbio desolado de Johannesburgo, un entorno peligroso y hostil.




Nos encontramos, pues, ante la enésima película que aborda la inteligencia artificial y el papel de la robótica en el presente y futuro de la Humanidad. Pero lejos de ofrecer nuevos puntos de vista sobre dicha temática, Chappie no disimula sus fuentes de inspiración ochenteros, pecando de una falta de originalidad agravada por su innegable liviandad. Amén de la paupérrima construcción de personajes y de la pobreza estructural de un guión formado por arbitrarias decisiones argumentales. A medio camino entre Cortocircuito (1986) —un fallo de programación otorga a un robot personalidad propia, sentimientos y emociones... que debe aprender a gestionar—  y Robocop (1989) —la violencia campa a sus anchas en las calles de una ciudad, ante lo cual las autoridades contratan a una empresa privada para que sus robots sirvan de apoyo en su lucha contra el crimen—, Chappie plantea las dificultades de la educación en ambientes marginales donde las bandas callejeras ejercen su ley: el “recién nacido” Chappie es encontrado por unos macarras, interpretados por los integrantes del grupo underground originario de Ciudad del Cabo Die Antwoord, quienes le enseñan con mentiras y manipulaciones a delinquir pese a su insobornable decisión de no hacer daño a los seres humanos. Acuciado por las dudas y los mensajes contradictorios que le rodean, el protagonista va evolucionando hacia la madurez en una trama que combina conflictos entre pandillas, oscuros intereses empresariales —Sigourney Weaver está totalmente desaprovechada— y un militar ambicioso —un torpe Hugh Jackman haciendo de villano, su personaje no daba para más— que quiere destruirle para conseguir que le financien su aparatosa y costosísima máquina de matar, similar al ED-209 de la mencionada película de Paul Verhoeven.

Lejos de aparentar un sólido blockbuster de 50 millones de euros de presupuesto, Chappie se asemeja a una gamberra action-movie de los años 80. Para integrarse en la banda, Chappie es tuneado con grafitis y medallones, asumiendo además una jerga propia de gente de baja calaña, lo que da a la historia un tono pueril de serie B. Su resolución plantea la posibilidad de copiar y transferir la mente humana como si fuera un programa informático, permitiendo un final gratificante que da pie a una segunda entrega. Como otros anteriormente, Neil Blomkamp ha perdido libertad creativa y se ha vendido a la industria. Recemos por su alma.

Pau Vanaclocha



(3) NEGOCIADOR, de Borja Cobeaga.

LOS ENTRESIJOS CÓMICOS DEL CONFLICTO VASCO

Borja Cobeaga (San Sebastián, 1977) es un cineasta todo terreno que ha trabajado en diversos campos, desde el del cortometraje al de la televisión, ya sea como guionista, como director o como productor. De sus películas me gusta más Pagafantas (2009) que No controles (2011) pero ahora nos sorprende gratamente con un film de apenas 80 minutos que aborda, con apariencia de ligereza e intrascendencia, un asunto tan espinoso como el del terrorismo etarra y los intentos del gobierno español de lograr una tregua y, si es posible, la paz definitiva. 




Se trata de un relato de ficción montado sobre una base realista cuyo tono de comedia nos invita a la sonrisa antes que a la carcajada y ello ha sido posible gracias a un guión muy medido en todos sus aspectos, a una puesta en escena caracterizada por la aguda construcción de personajes, al uso de una sutil ironía y al empleo de elipsis para evitar mostrar el contenido concreto de los encuentros, en territorio francés, entre el político vasco y los dos militantes abertzales.

Otras bazas a favor de la película son las ambigüedades semánticas (¿simples conversaciones o negociaciones?) para no molestar al adversario, el fracaso de la operación por fútiles motivos personales y la torpeza de los atentados de ETA y las detenciones policiales que de hecho torpedean las reuniones, sin olvidar la magnífica labor de los actores, especialmente la de Ramón Barea. A ver.

José Vanaclocha




(2) PURO VICIO, de Paul Thomas Anderson.

CONFUSA TRAMA DETECTIVESCA

Este séptimo largometraje del cineasta Paul Thomas Anderson (Los Ángeles, 1970) viene a reavivar la discusión que suele acompañar al realizador de Boggie nights (1997), Magnolia
(1999), Pozos de ambición (2007), The master (2012), etc. porque en esta ocasión ha adaptado una novela de Thomas Pynchon para convertirla en un film posmoderno que rompe con todas las reglas tradicionales del género “negro” clásico. Si Sam Spade o Philip Marlowe conservaban su elegancia, su fina ironía y las buenas maneras pese al estercolero moral en el que solían adentrarse, el Larry “Doc” Sportello encarnado aquí por Joaquín Phoenix cuyo estilo interpretativo evoca al del célebre “método” aparece como un sabueso marginal, sucio, mal vestido, con un pelo mugriento, pasota y adicto a fumar hierba.




