JASON BOURNE

En un mundo convulso, azotado por la crisis económica y la guerra cibernética, organizaciones secretas luchan por el poder. Jason Bourne reanudará la búsqueda de respuestas sobre su pasado.

MALAS MADRES

Amy es una madre trabajadora saturada por las obligaciones. Cansada, se une a otras dos madres para liberarse de las responsabilidades. En su camino se cruza la líder de la asociación de padres.

ZIPI Y ZAPE Y LA ISLA DEL CAPITÁN

Zipi y Zape viajan a una remota isla con sus padres. Una tormenta les obliga a refugiarse en la mansión de la divertida señorita Pam, donde niños sin familia disfrutan de un paraíso sin reglas.

PASTEL DE PERA CON LAVANDA

Louise cría sola a sus dos hijos e intenta mantener a flote el negocio familiar. Un día en el que casi atropella a un desconocido, Louise descubre que es un hombre distinto al resto de la gente.

MILES AHEAD

Biopic basado en la vida del compositor y trompetista Miles Davis, quien con más de 50 años de carrera se consolidó como un gran representante de la música jazz del siglo XX.

THE NIGHT WATCHMAN. LA MINA

Tras pasar 2 años en la cárcel, Jack regresa a casa dispuesto a recuperar la confianza de su familia. Consigue un trabajo como vigilante nocturno en la vieja mina abandonada del pueblo.

BOYE

Empresario, abogado y editor de la revista Mongolia, Gonzalo Boye desvela en un documental su sorprendente e interesante historia, desde sus primeros años en Chile a su trayectoria en España.

martes, 26 de julio de 2016

(2) INFIERNO AZUL, de Jaume Collet-Serra.

LA BELLA Y LA BESTIA

El séptimo largometraje de Jaume Collet-Serra rinde un manifiesto y sincero homenaje a Tiburón (1975), el ya clásico film de Spielberg. Y no solo por estar protagonizado por un gigantesco escualo que desata el terror en una playa turística sino porque en él se aprecian, sutilmente, algunas habilidades narrativas del rey Midas de Hollywood, especialmente en el manejo del suspense y del terror.

La historia, sin embargo, no destaca por su originalidad. Una joven —que trata de superar la pérdida de su madre— acude a una solitaria playa mexicana para practicar surf, quedándose atrapada en un islote a sólo 100 metros de la costa tras sufrir el ataque de un gran tiburón. Para sobrevivir deberá hacer uso de su ingenio y su coraje, enfrentándose ella sola a una feroz máquina de matar.




Los géneros de aventura y de terror han explorado en numerosas ocasiones el sempiterno enfrentamiento entre humano y animal, siendo el mencionado depredador un frecuente antagonista. Pero ninguna película ha alcanzado el interés de Tiburón, una de las obras más destacables del cineasta estadounidense.

El catalán afincado en Hollywood ha logrado, en ese sentido, configurar un entretenido relato de supervivencia con abundantes dosis de tensión dramática. Pero para darle el formato comercial ha debido alargar con no poco artificio el metraje. Infierno azul hubiera sido un sensacional mediometraje de 30 minutos de duración, pero para llegar a los casi 90 minutos que tiene ha debido introducir varias tramas absolutamente prescindibles; como la entrañable relación de la protagonista con una gaviota herida a la que ayuda a curar el ala o los frecuentes recuerdos en forma de flashbacks de su querida madre. Además, Collet-Serra añade la técnica del found footage para justificar el uso de cámaras y móviles que le permiten finalmente recibir ayuda.

Quizás la resolución del combate entre inteligencia y brutalidad no asombre al público, de hecho resulta un poco forzado. Eso sí, muy espectacular. Aún así, Infierno azul garantiza pasar un rato pegado a la butaca en su condición de aceptable producto de serie B.

Pau Vanaclocha

lunes, 25 de julio de 2016

(1) EL CORAZÓN DEL ÁNGEL, de Alan Parker.

