RICKI

Ricki es una guitarrista que abandonó todo para convertirse en una estrella de rock. Su ex marido le pide que viaje hasta Chicago para visitar a la hija de ambos, pues se está divorciando y necesita apoyo.

UN DÍA PERFECTO

En una zona en guerra, con los cascos azules de la ONU tratando de controlar la situación, un grupo de cooperantes en plena crisis personal trata de sacar un cadáver de un pozo en una zona de conflicto.

ATRAPA LA BANDERA

Con la ayuda de sus amigos, un simpático y valiente surfero de 12 años viaja a la Luna en una peligrosa aventura. Ahora está en las manos de Mike no sólo salvar el futuro de la Tierra, sino el de su propia familia.

LAS SILLAS MUSICALES

Perrine vive sola y su trabajo consiste en animar meriendas de cumpleaños. Un día empuja sin querer a un hombre provocando su caída a un vertedero. El hombre entra en coma, haciéndose cargo de su cuidado.

LILTING

Una mujer china, que vive en un geriátrico en Londres, acaba de perder a su hijo en un accidente. Un chico, que era la pareja del joven, intentará acercarse a la madre para no abandonarla durante su duelo.

PAPUSZA

Bronislawa Wajs fue la primera poeta gitana que publicó su obra en Polonia. Repudiada por su propia comunidad, Papusza vivió inmersa en la pobreza, torturada por la culpabilidad hasta su muerte en 1987.

viernes, 28 de agosto de 2015

(1) EXTINCTION, de Miguel Ángel Vivas.

LA COTIDIANIDAD DE LA SUPERVIVENCIA

Alentada por una serie televisiva de moda y una pretérita época dorada que despierta la nostalgia, la temática zombi salpica cada poco tiempo la cartelera de sangre y vísceras. En esta ocasión, Miguel Ángel Vivas dirige una ambiciosa co-producción internacional, rodada en inglés con reparto estadounidense, en la que el protagonismo no viene tanto de los muertos vivientes sino en la conflictiva relación entre los tres protagonistas, dos hombres y una niña de 9 años, que malviven en los contornos de una urbanización aislada en pleno post-apocalipsis.




Basada en una novela de Juan de Dios Garduño, Extinction intenta ofrecer una mirada más introspectiva del fenómeno zombi, evitando en exceso el contacto con el monstruo de turno para dar cabida a un retrato humano de supervivencia cotidiana. El joven realizador maneja con soltura la sensación claustrofóbica y la tensión ambiental propias de lugares cerrados y oscuros, un ejercicio de estilo que ya destiló en su anterior film, Secuestrados (2010), enriqueciendo el relato con una sobria pero efectiva puesta en escena que proporciona un entorno realista dentro de la fantasía gore de la citada temática.

El problema al que se enfrenta Vivas es mantener a lo largo del metraje un precario equilibrio entre terror y drama, pues ambas facetas requieren un mínimo tiempo y dedicación para ser convincentes. El reparto de atención se ve descompensado en determinadas ocasiones, provocando arritmias narrativas involuntarias. Sinceramente, la disputa de paternidad responsable entre los dos ex-amigos resulta poco creíble en el terrorífico escenario en el que se mueven. Los reproches, los celos y los rencores del pasado no tienen cabida en una historia de supervivencia en la que dos adultos y una pre-adolescente deben cooperar para resistir su aislamiento y el creciente acoso de zombis. Y la aparición del personaje de Clara Lago a mitad de película no aporta nada en absoluto. Es previsible que, ante un desarrollo tan convencional, su resolución acabara de un modo tan gratificante.

Pau Vanaclocha


martes, 25 de agosto de 2015

(1) CUATRO FANTÁSTICOS, de Josh Trank.

NUEVA VERSIÓN DE LA PRIMERA FAMILIA DE MARVEL

Desde el mismo instante de su concepción, el regreso de los 4F a la gran pantalla ha estado envuelto en la más agria de las polémicas. Pero más allá de las desproporcionadas aunque justificadas críticas recibidas por su escasa fidelidad al cómic del que se nutre o por cuestiones meramente estéticas o narrativas, el verdadero motivo de tanta controversia es un simple conflicto de derechos de explotación del ingente patrimonio “tebeístico” de la editorial Marvel Comics.

