EL JUEZ

El abogado Hank Palmer regresa a su hogar tras la muerte de su madre. Se entera de que su padre, que es el juez del pueblo, es sospechoso de haber cometido un crimen. Decide investigar el caso.

DOS DÍAS, UNA NOCHE

Sandra dispone sólo de un fin de semana para ir a ver a sus colegas y convencerlos de que renuncien a su paga extraordinaria para que ella pueda conservar su trabajo. Su marido la acompaña para apoyarla.

DRÁCULA, LA LEYENDA JAMÁS CONTADA

La trágica odisea de Vlad el Empalador, el príncipe rumano en el que se inspiró Bram Stoker para escribir su célebre novela y crear al vampiro más famoso de todos los tiempos.

EL AMOR ESTÁ EN EL AIRE

Cuando Julie regresa desde Nueva York a París para casarse, en el avión se sienta al lado de su ex Antoine, el atractivo playboy al que tanto quiso tres años antes.

COHERENCE

En Finlandia, en 1923, el paso de un cometa hizo que los habitantes de un pueblo quedaran muy desorientados. Décadas más tarde, unos amigos se preparan para ver pasar un cometa.

EL CHICO DEL MILLÓN DE DÓLARES

Un agente deportivo desarrolla una estrategia muy poco convencional para que los jugadores de cricket asiáticos puedan jugar en la Mayor Liga de béisbol americano. Basada en una historia real.

VAMOS DE POLIS

Cuando dos amigos se visten como agentes de policía para una fiesta de disfraces se convierten en la sensación del barrio. El problema llega cuando se meten en un lío con mafiosos y detectives corruptos.

CUANDO DESPIERTA LA BESTIA

Una joven es repudiada por la pequeña comunidad en la que vive. Su madre, inválida, es víctima de una rara enfermedad. Un día descubre que su cuerpo comienza a transformarse y decide investigar el porqué.

THE PRINCE

Paul es un mafioso retirado que se ve obligado a volver a la ciudad para buscar a su hija desaparecida. Tendrá que enfrentarse a los viejos enemigos que esperan encontrarse con él para ajustar cuentas.

TIP TOP

Dos inspectoras de policía reciben la orden de investigar un caso de corrupción relacionado con la muerte de un informador. Intentan resolverlo, haciendo lo contrario de lo que dicta la ética policial.

ALQUIEN A QUIEN AMAR

Un famoso cantautor regresa a Dinamarca para grabar un nuevo álbum y reunirse con la hija de la que se distanció. Ella le presenta a Noa, su hijo de 11 años, a quien no le queda más remedio que cuidar.

miércoles, 22 de octubre de 2014

(1) THE EQUALIZER (EL PROTECTOR), de Antoine Fuqua.

VENGANZA, QUE NO JUSTICIA

Proyectada en la ceremonia de apertura de la 62ª edición del Festival de San Sebastián, afortunadamente fuera de concurso, The Equalizer: El protector tiene como único reclamo ser el reencuentro profesional entre Antoine Fuqua y Denzel Washington —quien recibió el Premio Donostia como reconocimiento de su carrera artística— 13 años después de Training Day (2001). 

El film, concebido como un indisimulado ejercicio de lucimiento del célebre actor estadounidense, recupera la esencia del thriller ultraviolento de los años 80 protagonizado por Charles Bronson o Chuck Norris. Su puesta al día no implica originalidad alguna, configurando un discreto relato de venganza desarrollada de una manera mecánica y previsible.




The Equalizer: El protector traslada a la gran pantalla la serie homónima ochentera centrada en un ex-agente de inteligencia jubilado que imparte justicia al margen de la ley. Llena de clichés, el film incluye manidos arquetipos como el héroe generoso y comprensivo con el prójimo pero virulento y letal contra sus enemigos; así como los gánsteres ineludiblemente perversos que va eliminando con suma facilidad.

Fuqua hilvana una serie de potentes escenas mezcladas con momentos de calma que apenas enriquecen la narración, coronadas con recursos facilones como la cámara lenta del protagonista mientras camina sin despeinarse cuando explotan edificios a su alrededor.

Realmente, la película es una banalidad en sí misma. Lo único que merece destacarse es la solvente interpretación del mencionado Denzel Washington y de una Chloë Grace Moretz cada vez más crecidita que ya asume papeles menos recatados e infantiles.

