EL PASADO

Tras 4 años de separación, Ahmad viaja de Teherán a París a petición de Marie, su esposa francesa, para resolver los trámites de su divorcio. Allí descubre la conflictiva relación entre Marie y su hija.

EL TOUR DE LOS MAPPETS

Los Muppets se va de gira mundial, viéndose atrapados en una intriga internacional que encabezan Constantine, el mayor delincuente del mundo y viva imagen de la Rana René, y Dominic, su vil compinche.

LA MUJER DEL QUINTO

Tras perder su trabajo, un escritor estadounidense viaja a Francia para recuperar el amor de su mujer y de su hija. Pero la bella Margit entra en su vida desencadenando una serie de oscuros acontecimientos.

LA PARTÍCULA DE DIOS

Un detective privado recibe el encargo de encontrar a una stripper desaparecida misteriosamente, pero resulta que todos aquellos a los que pregunta por ella acaban muertos.

TREN DE NOCHE A LISBOA

Un profesor de latín encuentra en Berna a una portuguesa que está a punto de suicidarse, salvando a la joven. La lleva al liceo, donde desaparece. Raimond lo deja todo y coge el tren de noche a Lisboa.

martes, 15 de abril de 2014

(1) ANOCHECE EN LA INDIA, de Chema Rodríguez.

EL VIAJE A NINGUNA PARTE

De Chema Rodríguez se estrenó fugazmente en Valencia el sugestivo documental Estrellas en la línea (2006), lo que no atempera la decepción que he sentido ante Anochece en la India, una tragedia de tintes existencialistas, un recorrido hasta los límites del sufrimiento humano inspirado, al parecer, en personajes reales.




Enfermedad terminal, dolor, opio, intento de suicidio, abandono de hijo discapacitado y viaje final a la India como evocación del paraíso perdido (un retorno a la utopía hippy, ya imposible) como referentes de un típico ejemplo de “cine de carretera” o road movie que se hunde en la impotencia por culpa de personajes construidos sin profundidad y de un desarrollo dramático carente del necesario rigor.

Pese a todo, el film ha sido presentado e incluso premiado en el reciente festival de Málaga, aunque ni siquiera Juan Diego, que debería mejorar su vocalización, puede salvar un relato con tantas insuficiencias cuyo director, como tantos otros, cree que para hacer buenas películas basta con saber encuadrar y aludir a cuestiones trascendentales.

José Vanaclocha


(0) 9 MESES… DE CONDENA, de Albert Dupontel.

LA JUEZA Y EL BUEN LADRÓN

Del actor, guionista y realizador Albert Dupontel no había visto nada desde su mediocre Bernie (1996), lo cual ha sido una gran suerte en vista de la ínfima calidad de su nueva tragicomedia, un relato kafkiano sobre una jueza estricta y soltera (Sandrine Kiberlain) que se queda embarazada en una noche de borrachera cuando echa un polvo callejero con un delincuente de poca monta (Albert Dupontel) en un barrio de putas.




Situaciones absurdas, personajes caricaturescos, inconsistente planteamiento jurídico, humor barato, intérpretes gesticulantes y un final feliz con apología de la maternidad en una mala película que, sorprendentemente, ha logrado dos premios César del cine francés: ¡a la mejor actriz y al mejor guión original! Loca Academia...

José Vanaclocha



jueves, 10 de abril de 2014

(2) OCHO APELLIDOS VASCOS, de Emilio Martínez-Lázaro.

CRUCE DE ESTEREOTIPOS CON FINES TERAPÉUTICOS

Ocho apellidos vascos ya es, sin duda alguna, el bombazo cinematográfico de la presente temporada, aupándose en los primeros puestos de la ilustre relación de películas más taquilleras de la historia del cine español. Todo un fenómeno social que desmonta prejuicios ancestrales y demuestra que se puede vivir de este negocio mirando en situación de igualdad a la todopoderosa industria estadounidense. Este es el camino, o por lo menos uno de ellos...