Simplificando, esta quiere recuperarlos para que su propio estudio adapte sus cómics, engrosando de esta manera el flamante Universo Cinematográfico Marvel (UCM), mientras que Fox quiere hacer caja aprovechando que todavía los detenta. El insólito resultado de esta disputa legal es que algunos personajes Marvel, como X-Men o Spiderman, no están en el mismo universo fílmico que Los Vengadores, y viceversa. Así, en Cuatro fantásticos no existe el Capitán América, Thor, Iron Man o Hulk. Ni Spiderman, cuyos derechos los controla Sony, si bien permitirá que el entrañable trepamuros aparezca en los próximos films de Marvel Studios. El objetivo legítimo y comprensible de Marvel Comics es recuperar todos los derechos de sus personajes, que vendió en momentos de aprietos financieros, para lucrarse en solitario de su traslación a la gran pantalla. Una "vuelta al hogar" que conectaría a todos en un mismo plano existencial y bajo el mismo sello estilístico. Muchos medios de comunicación estadounidenses, dirigidos por poderosas corporaciones, defienden o reprueban películas según su equipo de producción y financiero. Si son de los míos, hablo bien. Si no lo son, hablo pésimamente. Así de claro.

El caso es que, cambiando de tema, resulta desesperante que ninguna de las tres versiones cinematográficas existentes hasta la fecha de Los 4 Fantásticos, una familia de superhéroes creados por Stan Lee y Jack Kirby cuyo debut se produjo en las páginas de The Fantastic Four #1 (Noviembre de 1961), haya estado a la altura de las circunstancias, siendo todas un fracaso comercial sin paliativos. Encontrar la o las causas de ello daría pie a un interesante debate, que no es el objetivo de este artículo.




Eso sí, algo tendrá que ver —y revelo aquí  mis preferencias— la elección particular de cada espectador experimentado de SU 4F ideal a lo largo de su larga trayectoria en formato papel, de aquella época o de aquel equipo artístico que le cautivó. La presente interpretación de la Primera Familia de Josh Trank, escrita por Simon Kinberg y Jeremy Slater, está muy lejos de las viñetas del mítico John Byrne —es legendaria su segunda etapa en la serie ya como autor completo (guionista y dibujante), entre julio de 1981 y julio de 1986—, que tantos buenos momentos me proporcionó durante mi infancia. Y eso pesa, en mi humilde opinión.

Cuatro fantásticos es un reboot en toda regla, innecesario por otra parte, que repudia tanto la cinta de Roger Corman de 1994 como las más recientes aportaciones de Tim Story. Si hablamos en términos de fidelidad a la fuente primigenia, la película realiza diversas modificaciones de calado que no serán bien recibidas por los puristas aficionados al cómic: cambio arbitrario de raza en un protagónico —Johnny Storm, alias la Antorcha Humana, es afroamericano por aquello del pluralismo racial—, alteración en los orígenes de algunos personajes —Víctor Von Muerte no tiene raíces aristocráticas aunque proviene de Latveria; Ben Grimm, alias La Cosa, no es aquel chico cachas de la calle Yancy que triunfó como jugador de Rugby—, estética excesivamente juvenil —¡que le devuelvan las canas a Reed Richards!—, modificación del vestuario habitual, etc. Lamentablemente el villano de turno, el citado Dr. Muerte, es retratado con apenas dos brochazos y pierde la indiscutible entidad de su formato original.

Pero incluso los neófitos percibirán un relato de ciencia-ficción aquejado de un mínimo equilibrio narrativo, pues existe una evidente descompensación entre la prolongada presentación de personajes y la apresurada resolución, toscamente despachada. Es cierto que este tipo de producciones, especialmente las que inician sagas fílmicas, están segmentadas de esa manera, pero cuando empieza la acción todo se vuelve más rudimentario, más previsible, intentando compensarlo con sobredosis de efectismo digital.

A pesar de todo, Cuatro fantásticos no es tan mala como se afirma en las redes sociales y los medios especializados se empeñan en confirmar. Josh Trank, responsable de la interesante Chronicle (2012) evita la vulgaridad con una buena dirección de actores y una contundente puesta en escena, centrándose en las relaciones entre personajes y su progresiva evolución mientras aprenden a vivir con superpoderes y a actuar como un equipo. Y el prólogo, una secuencia sacada del cine infantil de los años 80, recupera el espíritu aventurero que caracteriza tradicionalmente a estos personajes en su cómic, con esos toques de humor que también formaban parte del espectáculo.