Pau Vanaclocha



(0) NINJA TURTLES (LAS TORTUGAS NINJA), de Jonathan Liebesman.

CINE PALOMITERO ADOLESCENTE

En 1984 se publicó en Mirage Studios, una editorial USA de corte independiente, un pequeño cómic en blanco y negro firmado por Kevin Eastman y Peter Laird titulado Teenage Mutant Ninja Turtles, una divertida parodia del género superheroico en general y un homenaje al trabajo de Frank Miller en particular. Tal fue su éxito de ventas que lo que iba a ser un único tebeo condujo a una vasta colección formada por varios volúmenes, a una serie animada de TV convertida en icono de toda una generación y a una franquicia cinematográfica de ínfima calidad pero entrañable por el sello Jim Henson de sus efectos y su vestuario.




Su regreso a la gran pantalla, habiendo madurado su público original y sin haber captado anteriormente la atención de nuevas generaciones acostumbradas a la espectacularidad de las sagas superheroicas actuales, se me antoja un fracaso sin paliativos pues Ninja Turtles (Las tortugas ninja) es un reboot rutinario y previsible que no da la talla ni como emotivo ejercicio de nostalgia ochentera ni como nuevo paradigma del cine palomitero adolescente, a pesar de contar con Michael Bay como productor y con Megan Fox de protagonista. 

Pese a calcar personajes y escenarios de títulos emblemáticos del action movie más rimbombante paridos por el propio Bay —la misma estética de videojuego y las mismas situaciones apoteósicas de su saga Transformers—, la película apenas se sostiene argumentalmente y sus únicos momentos de efímero entretenimiento se limitan a breves gags humorísticos y contadas escenas de acción. Lo demás es simple relleno y más de lo mismo contado de modo cómodo y sencillo, sin espacio para sorpresa ni la filigrana.

En definitiva... para olvidar.

Pau Vanaclocha



martes, 21 de octubre de 2014

(4) RELATOS SALVAJES, de Damián Szifrón.

IRA Y VENGANZA

Esta coproducción hispano-argentina
El Deseo, de los hermanos Almodóvar, por parte española es el tercer largometraje del guionista y realizador Damián Szifrón, de quien sólo conocíamos la divertida comedia Tiempo de valientes (2005). Gran éxito de taquilla en el país sudamericano y presentada a concurso en el último festival de Cannes, Relatos salvajes es una película formada por seis episodios uno de ellos sirve de prólogo— que se inspiran al parecer en la serie de TV Cuentos asombrosos, de Steven Spielberg, rodada y emitida en los años 80.




El film muestra la sucesión de afrentas, ultrajes y humillaciones que sufren injustamente diversos personajes que acaban reaccionando con explosiones de ira y con venganzas de extrema violencia, reflejando y canalizando la rabia y la frustración de muchos ciudadanos ante las arbitrariedades y abusos cometidos impunemente por los poderosos en general y por algunos ricachones, políticos y funcionarios en particular. De ahí la empatía que sienten los espectadores con el film, que funciona a modo de catarsis liberadora tras dinamitar esa frágil frontera que separa en ocasiones al ciudadano educado y pacífico del bárbaro obnubilado por atávicas pulsiones agresivas.

La película es también una sátira
en clave de humor negro— de la corrupción, las desigualdades sociales y la impunidad, siendo manifiestas numerosas influencias cinéfilas que van desde Laurel y Hardy a La guerra de los Rose (1989) y desde Tom y Jerry a Un día de furia (1993). Admirable film de episodios cuyos méritos residen tanto en la dirección (magníficos la planificación, el montaje y el ritmo) como en la interpretación a cargo de Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia y Darío Grandinetti, entre otros estupendos actores.

José Vanaclocha




(2) MAGICAL GIRL, de Carlos Vermut.

SERES DESHUMANIZADOS

Este segundo largometraje del ilustrador y director de cortometrajes Carlos Vermut
de quien no se estrenó en Valencia Diamond Flash (2011)— obtuvo la Concha de Oro y el Premio a la mejor dirección en el festival de San Sebastián 2014, provocando una gran polémica entre quienes destacaron su originalidad y complejidad narrativas y quienes lamentaron la pobreza expresiva y la discutible coherencia del relato. Yo me incluyo entre los decepcionados porque si bien el cine moderno debe evitar ser demasiado explícito y dejar en libertad al espectador para que reelabore su propio discurso fílmico, no es menos cierto que al receptor del mismo hay que suministrarle elementos audiovisuales lo suficientemente articulados para que la película pueda ser considerada un trabajo personal de su realizador.