El motivo de su éxito, sospecho, es una conjunción de factores, que van desde la acertada elección de un género específico, la comedia española en su vertiente más lúdica y desmitificadora, logrando la identificación del espectador aunque no sea nativo de las autonomías protagonistas; el eficiente equipo técnico encabezado por un artesano de la comicidad como es Emilio Martínez-Lázaro y respaldado por el guión de Borja Cobeaga y Diego San José, artífices del éxito televisivo de la ETB ¡Vaya semanita!; hasta la osadía de su propuesta: una autoparodia hispana que explota los estereotipos andaluces y vascos -aparentemente antagónicos- y se aproxima al conflicto vasco desde una óptica revolucionariamente humorística, lo que ha sido acogido favorablemente por un público quizá saturado de tanto enfrentamiento político y tanta tensión artificiosamente provocada por dañinos intereses partidistas. La crítica despectiva del mundo abertzale podría interpretarse como un acierto en el enfoque, desdramatizando un prolongado conflicto al que solo beneficia a los más “duros” o “integristas”.

La visión de Ocho apellidos vascos se me antoja un ejercicio desenfadado de autodescubrimiento colectivo, configurándose como una terapia nacional que está permitiendo a los españoles ser verdaderamente conscientes de su diversidad, reírse de ellos mismos y asumir con naturalidad que la convivencia pacífica y respetuosa es posible, apelando a aquello que compartimos. Esa es la grandeza de esta pequeña gran película. Y es que no hay que menospreciar el efecto terapéutico de la risa para superar discrepancias, y menos en estos tiempos que corren de desafíos soberanistas y controversias entre regiones.




¡Y funciona! Ahí están la francesa Bienvenidos al norte (2008) y su remake italiano Bienvenidos al sur (2010) para demostrar que el retrato desde el prisma del humor del atávico conflicto Norte-Sur es rentable siempre que se alcance un mínimo de calidad, y esta rocambolesca historia de amor entre un andaluz engominado y una vasca de armas tomar es narrada con oficio, sin alardes pero con profesionalidad, manteniendo el efecto cómico en permanente funcionamiento sin caer en lo grosero o en lo ofensivo. Los gags elaborados resaltan los tópicos entre territorios con ánimo caricaturesco, exagerando la realidad para darnos cuenta precisamente de cuánto se aproxima a ella: somos como somos y eso no es per se malo o denigrante.

Otro gran soporte que eleva Ocho apellidos vascos a categoría de evento social es la chispa de comicidad entre los actores protagonistas, descubriendo el talento de un debutante Dani Rovira que demuestra tantas tablas como sus compañeros Karra Elejalde y Carmen Machi. El primero roba las mejores escenas en su caracterización del padre de Amaia, un hombre del Euskadi profundo, apegado a la tradición y de maneras brutas. La segunda cumple en su papel de simpática viuda de Guardia Civil de Cáceres que lleva muchos años viviendo en el País Vasco, quien ayuda a Rafa a hacer más creíble su falso origen vasco. 

Concluyendo, Ocho apellidos vascos no es una comedia “de altura”, dotada de un humor inteligente. Es una comedia ligera y entrañable, bienintencionada pero osada, que recurre a previsibles convencionalismos pero que nos restriega por la cara nuestros defectos y también nuestras virtudes como pueblo que nos hacen únicos, siendo su última finalidad la risa terapéutica antes mencionada. ¡Garantizada!

Pau Vanaclocha



miércoles, 9 de abril de 2014

(1) NOÉ, de Darren Aronofsky.

LA NUEVA CARA DEL CINE BÍBLICO

Tras un largo período de letargo debido al imparable proceso de secularización en Occidente, el cine religioso de antaño regresa -de la mano de un tradicionalismo católico en auge- con un rostro rejuvenecido por el desarrollo tecnológico y el refinamiento estilístico de la mano de un Darren Aronofsky que se debate entre su condición como operario de un trabajo por encargo y su espíritu creador propio de un autor consolidado.

Ha llovido mucho desde la época gloriosa del mencionado género, cuando para competir con la TV la industria de Hollywood realizó numerosas superproducciones que aprovechaban la espectacularidad del cinemascope para volver a atraer al público a las salas de cine, siendo temas recurrentes los más conocidos episodios bíblicos. En concreto, la historia de Noé y su gigantesca Arca ha sido trasladada al cine en varias ocasiones, considerándose el punto álgido de traslación fílmica el episodio de John Huston de la versión de la Biblia de 1966.