No será esta la definitiva versión de Los Cuatro Fantásticos, porque al final llegarán los de Marvel Studios y los integrarán en el UCM, pero al menos Cuatro fantásticos no ofrece la peor de ellas. Y como historia de viajes interdimensionales y mutaciones alucinantes, no hace el ridículo.

Pau Vanaclocha


(3) AMAR, BEBER Y CANTAR, de Alain Resnais.

TRES PAREJAS DE YORKSHIRE

Alain Resnais falleció poco después de terminar esta película, basada en una pieza teatral del dramaturgo Alan Ayckbourn
autor también de las obras que proporcionaron al realizador francés la base literaria de Smoking / No smoking (1993) y de Asuntos privados en lugares públicos (2006)— y que recibió el Premio de la Crítica en el festival de Berlín 2014. Se trata de una comedia dramática protagonizada por tres parejas residentes en la campiña inglesa de Yorkshire que, durante la primavera y el otoño, ensayan una pieza escénica que nunca veremos representada y que se preocupan por un amigo suyo llamado George al que tampoco llegaremos a ver en pantalla, aquejado de una mortal enfermedad.




En apariencia, sólo asistimos a los enredos propios de un vodevil en el que Sabine Azéma, André Dussolier, Hyppolite Girardot y demás intérpretes exteriorizan sus ideas y afectos rememorando el pasado y viviendo el presente como personajes cuyas costumbres y pensamientos son únicamente contemplados como un juego lleno de cotidiana y gozosa vitalidad porque al realizador nunca le ha interesado el naturalismo sino la destrucción del llamado ”efecto realidad”. Lo hizo en su primera etapa experimental
Hiroshima, mon amour (1959), El año pasado en Marienbad (1961), etc. y lo ha hecho también en los últimos quince años, con unas películas en las que tampoco ha renunciado a la búsqueda de un lenguaje narrativo, en tramas habitualmente de carácter coral, adecuado para mostrar que el relato no es más que un ejercicio de ficción, una mera representación llena de artificio con el objeto primordial de que el espectador pueda acceder a lo esencial de aquello que denominamos realidad.

El cine de Resnais es, pues, un admirable ejemplo de posmodernidad con su capacidad tanto para reflexionar sobre sí mismo como para deleitarnos con un estilo original y siempre fascinante. Pienso a veces que el cineasta francés podría haber filmado cualquier cosa y que, al mostrarla, siempre habría cautivado nuestra atención. Todo procedimiento expresivo era asimilado y puesto en práctica si servía a sus designios: aquí hace recitar los diálogos con estudiada afectación, separa las escenas con largos fundidos en negro, usa telones pintados como decorados, muestra mediante dibujos los paisajes y casas de la comarca, utiliza un simple tapiz rayado para limar la posible trascendencia de los primeros planos…

A los no iniciados en su sofisticada y personal manera de hacer cine podrán parecer frívolos y absurdos muchos de los recursos que no son sino simples rodeos para captar mejor lo esencial que se oculta detrás del aparente artificio. Y es que, con frecuencia, nos presenta la vida como una manifestación onírica de algo que sólo puede ser visto y comprendido desde una óptica freudiana.

José Vanaclocha


(2) CUT BANK, de Matt Shakman.

DISCRETO THRILLER

Roberto Patino escribió el guión de Cut Bank inspirándose, sin duda, en los thrillers dirigidos por los hermanos Ethan y Joel Coen, con tramas ubicadas en pequeños pueblos de la América profunda, zonas en proceso de despoblamiento con una vida tranquila y una economía venida a menos, con un paisaje humano formado por personas corrientes con oficios sin relieve, todo ello formando un pequeño mundo cerrado y perfectamente estable que es sacudido repentinamente por algún suceso extraordinario e imprevisible.




La monotonía deja paso, pues, a la inquietud y la rutina al drama. Esto es lo que sucede en la localidad de Cut Bank (Montana), al noroeste de los Estados Unidos, una región que linda con Canadá, con ganado vacuno y cereales en sus praderas, y con fama de ser el sitio más frío del estado. Pero Matt Shakman, un cineasta procedente del teatro, rodó el film en pleno verano, con cinta de 35 mm. utilizando sólo decorados naturales durante las cuatro semanas de rodaje.