UN ÁNGEL EN LOS INFIERNOS

Ante esta adaptación de la novela de William Hjortsberg es lícito e ineludible preguntarse por la pertinencia estilística de la mezcla entre el cine "negro" y el género fantástico; entre la crónica de sucesos con voluntad realista y el espacio imaginario dominado por la fantasía. Porque no otra cosa que híbrido de discutible validez es este film del sobrevalorado Alan Parker, verdadero "descenso a los infiernos" de un fracasado detective privado, en una intriga más complicada que compleja, que debe resolver un enigma: descubrir el paradero de un cantante desaparecido años atrás en extrañas circunstancias.

La narración, elaborada mediante escenas autónomas, sin mucha coherencia ni funcionalidad, resulta confusa y progresa a base de golpes de efecto con frecuencia ajenos a toda lógica y propiciados por la perfección técnica que permite una fotografía impecable y una banda sonora pensadas para atrapar la atención del espectador.

Y así, el relato va decantándose paulatinamente hacia el misterio, hacia el dominio de los poderes sobrenaturales del diablo, con concesiones a la taquilla bien palpables en las convencionales escenas eróticas y en la profusión de planos sanguinolentos.

Una vez más, en el moderno cine estadounidense —en el que el británico Alan Parker se ha integrado perfectamente—, lo superficial y lo truculento son la baza segura del éxito comercial. Lejos y desconocidos para los más jóvenes quedan los clásicos, aquellos que realizaron películas de género, mucho más baratas y sencillas, a partir de sólidos guiones, funcionales diálogos y rigurosa dirección de actores. Eran, obviamente, otros tiempos. Los del verdadero talento.

José Vanaclocha


  

(4) ÁBRETE DE OREJAS, de Stephen Frears.

PASIÓN Y MUERTE

Stephen Frears ha adaptado la biografía que John Lahr publicó en 1978 del famoso autor teatral Joe Orton, joven iconoclasta y provocador de ascendencia obrera, una especie de Oscar Wilde en vulgar que conmovió los cimientos de la puritana sociedad británica de los primeros años 60 y cuya obra hay que conectar con los aires renovadores del teatro y del cine —Pinter, Osborne, Free Cinemade finales de los 50.

La película gira narrativamente en torno a una agente literaria que comenta a un escritor la vida de Orton, a partir de sus propios recuerdos y de los datos hallados en el diario íntimo del difunto, mostrando en varios flashbacks la larga relación "matrimonial" entre el joven dramaturgo y Kenneth Halliwell, que inició al primero no sólo en la homosexualidad sino también en la creación literaria.

Y así, siguiendo un esquema similar al de Ha nacido una estrella (1954) de George Cukor, el film es la implacable crónica —desvergonzada y sincera, sin moralismos ni tópicos— de una peculiar relación sentimental, los celos amorosos y profesionales de un Kenneth, cada vez más neurotizado al sentirse postergado, ante el éxito de su amante Joe, hasta desembocar en el asesinato de éste y posterior suicidio de aquél, precisamente una semana después de que se despenalizara la homosexualidad en Inglaterra.

El ambiguo título inglés de la película puede traducirse fonéticamente tanto por "préstame oído" como por "vete a tomar por culo", ya que constituye un auténtico revulsivo contra la hipocresía de una sociedad ante un tema tabú como el de las relaciones entre personas del mismo sexo, voluntad provocadora que se evidencia, por ejemplo, en la escena del "desvirgamiento" de Joe mientras la TV retransmite la coronación de la reina Isabel II.

Stephen Frears ha realizado una película excelente, mediante una dirección moderna en el sentido de fundir imperceptiblemente humor y drama, la sutileza y riqueza de sugerencias o el rigor expresivo de una narrativa que no elude los aspectos más escabrosos sin regodearse en ellos.