Noé representa la nueva cara del cine bíblico de antaño cuya esencia reside no tanto en la literalidad de la sagrada fuente sino en la interpretación personal del cineasta responsable, adaptándose al moderno discurso hollywoodiense actual. El resultado es un majestuoso blockbuster sazonado con la épica propia de la fantasía heroica que narra el calvario de un hombre elegido por Dios para preservar de su venganza a la fauna terráquea ante el inminente Apocalipsis en forma de diluvio que barrerá a la Humanidad de la faz del planeta.

Para ello Aronofsky suaviza el trascendentalismo de la propuesta centrándose en tramas más mundanas alrededor de la familia del protagonista en un intento de humanizar el relato racionando la manifestación divina en contadas ocasiones, percibiéndose constantemente la presencia silente del Todopoderoso.

Es a nivel técnico donde se nota el abultado presupuesto, regalando al espectador varias secuencias trascendentales visualmente portentosas, si bien el diseño de escenarios y de personajes fantásticos deja bastante que desear al recordarnos una rácana versión del universo literario de El señor de los Anillos y contextualizando la acción en una especie de Era Hiboria propia de los relatos de Conan el Cimmerio, personaje creado por Robert Ervin Howard en 1932. Licencias artísticas con las que el realizador pretende rellenar contenido y añadir tensión a una fábula que carece en realidad de emoción y complejidad.

A pesar de la presencia del sólido y convincente Russell Crowe y de un equipo actoral de cierta enjundia, en el ámbito de personajes Noé fracasa al mostrarlos sin matizaciones y sin capacidad de evolucionar. Y es que no conviene olvidar del antiquísimo origen del relato y su carácter metafórico para aleccionar contra la maldad y sus funestas consecuencias.

Pau Vanaclocha



martes, 8 de abril de 2014

(3) CRÓNICAS DIPLOMÁTICAS: QUAI D´ORSAY, de Bertrand Tavernier.

SÁTIRA POLÍTICA FRANCESA

Adaptación al cine de la novela gráfica Quai d´Orsay (2010), de Christophe Blain y Antonin Baudry -éste ha plasmado en la historieta sus propias experiencias laborales-, que trabajaron también como guionistas colaborando con el admirado Bertrand Tavernier para realizar una sátira política rebosante de refinada ironía francesa sobre la cara oculta de la gestión gubernamental y, concretamente, sobre el funcionamiento de las entrañas administrativas del ministerio de Asuntos Exteriores, con el titular de la cartera rodeado de una legión de funcionarios, asesores, expertos y consejeros.

El núcleo de actividades del departamento ministerial está constituido por los criterios y las operaciones relacionadas con la diplomacia -hay actuaciones relativas a la ONU, a los países africanos, a los EE. UU., a los países europeos vecinos, a la Asamblea Nacional, etc., incluyendo el uso de nombres de países inexistentes-, una ocupación de burócratas y de tecnócratas que aplican sus conocimientos y su pericia en las relaciones internacionales para camuflar con grandes principios universales los particulares intereses nacionales. Pero, en esta ocasión, esta digna y antigua profesión aparece lastrada por las miserias personales -manías, obsesiones, rutinas, tópicos, discursos fofos, citas culturalistas, vanidades, envidias y mezquinas rencillas- de sus ejecutores.




La  película puede decepcionar a no pocos espectadores españoles porque en ella no sólo no hay contacto alguno de los políticos con los electores y con sus necesidades cotidianas sino además tampoco hay diferencias ideológicas en las razones de las derechas y las izquierdas. Por eso, desde nuestra perspectiva, sorprende tanto la insistencia en tontas menudencias personales como la ausencia de criminales prácticas como el cinismo, las mentiras y la corrupción. Quizás ese sea el motivo -para evitar tener que señalar con el dedo- de que este género no tenga arraigo en España. Crónicas diplomáticas: Quai d´Orsay se nos presenta, así, como un juego de humor versallesco dominado por la banalidad, la superficialidad y el tono de farsa en torno al ministro Alexandre Taillard de Worms cuya praxis sintetiza el “buen rollo”, la neurosis y el oportunismo y cuyos principios se materializan en el tríptico “legalidad, unidad y eficacia”.

En realidad se trata de un film coral, con un equipo de colaboradores ministeriales entre los que destaca Arthur Vlaminck, un asesor lingüístico (encargado de redactar los discursos del jefe) cuya vida privada en pareja subraya en contraste entre la vida cotidiana y el desmadre ministerial.