Estamos ya en el tránsito de los años 60 a los 70 y la rigurosa lógica detectivesca en la resolución de la intriga que se impuso en la posguerra se diluye en medio de un guión demasiado confuso
con sus tramas, subtramas, decenas de personajes, diversidad de ambientes, variedad de delitos y sexualidad compulsiva— cuyo desarrollo narrativo arranca con la confidencia de una antigua novia del protagonista que acaba destapando todo un caudal de podredumbre.

Hay un contaste evidente,
que es como un telón de fondo, entre dos formas de vida, con el consiguiente desengaño para quienes son arrollados por el tren de los nuevos tiempos y que funciona como metáfora de una sociedad estadounidense que ha perdido ya la inocencia, pasando de la honradez económica, la vida natural, la contracultura hippy y las ansias de paz a unos valores de recambio dominados por la corrupción y los  negocios sucios: la guerra de Vietnam, las depredadoras operaciones inmobiliarias, la sustitución de la marihuana por la heroína, la privatización de la sanidad pública con el abandono a su suerte de los más pobres y las bandas neo-nazis como guardianes de la ley y el orden del país. Richard Nixon era aún presidente de la nación y Ronald Reagan era el gobernador de California.

El problema de Puro vicio radica en su desmesura y dispersión porque resulta difícil encajar bien las numerosas piezas del puzzle que se van mostrando a lo largo de dos horas y media de proyección. El espectador puede perderse ante tanto recoveco argumental. Atractiva banda sonora con buenas canciones de la época retratada.

José Vanaclocha




miércoles, 11 de marzo de 2015

(1) PERDIENDO EL NORTE, de Nacho G. Velilla.

LA GENERACIÓN PERDIDA

Dos jóvenes españoles con extensa formación universitaria y muchas ganas de trabajar se ven abocados a nutrir las vastas filas del desempleo, pese a sus desesperados intentos por encontrar un curro que les permita, como mínimo, subsistir. Tras contemplar en un programa de TV del tipo Españoles por el mundo cómo un avispado compatriota triunfa en Berlín, los dos amigos deciden emigrar a la capital germana para materializar sus deseos de prosperidad. Sin embargo, allí descubrirán que el pretendido “sueño alemán” puede convertirse en una auténtica pesadilla.

La nueva comedia del zaragozano Nacho G. Velilla, responsable de Fuera de carta (2008) y Que se mueran los feos (2010), pretende recrear en tono humorístico el fenómeno actual de la emigración española al norte de Europa, evocando inevitablemente la primera oleada protagonizada por los hijos de la Guerra Civil en los duros años 60. El guionista y productor de series televisivas tan míticas como 7 vidas y Aída se aproxima, por tanto, a una realidad social conocida por todos, en un intento de combinar cierta voluntad testimonial con el legítimo cometido lúdico del cine más popular. 




No obstante, el resultado es irregular porque al caricaturizar la figura del sufrido emigrante la historia no convence como denuncia de las adversidades y penalidades del mismo. Pero tampoco alcanza la categoría de comedia inteligente por la deriva vodevilesca y el tono costumbrista rancio plagado de tópicos que exhibe el relato. Ni siquiera la intervención de José Sacristán —Angelino, el emigrante que fanfarroneaba en su pueblo de su falso éxito profesional en ¡Vente a Alemania, Pepe! (1971)— como encarnación de los españolitos que durante el Franquismo huyeron de una España que no podía alimentarlos enfatiza el enfoque social de la película, condenada a una sucesión de gags de marcado acento escatológico y sexual. Las reflexiones de su personaje son dolorosos recordatorios y una amarga advertencia de estar repitiendo los mismos errores del pasado.

El experimentado equipo de guionistas emplea con pericia numerosos latiguillos que la clase política —intencionadamente— o la sociedad —pasivamente— han asumido como argumentario de la crisis económica: ¿de verdad somos “la generación más preparada de la Historia”? Los informes PISA no son tan optimistas. ¿De verdad “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”? Los más lacerantes ejemplos de despilfarro siempre provienen de las administraciones públicas y sus organismos dependientes, así como de las entidades financieras... todas ellas gestionadas por las corruptas élites políticas y financieras del país. Pero a ellos no se les culpa de nada. 