Desde Passolini y Fassbinder, nunca el cine había abordado el universo gay con tanta lucidez y dignidad, por lo que Ábrete de orejas, con sus provocadoras situaciones y contrarréplicas, puede considerarse como uno de los films más valiosos del año, recomendable para personas liberadas de prejuicios.

José Vanaclocha


 

(2) MI DULCE PUEBLECITO, de Jirí Menzel.

LA CIUDAD NO ES PARA MÍ

Esta comedia checoslovaca de ambiente rural podría definirse como costumbrista —tipos representativos, hechos cotidianos, escenarios naturalescon un humor elemental y lleno de cordialidad basado en el contraste entre tan tradicional como es la pareja cómica formada por un gordo y un flaco.

Conflictos de tipo laboral —un traslado forzoso— y amoroso —un adulterio— forman la trama argumental mediante la que se critican suavemente los privilegios de los burócratas, el puritanismo erótico y la masificación deshumanizadora de la gran ciudad (Praga), erigiendo por contra la apacible vida riral como ámbito natural de unas relaciones humanas ideales.

Pero pese a la existencia de tres o cuatro gags realmente divertidos, Mi dulce pueblecito tiene un interés limitado debido a la presencia de personajes estereotipados, sin apenas profundidad psicológica, a un bucolismo bastante falso y a un ingenuo humanitarismo que evita abordar los conflictos sin difuminarlos previamente con los paños calientes de las buenas intenciones.

Porque una cosa es dar una visión afable y optimista de la vida y otra muy distinta caer en la excesiva simpleza.

José Vanaclocha


 

domingo, 24 de julio de 2016

(2) ESPERANZA Y GLORIA, de John Boorman.

VIVENCIAS DE LA INFANCIA

No pocos cineastas han contado en sus películas sus vivencias de la infancia, siendo Amarcord (1973) y American Graffiti (1973) quizás las más conocidas para el cinéfilo. En ese sentido, el realizador John Boorman sigue explorando los más variados géneros configurando en Esperanza y gloria su film más "autobiográfico".

La acción transcurre en Londres durante la II Guerra Mundial, centrándose en las penalidades que sufre una familia cuyo maduro padre se ha alistado como voluntario con el ánimo de salvar la patria nada más iniciarse el conflicto. Lejos de caer en el previsible melodrama decimonónico, Boorman nos plantea una imagen nada complaciente y nostálgica de la juventud y de una época idealizada por la propaganda de la "resistencia" británica frente al III Reich.

La visión de los niños, crueles y nada inocentes, el trato que se da a los aires imperiales y triunfales de la escuela, lo estúpidos que resultan los padres de familia marchando al ejército, una acertada aproximación al tema de la iniciación sexual, unidos a la impecable resolución de muchas de las secuencias reúnen los suficientes atractivos como para pasar un buen rato con lo que parecía un material de partida poco sugestivo.

Pau Vanaclocha


jueves, 21 de julio de 2016

LOS GÉNEROS CINEMATOGRÁFICOS (XI): EL CINE DE TERROR

LA ÉPOCA DORADA DE HOLLYWOOD

Los teóricos definen el cine de terror más o menos así: “aquellas películas que producen miedo, inquietud o sobresalto en el espectador” y suelen citar como primer film del género La mansión del diablo (George Méliès, 1896), algo más de tres minutos con los habituales trucos de apariciones y desapariciones del mago cineasta. Yo disiento y sostengo que el género comenzó el año anterior, concretamente el 28 de diciembre de 1895 en el salón Indien, de París. Los hermanos Lumière presentaban sus primeros documentales y, entre ellos, uno de cincuenta segundos de duración titulado La llegada de un tren a la estación de La Ciotat, que era exactamente lo que indica el título: la entrada de un tren a la estación de Lyon filmada con una cámara situada en el andén. Los parisinos salían despavoridos de la sala al ver aquella locomotora que se les venía encima. Sin proponérselo, los Lumière habían realizado la primera película de terror.