Magical girl es un ejemplo de cine coral protagonizado por diversos personajes
las piezas de un rompecabezas a recomponer— que, en este caso, son seres traumatizados, solitarios y tristes cuyo nexo común es la representación de la maldad, la violencia moral y la insolidaridad en medio de un contexto que se nos aparece tan gris como desolado. El propio cineasta ha manifestado que su intención era la de ilustrar el conflicto entre lo instintivo y lo racional, una contradicción tremendamente humana  que él ha desplegado en tres capítulos: "Mundo", "Demonio" y "Carne" (los principales enemigos del alma, según la doctrina católica tradicional).

La sucesión de miserias humanas, las de unas vidas corrientes y desesperanzadas, trazan una tela de araña formada por relaciones individuales establecidas por el azar sin que el guión obedezca a una lógica naturalista sino más bien a una frialdad desdramatizada que a veces nos hace dudar de estar contemplando a seres humanos de carne y hueso.

Carlos Vermut ha utilizado un minimalismo formal que pretende aunar la sencillez de los signos con la profundidad de los significados y hacer compatibles el realismo de ambientes y decorados con una cierta abstracción en el diseño de personajes y situaciones. El estilo del film podría adscribirse al de un cine “negro” renovado y puesto al día, con la omnipresencia de la perversidad moral. Aunque reconozco que parte de mi insatisfacción puede deberse también al defectuoso sonido de la sala y a la dificultad para entender una buena parte de los diálogos.

José Vanaclocha




jueves, 16 de octubre de 2014

(1) ASÍ NOS VA, de Rob Reiner.

LA LOZANÍA DEL AMOR SEXAGENARIO

No debería infravalorarse del todo la trayectoria profesional del director estadounidense Rob Reiner, responsable de algunas simpáticas películas de los años ochenta pertenecientes a diferentes géneros; desde el emotivo drama adolescente Cuenta conmigo (1986), la entretenida aventura de piratas y doncellas La princesa prometida (1987), la comedia romántica Cuando Harry encontró a Sally (1989) o la intriga judicial Algunos hombres buenos (1992). Sin embargo, el resto de su filmografía no ha dejado huella para la posteridad, sucediéndose numerosos títulos destinados al mero entretenimiento, si bien es respetado por su concepción artesanal del cine para todos los públicos.

Así nos va sigue la estela de sus anteriores films Ahora o nunca (2007) y El verano de sus vidas (2012) a la hora de contar historias protagonizadas por personas mayores que recuperan el tiempo perdido y, reivindicando las segundas oportunidades, adoptan una actitud vitalista y optimista de la vida, experimentando de nuevo el amor o llevando a cabo ideas o proyectos de juventud.




Mark Andrus, guionista de Mejor imposible (1997) —se le nota su afecto por los personajes excéntricos o neuróticos—, firma esta historia sobre un huraño y despreciable agente inmobiliario a punto de jubilarse cuya vida dará un vuelco cuando su hijo, del que hace años que no sabe nada, aparece con una nieta, de la que ni siquiera sabía su existencia. Se verá obligado a aprender a cuidar a alguien más que aparte de sí mismo gracias a la ayuda de su vecina, una afligida viuda incapaz de terminar las canciones en sus actuaciones en un pequeño club por recordar a su difunto esposo.

Alejado de las comedias alocadas contemporáneas, Rob Reiner recupera la comedia cocinada a fuego lento, con un desarrollo pausado pero constante en el devenir de los acontecimientos, narrando el progresivo enamoramiento de dos veteranos mientras asumen inesperadamente responsabilidades paternas que les despiertan de su letargo.

Una buena factura técnica, solventes actuaciones de los protagonistas —un tándem formado por Diane Keaton y Michael Douglas— y un desenlace de lo más gratificante moldean una discreta comedia romántica de sabor añejo que aspira simplemente a amenizar la tarde al espectador.

Pau Vanaclocha



miércoles, 15 de octubre de 2014

(4) SUEÑO DE INVIERNO, de Nuri Bilge Ceylan.