Perdiendo el norte no evita mostrar las contradicciones del que sale de su país para comerse el mundo y pronto ve cómo se derrumban sus ilusiones. La falsa prosperidad de muchos emigrados, el desengaño de los ingenuos al comprobar la verdad que ocultaban sus “enriquecidos” paisanos, la humillación de trabajar como parias y la vergüenza de pertenecer al menor de los estratos sociales de los países de acogida, son verdades que quedan plasmadas en esta comedia agridulce de Nacho G. Velilla. Pero el guión acumula un caudal ingente de flaquezas: lugares comunes, giros arbitrarios de la trama, estereotipos que buscan el chiste... Una pena.

Pau Vanaclocha




martes, 10 de marzo de 2015

(2) CALVARY, de John Michael McDonagh.

SECRETOS DE CONFESIÓN

En su corrosiva y desmitificadora opera prima El irlandés (2011), John Michael McDonagh
hermano de Martin McDonagh, realizador del destacable thriller Escondidos en Brujas (2008) mezclaba la comedia y el suspense ubicando una trama policial en el bucólico paisaje irlandés. Protagonizado por el admirable Brendan Gleeson interpretando a un ortodoxo y expeditivo sargento de policía, y con un inspirado Don Cheadle desempeñando labores de contrapunto cómico, el film resultaba ser un estimable ejercicio narrativo en el que destacaba el ritmo, el rigor expresivo de los planos y la agudeza de los diálogos, todo ello envuelto en un tono melancólico propio de la idiosincrasia local. Afortunadamente, las virtudes de aquella cinta se repiten en Calvary, incluso su hermoso pero agreste escenario.




En un pueblo perdido de la Irlanda más profunda, un párroco es acusado de muerte bajo secreto de confesión. Es la primera secuencia. El resto es una angustiosa cuenta atrás mientras el protagonista entabla contacto con los peculiares habitantes del lugar, revelando toda una serie de conflictos humanos que tocan sin reparo temas tan espinosos como los casos de pedofilia en el clero católico, los malos tratos, el suicidio, la infidelidad, la mala conciencia y el asesinato como acto supremo de venganza. Pese a sus dudas y flaquezas, el cura intenta cultivar la reconciliación entre sus feligreses enarbolando el mensaje principal del film.

El retrato humano del director anglo-irlandés destila pesimismo y ambigüedad moral, pero también un humor negrísimo que compensa tanto drama personal. De nuevo, Brendan Gleeson asume el papel protagónico, encarnando un personaje complejo en matices y sentimientos, a la vez que demuestra una vez más su marcada vis cómica.

Calvary recibió el Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Berlín 2014, galardón concedido por cineastas y críticos católicos, pese a su tonalidad cáustica y fatalista. Pero logra despertar conciencias, invitando a reflexionar sobre el perdón, la asunción de errores y la enmienda de los mismos.

Pau Vanaclocha




(2) SELMA, de Ava DuVernay.

MARTIN LUTHER KING JR.

Pese a la abolición de la esclavitud por Abraham Lincoln en 1865, la población afroamericana de Estados Unidos sufrió un siglo más de pobreza, vejaciones y discriminaciones hasta ver reconocidos sus derechos civiles y, especialmente, el derecho al voto como puerta de acceso a todos los demás. 

Han sido muchas
y de diversa calidad— las películas que han presentado desde una óptica liberal y progresista los maltratos a los negros así como sus protestas y revueltas por la discriminación social, política y económica sufrida. En el ámbito cinematográfico, al principio los actores blancos tiznaban con betún sus rostros (¡como muchos reyes Baltasar de nuestras cabalgatas navideñas!) y más tarde hubo una producción de películas baratas destinadas en exclusiva –en salas reservadas a “gente de color”— a ese público mayoritariamente pobre e inculto. Y cuando en los años 40 los actores pudieron incorporase a Hollywood, en papeles secundarios, se limitaron a representar a criados, músicos, bailarines y a graciosos sin pizca de seso.