Cut Bank se salva gracias a la labor de algunos magníficos actores como John Malkovich, Bruce Dern y Billy Bob Thornton, pero da la impresión de que en el guión hay demasiado artificio y de que el relato carece de la garra suficiente para enganchar la atención de los espectadores. El sheriff va siempre a remolque de los acontecimientos mientras los asesinatos se suceden sin el rigor lógico ni la coherencia exigibles. Sería quizás exagerado decir que la película se limita a empalmar mecánicamente el repertorio de elementos típicos del género pero me parece que la conexión entre el rebuscado plan inicial del falso homicidio y el posterior desmadre sanguinario del psicópata no acaba de funcionar adecuadamente.

José Vanaclocha


jueves, 20 de agosto de 2015

(0) Y DE REPENTE TÚ, de Judd Apatow.

FALSA POSE TRANSGRESORA

Esta burda comedia romántica nos vende lo que no es. Aparece Judd Apatow como realizador, pero nos encontramos ante la película menos reconocible de su filmografía, de hecho Y de repente tú es obra de la escritora y actriz Amy Schumer quien elabora el guión e interpreta a la protagonista. Ella es, por tanto, la auténtica responsable del desaguisado. Comparte con el sello Apatow altas dosis de provocación y sarcasmo a la hora de retratar las relaciones personales y describir arquetipos humanos, pero a diferencia de este, cae en los estrechos márgenes del gratificante happy end hollywoodiense, es decir, transita por lo políticamente correcto buscando la máxima aceptación del público. Por el contrario, Judd Apatow es, a su modo, un poco indie. Y por eso, creo yo,  ha tenido bastante éxito en su trayectoria profesional como fundador y propietario de su propia productora, Apatow Productions.

Pero lo que más rabia me da es la falsa pose subversiva que adopta el film. Lo venden como una actualización de los tradicionales roles masculinos y femeninos en los vínculos sentimentales y sexuales actuales, sin embargo destila un conservadurismo moral que contrasta con la aparente conducta disoluta e independiente del personaje principal. Resulta curioso que en todas las escenas de sexo, en plena faena y con posturas muy indecorosas, ella sale pudorosamente vestida y tapada oportunamente por el cuerpo del compañero de cama. Ya se sabe, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.




Siendo pequeña, Amy recibió una enseñanza de su padre que ha seguido a rajatabla desde entonces. Con motivo de su divorcio, este le inculcó la lección vital de que la monogamia no es un estado natural en el ser humano. La joven, ya treintañera, vive de acuerdo con las creencias de su padre, disfrutando de una vida sin ataduras, libre de aburridas promesas románticas. Sin embargo, cuando descubre que se está enamorando del hombre al que dedica un artículo, un encantador y exitoso médico deportivo, Amy se replantea sus creencias y su estilo de vida.

Y de repente tú ofrece una imagen de aparente modernidad por un cambio drástico en los clásicos roles de género; ahora es la mujer quien asume la iniciativa sexual yendo de flor en flor sin aceptar compromisos de ninguna clase mientras el hombre reclama relaciones serias y duraderas aportando el ingrediente romántico al relato. Ella es dura, insensible y torpe en su trato humano; él es cariñoso, comprensible y emocionalmente estable. Perfecto, un punto de partida distinto, original.

El problema es que la subversión se va disolviendo progresivamente a medida que avanza la trama, renunciando poco a poco a los elementos que contravenían los preceptos del mainstream. Los espectadores vamos observando cómo la indómita protagonista va cediendo parcelas de libertad y autonomía a medida que se consolida su relación, aceptando con total naturalidad su inclusión en el redil, en el cómodo y previsible refugio del noviazgo de toda la vida. Un tanto chapucera es la escena final cuando Amy le declara su amor a Aaron, tras haberse separado por una estúpida y equívoca discusión previa, en Madison Square Garden, la mítica cancha de baloncesto de los New York Knicks. Una humillación excesiva por haber sido una “chica mala” y un premio innecesario por la santa paciencia de un chico domesticado por las flechas de Cupido. Da rabia.

Pau Vanaclocha


miércoles, 19 de agosto de 2015

(1) OPERACIÓN U.N.C.L.E., de Guy Ritchie.

JUEGO DE ESPÍAS

El intrincado contexto político, económico, social y cultural de la llamada Guerra Fría impulsó el género de espías a una auténtica Edad de Oro, siendo el principal arquetipo de agente secreto —tanto en la literatura como en el cine— el carismático James Bond. No obstante, tal fue la proliferación de agentes secretos y agencias clandestinas que la temática sufrió los primeros síntomas de agotamiento. Se abría así la veda a la progresiva caricaturización del citado género.