FILOSOFÍA DE LA VIDA COTIDIANA

Las cuatro magníficas películas que conocemos del turco Nuri Bilge Ceylan
Lejano (2002), Los climas (2006), Tres monos (2008) y Érase una vez en Anatolia (2011) han dado paso a la excelente Sueño de invierno, galardonada con la Palma de Oro y con el Premio de la Crítica en el festival de Cannes 2014, una inteligente mezcla estilística de las aportaciones de dos grandes maestros del cine: Ingmar Bergman y Theo Angelopoulos. Se supone por ello que el film va dirigido especialmente a cinéfilos cultos y dotados de una exquisita sensibilidad, ya que su fecunda base literaria tres cuentos de Anton Chéjov muy libremente adaptados además de citas pertenecientes a Shakespeare, Dostoievski y Voltaire y sus 195 minutos de metraje lo hacen poco apto para una explotación apoyada exclusivamente en criterios comerciales.




El relato, que juega con el tiempo de forma muy elástica, gira en torno al protagonista Aydin
Haluk Bilginer, extraordinario intérprete, como el resto del reparto, un antiguo actor convertido en modesto hotelero, escritor y pequeño propietario de quien se hace un complejo y profundo retrato como hombre a la vez egocéntrico y generoso, culto y elitista, tierno y abrupto, mostrando las difíciles relaciones que mantiene con quienes le rodean gracias a un elaboradísimo guión del propio realizador y de su esposa Ebru Ceylan responsable del sentido lógico y realista de la narración y a la excelente fotografía de Gökhan Tiryaki, con sus hermosos planos generales de exóticos paisajes nevados de Capadocia que determinaron muchas de las situaciones y el tono general de todo el libreto y con unos interiores iluminados por zonas, al modo con que Vittorio Storaro componía las imágenes de sus planos.

Un ritmo pausado, tomas de larga duración y secuencias de gran extensión temporal caracterizan a esta admirable película que, pese a su reposado devenir, va aportando sin cesar nuevos datos y conceptos gracias a una puesta en escena, tan austera como poética, que sugiere el eterno contraste entre normas y conductas, entre ilusiones y frustraciones, presentando a las personas como un conglomerado de contradicciones y, sobre todo, como un campo de batalla en el cual se enfrentan todo tipo de dilemas morales, de pasiones y de ideas. En suma, el choque entre la responsabilidad individual y el sentido de culpa configura ese viaje a lo esencial de la condición humana que es, en definitiva, Sueño de invierno.

Una película dotada de un enorme rigor conceptual donde la fusión de filosofía y sociología permite observar con lucidez las distintas facetas que presentan las relaciones humanas
el ser y el contexto. Y lo hace con la ayuda de abundantes y densos diálogos así como de reflexivas voces en off, unos y otras arropados por breves y melancólicos compases de la Sonata nº 20 de Franz Schubert.

José Vanaclocha




(2) PERDIDA, de David Fincher.

EL EXTRAÑO CASO DE AMY DUNNE

Pese a sus aciertos parciales, creo que David Fincher es un cineasta valorado en demasía y dotado de un desmedido prestigio otorgado desde una frívola arbitrariedad. El guión de Perdida es una adaptación del bestseller Gone girl realizada por su autora Gillian Flynn, una novelista cuyo enorme éxito sospecho que debe más a sus elevadas dosis de sensacionalismo que a sus valores propiamente literarios.

Lo cierto es que la película, como thriller posmoderno que es, mezcla géneros integrando el policial y el “negro”; es decir, una intriga a resolver y personajes de una ambigua o perversa catadura moral, especialmente la protagonista, aunque a mí no me convenza la injustificada diversidad de puntos de vista narrativos: el de los agentes de la ley, el del marido sospechoso de asesinato y el de la esposa psicópata.




Hay en el film, ambientado en una pequeña localidad de Missouri, un pretencioso batiburrillo de cuestiones de actualidad (la crisis matrimonial, el dinero, el sexo, el triunfo social, los medios de comunicación, la recesión económica, la fama, la simulación de delitos, etc.) pero, a mi entender, todas ellas están utilizadas con más trampas y trucos que en “una película de chinos”: no sólo se mienten unos personajes a otros sino que se engaña también al espectador.