Ahora nos llega una crónica fílmica que se centra en la estancia del pastor baptista Martin Luther King Jr. (1929-1968) en la ciudad sudista de Selma (Alabama), donde en la primavera de 1965 contribuyó a organizar tres marchas hacia Montgomery: la primera fue abortada por la dura represión de la policía; la segunda fue suspendida por motivos estratégicos ante la pasividad de las fuerzas de seguridad y la tercera, multitudinaria, fue llevada a término con enorme éxito. El líder de la lucha por los derechos civiles de los afro-americanos ya había encabezado la gran marcha sobre Washington
—el célebre discurso “He tenido un sueño…” en 1963 y había sido premiado con el Nobel de la Paz en 1964.




Lamentablemente, el film ahora estrenado
el primero protagonizado por la figura de M. L. K. debido a que sus herederos pedían una exagerada suma de dinero para poder utilizar textualmente sus brillantes discursos es el típico biopic sobre la figura de un luchador legendario que no se aparta de la trillada senda de la hagiografía, del retrato de un mito con más virtudes que defectos y con más certezas que vacilaciones. Por eso echo en falta aquí la objetividad y la complejidad de los buenos filmes políticos, aquellos que logran trascender la acumulación de anécdotas sin convertirlas en mera propaganda.

En la película aparecen los principales políticos racistas que se opusieron a la labor de Luther King a favor de los derechos civiles de los negros: el sheriff Jim Clark, el gobernador George Wallace, el director del FBI Edgar Hoover y el propio presidente Lyndon B. Johnson, indeciso al principio pero que acabó por facilitarles el voto en 1965, unos meses después de que la TV mostrara en directo la sangrienta y fallida primera marcha en Selma. Aparece brevemente Malcolm X
poco antes de ser asesinado y a quien Spike Lee dedicó un film en 1992 cuya lucha violenta le apartó de la desobediencia civil y de la resistencia pasiva propugnada por Luther King, que se inspiraba en los métodos de Mahatma Gandhi. Muchas organizaciones radicales afro-americanas como el Poder negro, los Hermanos musulmanes, los Panteras negras, etc. le habían definido como un “Tío Tom”, prototipo literario del negro resignado y colaboracionista con la supremacía blanca. Pero ya sabemos que M. L. K. murió tiroteado en Memphis en 1968. Tenía 39 años.

No obstante, hay que analizar Selma como una obra cinematográfica y no como representación de una justa reivindicación política y por eso si llegamos a emocionarnos al final no es por sus cualidades formales sino por la fuerza moral y la razón histórica que destila el relato. A destacar una banda sonora
su canción principal ganó el Oscar este año— compuesta principalmente de música gospel y spirituals, a los que da soporte la presencia como personaje de la gran Mahalia Jackson.

José Vanaclocha




(1) MAPS TO THE STARS, de David Cronenberg.

ESPERPENTO HOLLYWOODIENSE

El peligro que acecha a aquellos cineastas que se apartan del discurso marcado por la gran industria (Greenaway, Lynch, Malick o el propio Cronenberg) es la facilidad con que traspasan la sutil frontera que separa lo sublime de lo ridículo. Esto ha sucedido, a mi parecer, en la última película del realizador de Un método peligroso (2011) y de Cosmópolis (2012), una disparatada sátira sobre la vida privada y secreta de la fauna que habita Los Ángeles, ilustración de un guión de Bruce Wagner basado en sus experiencias personales de cuando trabajaba como conductor de limusinas para celebridades.

Desfila por la pantalla toda una galería de personajes traumatizados y en proceso de autodestrucción, pero esta vez los responsables del film se han pasado de rosca ya que una cosa es poner en solfa la obsesión por la fama y el dinero, con todo el muestrario de neurosis y de miserias morales que ello conlleva, y otra caricaturizar los tipos y situaciones hasta el punto de hacerlos poco verosímiles, buscando seguramente antes el escándalo que el lúcido análisis de las luminarias de la gran fábrica de sueños.




Lo que en El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950) era una magistral mezcla de crónica negra y de expresionismo aquí se convierte en una increíble sucesión de drogadicción, incesto, obsesiones sexuales, locura, escatología, asesinato, etc. con diálogos de gran crudeza que afecta a las estrellas de cine, temerosas de ser relegadas por el negocio del espectáculo, atormentadas por el pasado o a punto de perder su lozanía juvenil.

En este antiguo proyecto, demorado durante años por falta de financiación, destaca la premiada labor interpretativa de Julianne Moore en el papel de una actriz crecida a la sombra de su madre, famosa y muerta en trágicas circunstancias. Del genuino Cronenberg sólo aparecen dos o tres planos de carácter fantástico en los que prevalecen los recuerdos recurrentes o la imaginación más desquiciada.

José Vanaclocha




Twitter Facebook Favorites More