La película muestra con cierto detalle los mecanismos del poder y la seducción que ejerce, así como la esencia de las relaciones públicas: la búsqueda de la efectividad comunicativa entre el político de turno y las demás naciones o los propios ciudadanos, sin que importe tanto la racionalidad y la verdad como el logro de resultados inmediatos y satisfactorios.

En el inicio de cada secuencia aparece una cita o sentencia del filósofo griego Heráclito (siglo V antes de Cristo) que poco tiene que ver con el concreto contenido narrativo del capítulo correspondiente, lo que me permite creer en una broma más de los autores del relato al utilizar frívolamente el prestigio cultural del pensador heleno. 

Una vez más, discreta y funcional la música de Philippe Sarde, un asiduo colaborador de Bertrand Tavernier.

José Vanaclocha

lunes, 7 de abril de 2014

(1) RÍO 2, de Carlos Saldanha.

REGRESO A LA NATURALEZA

Carlos Saldanha, uno de los puntales de Blue Sky, rindió un vistoso homenaje a su Brasil natal en la entretenida Río (2011) gracias a una libertad creativa ganada merecidamente tras los éxitos de la saga Ice Age y de Robots (2005), que auparon al estudio estadounidense casi al mismo nivel que las todopoderosas Disney y DreamWorks. En ella, con fondos de postal turística, se narraba las aventuras de un guacamayo azul acostumbrado a la cómoda existencia de mascota que, tras ser secuestrado por unos contrabandistas de animales exóticos, debía sobrevivir a la vida salvaje cuando logra escapar de éstos conociendo por el camino a una hembra de su especie de la que acaba enamorándose. 




Dado su inesperado éxito de público era previsible una secuela en la que se aleja de los escenarios urbanos de Río de Janeiro y se centra en el regreso al paraíso de la Amazonia, donde los protagonistas y sus tres retoños viajan para encontrarse con los últimos ejemplares de su especie. Río 2 recupera el espectáculo visual, lleno de color y ritmo brasileño, de su antecesora, pero pierde el factor sorpresa y se decanta por una tierna historia de reencuentro familiar con mensaje ecologista incluido, sazonado con un sentido del humor demasiado infantil para el público adulto presente en la sala.

En esta entrega se refuerza el contenido musical añadiendo música, canciones y bailes bajo cualquier pretexto, combinados con abundantes gags que apelan a la sempiterna rivalidad entre suegro y yerno de Los padres de ella (2000) y las dificultades de adaptarse al medio natural de animales domesticados de Madagascar (2005).

Eso sí, Río 2 destaca por su impecable factura técnica, aunque no por su faceta creativa, limitándose a explotar el carisma de ingeniosos personajes de la saga y algunos nuevos que merecen atención, como el exótico trío de villanos que intentan amargar la estancia de Blue y Perla en el paraíso de los pájaros. Divierte, que ya es algo.

Pau Vanaclocha



(2) FRANCES HA, de Noah Baumbach.

CHICA INESTABLE EN LA GRAN CIUDAD

El quinto largometraje de Noah Baumbach al que hemos tenido acceso, destacando especialmente Una historia de Brooklyn (2005), cuenta con la colaboración en el guión de la actriz Greta Gerwig -su pareja en la vida real- que encarna a la protagonista Frances Ha, una inestable muchacha de 27 años que se aloja provisionalmente con su amiga Sophie, que tiene trabajos precarios y escaso dinero y que se entretiene con amores fugaces y con viajes ocasionales, todo lo cual conforma una comedia costumbrista sobre la existencia cotidiana en una gran ciudad cuyas breves secuencias, a modo de brochazos, obedecen a un modelo narrativo que hay que buscar en los primeros films de Woody Allen -Annie Hall (1977), Manhattan (1979), Hannah y sus hermanas (1986)- y en los bruscos saltos espacio-temporales codificados por la Nueva Ola francesa en los años 60.




Frances Ha es una producción independiente USA (Noah Baumbach es su guionista, director y productor), con fotografía en blanco-negro, que muestra su propósito de enaltecer la camaradería y el optimismo en un relato cuyo tono vitalista, sin embargo, me resulta algo forzado y artificioso. Poco tiene que ver, pues, con la fuerza expresiva y el incisivo humor del joven Woody Allen. A lo más que llegó Noah Baumbach fue a escribir dos guiones para Wes Anderson: Life acuatic (2004) y
Fantástico Sr. Fox (2009).