Casi todo en el relato está destinado a manipular al público, con recovecos y giros argumentales arbitrarios, con personajes trazados sin el suficiente rigor psicológico y guiados por razones a cual más peregrina. Todo ello se traduce formalmente en una puesta en escena efectista que recurre en exceso a un montaje rápido de planos de corta duración, sin potenciar suficientemente la fuerza expresiva de las imágenes y sin concederles el tiempo necesario para profundizar en los tipos humanos y para reflexionar sobre las diversas situaciones.

Estamos pues ante lo que antes se llamaba peyorativamente un producto “telefílmico”. Aunque muchos de ellos sean calificados ahora de obras maestras.

José Vanaclocha




martes, 14 de octubre de 2014

EUROPEOS EN HOLLYWOOD (IX)

GRETA GARBO



Greta Lovisa Gustaffson nació en 1905 en Södermalm, un arrabal de Estocolmo, en el seno de una familia humilde, como Cary Grant. Al morir su padre cuando ella contaba 14 años, tuvo que dejar la escuela y ponerse a trabajar para ayudar al  mantenimiento de la familia, formada por su madre y dos hermanos. Trabajó en una barbería y después en unos almacenes, donde el gerente reparó en su belleza y utilizó su rostro para fotografías publicitarias. Posar para los reportajes despertó en ella el gusanillo de la interpretación y se matriculó en la escuela de arte dramático. Un profesor le presentó al director de cine Eric Petscher, que le dio un pequeño papel en Pedro el tramposo (1921).

Tras unos comienzos titubeantes, su carrera se dispara cuando tropieza con Mauritz Stiller, que mejora su look, le cambia su largo apellido por el de Garbo, segunda coincidencia con Cary Grant, y la dirige en una de las dos películas que hicieron que todo el mundo conociera su rostro y empezara a admirarla : La saga de Gösta Berling (1924). La otra fue La calle sin alegría / Bajo la máscara del placer (1925), del gran G.B. Pabst. 

Stiller fue contratado por la Metro Goldwyn Mayer e influyó para que se interesaran en la actriz. En 1926 rodó dos películas en la meca del cine: El torrente y The Temptress, basadas en sendas novelas de Blasco Ibáñez: Entre naranjos y La tierra de todos.

En quince años protagonizó 24 películas para la MGM, que la mantuvo a la cabeza de sus estrellas todo el tiempo: basta repasar los títulos de sus mayores éxitos para poder ver cómo la mimaba el estudio: Ana Karenina (1927), Anna Christie (1930), Mata-Hari (1931), Gran Hotel (1932), La reina Cristina de Suecia (1933), El velo pintado (1934), María Walleska (1937)... verdaderos bombones para su lucimiento, pero... 

Greta Garbo fue desde el principio una estrella, en el peor sentido del término. Algunas han logrado convertirse en actrices, unas pocas incluso en grandes actrices. La Garbo podía haber sido una de ellas, a tenor del resultado de su trabajo en sus dos últimas películas, Ninotchka (1939) y La mujer de las dos caras (1941), pero entonces lo abandonó todo y se enclaustró. Bueno, en realidad se instaló en su lujosa mansión de Nueva York, pasando casi cincuenta años más escondiéndose y esquivando a los paparazzi. 

Recuerdo que en una crónica anterior apunté que a mí siempre me ha parecido que la Garbo estaba sobrevalorada. Me ratifico en ello. La veo pasear su hieratismo por las películas citadas, filmada, iluminada y fotografiada por los mejores profesionales de la MGM, amada por los más apuestos galanes y arropada por secundarios de lujo. El acabado de casi todas sus películas es excelente, pero... 

Quiero decir... cerrad los  ojos e imaginad a Katherine Hepburn en Ana Karenina, a Bette Davis en Anna Christie, a Audrey Hepburn en Mata-Hari o a Ingrid Bergman en La reina Cristina de Suecia y lo entenderéis. (Estas cuatro actrices no las he tomado a voleo: en la lista que el American Films Institute estableció eligiendo las mejores actrices de la historia del cine ocupaban, por el mismo orden, los cuatro primeros puestos. La quinta posición era para Greta Garbo).

Mauritz Stiller solo la dirigió en Hollywood en
The Temptress (1926), que no pudo acabar. Sus diferencias de criterio con el sistema de producción americano llevaron a la Metro a rescindir el contrato a mitad del rodaje; la terminó Fred Niblo. Stiller regresó a Suecia y murió tres años después.