Y es que el miedo tiene mucho de subjetivo. La máquina del tren acojonaba, los trucos de Méliès, no. Los espectadores actuales sonríen condescendientes o se aburren como ostras al ver las películas que atemorizaban al público en los años 30 y 40 y a los de mi generación no suele gustarnos el gore porque no nos da miedo, sino asco, salvo algunos títulos como La noche de los muertos vivientes (1968) o La matanza de Texas (1974). Luego hablaremos de ellas.

Es opinión generalizada que el cine de terror —también la literatura— alcanza sus años de esplendor en tiempos de crisis, de guerras, épocas de turbulencias económicas y políticas. Veamos los argumentos que se esgrimen para defender esta teoría: la eclosión en Alemania del Expresionismo y el uso que de él hicieron Wiene, Wegener, Murnau y Lang, creando la atmósfera precisa para aterrorizar a los espectadores con El gabinete del Dr. Caligari (1920) y El Golem (1920), Nosferatu (1922) o M, el vampiro de Duseldorff (1931), se produce tras el fin de la Gran Guerra, en un país devastado y empobrecido.

En Estados Unidos, los grandes títulos de la Universal El Doctor Frankenstein (1931), Drácula (1931), La momia (1932), La novia de Frankenstein (1935)... coinciden con la gran depresión, tras el crack del 29.

En Inglaterra, las obras maestras de terror gótico de la Hammer, con Christopher Lee y Peter Cushing dirigidos por Terence Fisher son de la década de los 50, cuando aún coleaban las consecuencias del desgaste que produjo en el país la II Guerra Mundial: empobrecimiento, huelgas y otros conflictos laborales, pérdida de las colonias...

Y aunque no estoy muy al tanto del cine de terror que se hace en lo que llevamos de siglo, me da la impresión de que esta crisis, tanto en USA como en Europa, está motivando un relanzamiento del género. Basta observar la oferta televisiva, que amén de invadir nuestros hogares con realities horrorosos o tertulias y debates políticos o deportivos, más terroríficos aún, nos machacan con series en las que hay ya más zombis que cómicos mala sombra.

Un dato histórico más: estoy escribiendo esto el 28 de junio de 2016. Anteayer tuvimos elecciones generales en España, con el resultado que ustedes conocen. Pues anoche en La Sexta, tras El Intermedio, programaron La mujer de negro (James Watkins, 2012) seguida de Posesión infernal (Fede Álvarez, 2013) un discreto remake de la de Sam Raimi de 1981. Terror de fantasmas y gore a tope. ¿Casualidad?

Bien, no divaguemos. Como en los trabajos anteriores, me he limitado a analizar films del cine clásico hollywoodense llevando el estudio hasta 1980, porque en esa década de los 70 hubo muy buenas películas del género y quería incluir algunas de ellas. Total, que me he encontrado con 12 títulos y no he sido capaz de prescindir de ninguno.

Comencemos, pues.

1.— El hombre y el monstruo (Dr. Jekill and Mr. Hyde, 1931), de Rouben Mamoulian.

Tercera adaptación en Hollywood de la novela de Robert Louis Stevenson El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hide, que es probablemente la obra literaria que más juego a dado, primero al teatro e inmediatamente después al cine. Dirigida por el armenio-americano Rouben Mamoulian para la Metro, es la mejor versión con diferencia. De factura impecable y muy audaz para la época, —el comienzo del film, con cámara subjetiva es extraordinario— se sirve de un excelente guión, fiel al original y de una sobresaliente interpretación de Frederic March, que le valió el Oscar. Muy bien también Mirian Hopkins.

De 1912 y 1920 son las dos adaptaciones anteriores. La segunda, producida por Adolph Zukor y dirigida por John S. Robertson, la interpretó John Barrimore. La versión de 1941, también de la Metro es probablemente la más conocida, dirigida por Victor Fleming e interpretada por Spencer Tracy, Ingrid Bergman y Lana Turner, es un correcto remake de la de Mamoulian.