José Vanaclocha



jueves, 3 de abril de 2014

(2) CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO, de Joe y Anthony Russo.

DIGNO INTERLUDIO HACIA LOS VENGADORES 2

La segunda entrega de las andanzas acrobáticas de Steve Rogers, alias Capitán América, certifica -al igual que hicieron Iron Man 3 (2013) y Thor: El mundo oscuro (2013)- la aparatosidad del serial cinematográfico más gigantesco creado por el cine made in USA. Su guión, su estructura, sus personajes y su contexto reflejan su relevante ubicación en una red de películas que van configurando un vasto y complejo universo fílmico procedente de los cómics de la editorial Marvel, cuyos propietarios se frotan las manos y salivan complacientes ante una espectacular maniobra comercial que les están dando ingentes beneficios.

Debido a esta continuidad narrativa, Capitán América: El soldado de invierno empieza sin introducción para meterse en el meollo de la trama y termina sin un final, ya que sólo se resuelven algunas líneas argumentales, dejando la principal en stand by para la llegada de Avengers: Age of Ultron (2015), la esperadísima secuela de Los Vengadores (2012).

El origen del personaje ya quedó satisfactoriamente relatado en Capitán América: El primer vengador (2001), por lo que Capitán América: El soldado de invierno se centra en desarrollar al protagonista aumentándole la galería de personajes e introduciéndole dudas propias del paranoico Jason Bourne o del Bond escéptico de Skyfall (2012). Ahí están Viuda Negra, el Halcón y Nick Furia para interactuar con él ante la imperdonable ausencia de un villano de su nivel tras la caída de Cráneo Rojo en la primera parte.




¿De qué va la película, entonces? Rememorando aquel thriller político estadounidense de los años 70, con Robert Redford como efigie y Alan J. Pakula como máximo exponente, Capitán América: El soldado de invierno recrea una colosal trama conspiranoica -muy actual en estos tiempos con casos de espionaje masivo de la NSA denunciados por Snowden y la filtración a WikiLeaks de miles de documentos secretos por el soldado Manning- en la que nuestro superhéroe se enfrenta a la insurrección de la agencia S.H.I.E.L.D, controlada maquiavélicamente por esquivos enemigos para dominar el mundo. La pesadilla totalitaria derivada de la obsesión por la seguridad del ciudadano post-11S sigue más viva que nunca. Seguramente, la naturaleza del Capitán América no lo hace el más adecuado para protagonizar un film de intriga, ya que está entrenado para resolver adversidades en el campo de batalla. Cierto es que la idea no consiste tanto en desenmarañar una conspiración sino en intentar hacerlo sin renunciar a los principios, es por ello que se introduce un personaje que seguirá dando que hablar más allá de este título: el misterioso y despiadado Soldado de Invierno.

La historia de este personaje está extraída de la excelente etapa de Ed Brubaker al frente del cómic Capitán América, quien incluso aparece como asesor en los títulos de crédito. Y he podido reconocer en el metraje algunas viñetas de célebres episodios Marvel como Civil War, cuando Steve Rogers se rebela contra la autoridad capitaneando el bando contrario a la Ley de Registro Superhumano.

Los hermanos Joe y Anthony Russo abandonan el justificado aire retro que Joe Johnston imprimió al debut del personaje -cuyo nacimiento data de 1941, en plena II Guerra Mundial- dando forma a un entretenido blockbuster repleto de largas escenas de acción condimentadas con abundante efectismo digital. Todo ello marca de la casa. Sin embargo, aunque hay habilidad en el aspecto narrativo falta identidad propia y un mayor cuidado en la construcción de personajes y sus relaciones.

Un inciso final, a modo de recordatorio: como viene siendo habitual en las producciones Marvel, Capitán América: El soldado de invierno contiene una escena extra al final de los títulos de crédito en el que se anticipan elementos de la trama de la siguiente entrega del Capitán América. Así que ¡paciencia! para aquellos que no esperan a que se enciendan las luces de la sala de exhibición.

Pau Vanaclocha



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