Salvo Clarence Brown, con el que trabajó en siete ocasiones, los demás realizadores de MGM solo rodaron con Garbo una o dos películas. Directores de la talla de Mamoulian, Fitzmaurice, Feyder, Goulding, Cukor, ¡hasta el mismísimo Victor Sjöström! contribuyeron a engrandecer la figura de La Divina, apelativo nacido precisamente de la película de Sjöström, La mujer divina (1928). Puede que fuera una obra maestra, pero desgraciadamente solo se conservan 9 minutos.

Fue nominada al Oscar en tres ocasiones, pero nunca lo logró. En 1955 le concedieron una estatuilla honorífica a toda su carrera, tercera coincidencia con Cary Grant. Todavía hay una cuarta, pero no voy a entrar en ese jardín. Si os interesan las pulsiones sexuales de actores o actrices, tenéis donde encontrar abundante material. Por cierto, la Garbo rechazó el Oscar honorífico. 

El 15 de abril de 1990 falleció, víctima de un síndrome renal complicado con una neumonía, a los 84 años.                      
                            
 
INGRID BERGMAN



Ingrid Bergman nació en Estocolmo el 29 de Agosto de 1915, hija de un fotógrafo y una señora alemana que murió cuando Ingrid contaba tres años. Su padre lo hizo ocho años después y la niña fue acogida por una tía paterna, que, ¡vaya por Dios! pasó a mejor vida a los seis meses. Otro hermano de su padre, Otto Bergman, un valiente sin duda, se hizo cargo de tan peligrosa huerfanita.

Ingrid quiso ser actriz desde niña y aunque a su tío no le gustaba la idea —en Suecia, como en todas partes, la gente de la farándula no estaba bien vista por las “personas de orden”— tuvo que transigir ante la firme determinación de la niña, que a los 16 años ya empezó a frecuentar los estudios como extra. A los 18 ingresó en la Real Academia de Arte Dramático de Estocolmo.

A los 22 años, cuando ya empieza a obtener papeles relevantes en el cine, aunque su verdadera vocación siempre fue el teatro, se casa con el dentista Petter Lindström. Tiene una hija, Pía.

En un par de años interpreta una docena de films, entre ellos Intermezzo (1936), una romántica historia de amor entre un famoso violinista y la profesora de piano de su hija. Una vez más, David O. Selznick al ver una película europea que le gusta quiere trasplantarla, en este caso incluyendo a la actriz. La versión americana, con Ingrid y el inglés Leslie Howard la dirigió el actor y director judío-ruso Gregory Ratoff (le recordaréis en Eva al desnudo (1950), donde interpretaba a Max Fabian, el empresario teatral a cuya conquista se lanza, con todas sus armas, una impresionante Marilyn). Intermezzo (1939) refrendó el éxito obtenido por la versión sueca. La Bergman regresó a Suecia y rodó un par de películas más, pero en 1941 hizo el equipaje, incluyó en él al dentista y a su hija Pía y se estableció en la Meca del cine.

Puede decirse que recibió el testigo de manos de Garbo, ya que empezó la primera parte de su carrera hollywoodense en 1941, el mismo año en que la Divina se autojubilaba.

Su ascenso a la fama fue fulgurante: entre el 41 y el 49 protagoniza 13 películas, entre ellas Casablanca (1942); Por quién doblan las campanas (1943), que le reporta su primera nominación al Oscar; Luz que agoniza (1944), con la que gana su primera estatuilla, las 3 películas de Alfred Hitchkock, Recuerda (1945), Encadenados (1946) y Atormentada (1949); y otras dos nominaciones por Las campanas de Santa María (1945) y Juana de arco (1948).

Y cuando parece que nada puede detener su irresistible ascensión, sucede algo: Ingrid Bergman va al cine y ve Roma, ciudad abierta (1945) —puede que también Paisa (1946)— y la dejan absolutamente obnubilada. Como diría mi nieto, la sueca flipa en colores. Entonces se inicia una correspondencia entre ella y Rossellini que al poco tiempo traspasó la mera admiración profesional. Rossellini fue a Hollywood y paso unos días con la familia Lindström. Al poco tiempo Ingrid viajó a Italia, en principio para unos tres meses, el tiempo que durase el rodaje de Stromboli (1950), pero se quedó seis años y esta vez se le olvidó incluir en el equipaje al dentista y a su hija.