A principios de la década de los 60, el productor Norman Felton y el escritor Ian Fleming idearon una serie de TV que girara en torno a la actividad investigadora de diversos espías, pero añadiendo abundantes dosis de comicidad sin renunciar al imaginario colectivo de los films del agente 007. El resultado fue El agente de CIPOL, emitida por la cadena NBC desde septiembre de 1964 hasta enero de 1968. En ella, el estadounidense Napoleon Solo (Robert Vaughn) y el soviético Illya Kuryakin (David McCallum) formaban un improbable equipo de agentes secretos que combatían contra una organización terrorista que pretendía destruir el status quo internacional de entonces. Y lo hacían configurándose como una efectiva pareja cómica cuyas ingeniosas réplicas enfatizaban el contraste de caracteres y las inevitables susceptibilidades entre bloques. 




Adaptación libérrima a la gran pantalla, Operación U.N.C.L.E. utiliza la fuente original como punto de partida para recrear desde cierta nostalgia y con mensaje conciliador aquella conflictiva época, recurriendo a tópicos y lugares comunes propios de aquellos tiempos.

El responsable es Guy Ritchie, realizador que se ha labrado una merecida fama de cronista de thrillers Lock & Stock (1998), Snatch. Cerdos y diamantes (2000), Revolver  (2005) y RocknRolla (2008)— y acción de época gracias a su saga cinematográfica de Sherlock Holmes. Su narrativa endiablada, se sentido del espectáculo y su bagaje fílmico le convertían en candidato ideal para esta producción. 

Y funciona. Aunque se prioriza la tensa pero entrañable relación entre los protagonistas, la trama se articula como un ajustado mecanismo de relojería. Henry Cavill —alias Superman— y Armie Hammer —alias El llanero solitario— exploran su vis cómica alternando las secuencias dialogadas con las de acción pura y dura. Menos entereza tienen los personajes antagonistas, apenas descritos con escasos diálogos y breves escenas.

Se trata, por tanto, de un entretenido blockbuster que, sin embargo, no alcanza una categoría superior al mero pasatiempo estival. Nada de lo que aporta Operación U.N.C.L.E. causa sorpresa o admiración.

Pau Vanaclocha



martes, 18 de agosto de 2015

(3) SEÑOR MANGLEHORN, de David Gordon Green.

UN HOMBRE SOLITARIO

De las siete películas que nos han llegado del realizador estadounidense David Gordon Green sólo dos destacan del resto, Snow angels (2009) y Joe (2013), abundando en su carrera  comedias sin relevancia alguna. Otra cosa es la presente Señor Manglehorn (2014), un film de tono dramático que permite lucir sus grandes dotes interpretativas a Al Pacino, quien junto a la actriz Holly Hunter, ambos ganadores del Oscar, constituye el soporte más sólido de este relato protagonizado por un maduro cerrajero, solitario y amargado, que encuentra en la empleada de un banco local una posibilidad de enderezar su triste y solitaria existencia.




Típica película de carácter independiente, presentada en el festival de Venecia, en ella debuta como guionista Paul Logan, que centra su atención en describir la rutina cotidiana de los habitantes de una pequeña localidad del interior de los Estados Unidos donde el protagonista, un casado infiel que sufrió hace años la muerte de su amante y que apenas recibe visitas de su hijo, se refugia en las labores propias de su oficio y en la única compañía de su gato.

Entre recuerdos y remordimientos transcurre este correcto relato, hábilmente narrado y traspasado por un espíritu melancólico, cuyo desenlace nos sugiere una posibilidad de enderezar una existencia gris y sin apenas alicientes.
                    
José Vanaclocha


(3) EL CARTERO DE LAS NOCHES BLANCAS, de Andrei Konchalovsky.

UN LUGAR EN EL FIN DEL MUNDO

Premiada con el León de Plata a la mejor dirección en el festival de Venecia 2014, esta película
es resultado del regreso de Andrei Konchalovsky a su país de origen (donde ya había hecho Siberíada, Tío Vania, etc.) después de marchar a trabajar durante unos años a Estados Unidos y a Europa (El tren del infierno, Tango y Cash, Homer y Eddie, etc.). No es pues de extrañar que en su último film predomine la sencillez, el lirismo y la nostalgia, lo cual es perceptible en su forma de mirar a los habitantes de un pequeño pueblo del norte de Rusia, en medio del lago Kenozero, que se comunica con tierra firme mediante la barca del cartero, personaje protagonista que constituye el eje en torno al cual se articula todo el relato.