Brevemente, porque el objetivo de estas crónicas es Hollywood: la puritana sociedad americana anatemiza a Ingrid —el resto del mundo occidental también— sobre todo cuando al año de su fuga da a luz a Roberto Rosellini Jr. En 1952 pare las gemelas Isabella e Issota, en Estados Unidos la declaran persona non grata y le prohíben la entrada en el país, como hicieron con Chaplin; su popularidad está por los suelos. Las 6 estupendas películas que rueda con Rosellini son un fracaso y la situación financiera de la familia bordea la bancarrota. La relación del matrimonio se enfría. Ingrid marcha a París para rodar a las órdenes de Jean Renoir, Elena y los hombres (1956) donde, a sus 41 años, exhibe una belleza impresionante. Ese mismo año trabaja en una película de Hollywood, aunque filmada en Londres, Anastasia (1956).

Al año siguiente se producen acontecimientos importantes para su carrera: por un lado, se divorcia del director italiano, por otro cosecha un gran éxito en Francia interpretando en los escenarios a la protagonista de Té y simpatía (1956). La sociedad estadounidense decide perdonarla y Hollywood no encuentra mejor manera de recibir a la hija pródiga que otorgarle el Oscar a la mejor actriz por la citada Anastasia. De todos modos, ella no regresa aún a América. La estatuilla la recoge su amigo Cary Grant.
  
En 1958 contrae matrimonio por tercera vez, ahora con un productor teatral sueco, Lars Schmidt, del que también se divorciaría unos años después y su carrera continúa de manera brillante, tanto en Hollywood como en toda Europa. Sus triunfos teatrales en cinco idiomas, que habla perfectamente, sueco, inglés, francés, italiano y alemán son apoteósicos en todos los países en que actúa y numerosos premios los refrendan.

En el cine siguió ofreciendo muestras de su enorme talento, como en Asesinato en el Orient Express (1974) que le valió un tercer Oscar, ahora como actriz de reparto o en Sonata de otoño (1978) donde  por primera y única vez trabajó para su paisano y tocayo Ingmar Bergman y obtuvo otra nominación. En total, de siete nominaciones obtuvo tres Oscars, solo superada por Katherine Hepburn, con cuatro. Ahora tiene también tres Merril Streep. 

También brilla en televisión, donde logra dos Emmy, el primero por Otra vuelta de tuerca (1959) según la novela corta de Henry James que tantas adaptaciones ha tenido en la gran pantalla y el último, a título póstumo, por Una mujer llamada Golda (1982), una miniserie sobre la vida de Golda Meir, la primera ministro israelí.  

Víctima del cáncer de mama que le diagnosticaron en 1975, fallece en Chelsea el 29 de agosto, día de su 67 cumpleaños. Sus amigos le habían ofrecido una pequeña fiesta.

Alfredo



(2) A ESCONDIDAS, de Mikel Rueda.

ALGO MÁS QUE AMISTAD

El realizador de cortometrajes vasco Mikel Rueda había co-dirigido Estrellas que alcanzar, un drama políticamente comprometido aunque bastante maniqueo y superficial, estrenado de tapadillo en el extrarradio de Valencia en octubre de 2010, antes de A escondidas, su primer largometraje realizado en solitario, presentado en el último festival de Málaga, con una de las últimas interpretaciones del malogrado Álex Angulo.




En el film se aborda el tema de las relaciones entre adolescentes, tan sensibles como inseguros, en este caso entre Rafa y el marroquí Ibrahim que ponen de manifiesto las sutiles fronteras que, a veces, separan la sólida amistad, el cálido afecto y las pulsiones homosexuales. Al mismo tiempo se denuncia la persecución policial a que son sometidos los inmigrantes "ilegales", con frecuencia detenidos, internados y expulsados del país, especialmente si han llegado a coquetear con la pequeña delincuencia (hurtos, robos, trapicheo, etc.).

Mikel Rueda demuestra conocer el mundo que describe retratando las correrías y los ambientes de cierta juventud actual (escuela, discoteca, peleas, porros, primeros amoríos, familia, etc.), sintiéndose concretamente interesado por la solidaridad amorosa de los protagonistas, tan desorientados como asustados por sus sentimientos frente a una sociedad intolerante, homófoba, ante la que se ven obligados a disimular.

Intimista y a la vez testimonial, creo que la A escondidas se queda a mitad de camino lastrada por un tono blandengue y en exceso melifluo.

José Vanaclocha




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