Interpretado por actores no profesionales, el film es la crónica veraniega de un poblado que se está quedando sin habitantes cuya tipología, oficios y hábitos ancestrales están condenados a la desaparición como se puede advertir en la cada vez mayor presencia de la modernidad: teléfonos, televisión, la vecina base espacial, la cercana gran ciudad, etc.

Según declaraciones del propio realizador ruso, lo que ha pretendido es rendir homenaje al dramaturgo Anton Chejov y al cineasta Robert Bresson, lo que se hace explícito con una cita de La tempestad (William Shakespeare) en torno al misterioso origen de los efímeros encantos de aquellos remotos parajes, identificados con la utopía, con esos colores impresionistas que pueden ser percibidos gracias a la singularidad de la luz boreal.

Lo que vemos en El cartero de las noches blancas podría ser el equivalente al sureño universo rural que Mark Twain construyó literariamente junto al río Mississippi, en esta ocasión con una sabiduría narrativa puramente fílmica y con una cámara especialmente contemplativa
la acción queda reducida a lo imprescindible que observa fascinada ese mundo exterior poblado por los humanos. Las bellas imágenes de la Naturaleza, el equilibrio de los encuadres, la sutileza de las ráfagas musicales y la autenticidad de los aldeanos son atractivos que redondean una película planteada como un acercamiento desdramatizado a la vida cotidiana de una comunidad en la que los acontecimientos más relevantes son el robo del motor de la barca y el frustrado idilio del cartero.

José Vanaclocha


miércoles, 12 de agosto de 2015

(2) MISIÓN IMPOSIBLE: NACIÓN SECRETA, de Christopher McQuarrie.

UN ESPÍA QUE NO PIERDE GANCHO

Espectacularidad y ritmo. Esos son los ingredientes básicos de cualquier saga cinematográfica actual, especialmente en el ámbito de la acción. Estoy pensando en el nuevo James Bond, en la franquicia motorizada Fast & Furious y en el llamado Universo Cinematográfico de Marvel. Pero también en el serial Misión Imposible, basado en la serie de TV homónima creada por Bruce Geller y emitida por la cadena CBS entre los años 1966 y 1973.

Las andanzas del célebre agente secreto Ethan Hunt —sublimación del espía “bueno” clásico adaptado al siglo XXI; incuestionable actualización post-moderna del James Bond de la Guerra Fría—, interpretado con gracia y desparpajo por un Tom Cruise al que no parecen pesarle los años, alcanza ya la quinta entrega y lo hace manteniendo un gran nivel en ambos conceptos anteriormente mencionados: un ritmo endiablado, que apenas deja espacio para el descanso, y un generoso presupuesto que permite la sucesión de aparatosas e interminables escenas de acción . Ahora bien, ¿cómo superar el desmadre hiperbólico que había conseguido su predecesora Misión Imposible: Protocolo Fantasma (2011)? Simplemente, no lo hace. Comparte con el resto de películas varias escenas físicamente “imposibles” que convierten al protagonista en una especie de superhéroe sin superpoderes, véase a Cruise sujeto en el exterior de un avión en pleno despegue, pero se percibe una aproximación más íntima y reflexiva del personaje. De hecho, algunos acontecimientos importantes de este film son dialogados, más que escenificados.




No solo eso, en Misión Imposible: Nación Secreta hay más lírica que en los cuatro episodios anteriores juntos. Una magnífica secuencia de luchas y persecuciones en los recovecos de la Ópera de Viena —un claro homenaje a la famosa escena sinfónica de El hombre que sabía demasiado (1956)—, acompañada de la pegadiza pieza central del Nessun Dorma, añade a la historia un componente épico que se mantiene ya a lo largo del metraje, en forma de ecos musicales en su banda sonora. Christopher McQuarrie intenta perfilar un relato de espías envolviéndolo con el aura operístico de Turandot de Puccini. ¡Con dos cojones!

Pero no olvidemos ante qué producto nos encontramos. Misión Imposible: Nación Secreta es un blockbuster —sólido eso sí, pero enfundado en los tópicos y clichés del género— que pretende entretener al público aplicando las conocidas fórmulas comerciales de siempre, con villanos de opereta, una femme fatale omnipresente y tiros y persecuciones al uso. Y Hunt, sin despeinarse.

Pau Vanaclocha


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