En 1959, Jean Renoir dirige en Francia El testamento del Dr. Cordelier, rodada para la TV, aunque yo recuerdo haberla visto en la gran pantalla. Una memorable interpretación del gran actor del teatro francés Jean Louis Barrault en el doble papel del Dr. Cordelier y Mr. Opale, el malvado alter ego del psiquíatra. Barrault se vale de su notable dominio del mimo para ofrecernos una divertida versión del repulsivo personaje. Y Renoir, aunque no utilizó mucho el medio, parece que no haya hecho otra cosa en su vida, se mueve por los platós televisivos como pez en el agua. Una obra maestra.

De 1960 es la cinta británica The two faces of Dr. Jekill, en la que Terence Fisher se olvida de la obra original, monta un trío y se pasa en truculencia.

En 1963, Jerry Lewis dirige e interpreta El profesor chiflado, de la que ya hablé en la crónica sobre la comedia cómica. Recuerdo lo que sostenía: una versión mucho más fiel al original que la mayoría de las que circulan por ahí.

Y en años posteriores, hasta prácticamente ayer mismo, han seguido rodándose doctores Jekill y místeres Hyde por un tubo. Lo último, una serie coreana de televisión que comenzó el año pasado y sigue emitiendo nuevos episodios. Al pobre Stevenson le han hecho de todo: desde pornos hasta convertir a Mr. Hyde en sister Hyde. Solo destaco, porque si no esto va a ser el cuento de nunca acabar, el film de Stephen Frears Mary Really (1996), basada en una novela escrita por Valerie Martin en 1990, que contempla la historia desde el punto de vista de una sirvienta de los Jekill. Brillante realización y buenas interpretaciones de Julia Roberts y John Malkowich.

2.— El Doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), de James Whale.

La década que empieza en 1931, como hemos comentado en la introducción, fue en la que Hollywood brindó su mayor contribución al cine de terror. La Universal, el primer estudio de EE.UU., fundado en 1912, se dedicó en esta época casi en exclusiva a producir películas de miedo. Directores como el inglés James Whale, el austro-húngaro Karl Freund o el norteamericano Tod Browning, asimilan a la perfección las enseñanzas del Expresionismo alemán y dotan a sus películas de la atmósfera sobrecogedora y angustiosa de aquéllas.

Whale contó en sus films con actores británicos a los que conoció en Londres —Karloff, Clive— y cuando cuatro años después rodó una secuela, La novia de Frankenstein (1935), llamó a Elsa Lanchester, con la que también había coincidido en los teatros del West End londinense para interpretar el doble papel de Mary Shelley, la autora de la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, y el monstruo femenino que Frankenstein y un siniestro doctor Pretorious fabrican para hacer compañía a Karloff.

Muchos críticos prefieren La novia de Frankenstein a la primera. Yo las tengo en similar estima. En La novia de Frankenstein está la secuencia en la cabaña del ciego que toca el violín, que es la que prefiero de las dos películas. También en la descacharrante parodia de Mel Brooks, El jovencito Frankenstein (1974) la escena con el ciego —un irreconocible Gene Hackman— es una de las mejores. Jamás he conseguido explicarme como Brooks, responsable de una serie de infumables parodias de clásicos, pudo sacar ésta, que no tiene desperdicio; y además no sale él, que también se agradece. Tampoco me explico cómo pudo casarse con él una señora tan estupenda como Anne Brancroft. No puedo evitarlo: me cae gordo, este tío. Se me nota ¿verdad?

He oído que la Universal tiene intención de rodar secuelas de sus películas de terror, pero esta vez con buenos presupuestos y actores de primera fila para interpretarlos. Se habla de Tom Cruise, de Russell Crowe y para encarnar al monstruo de Frankenstein nuestro Javier Bardem. Ya veremos.

3.— La parada de los monstruos (Freaks, 1932), de Tod Browning.

Mi primera intención fue incluir Drácula (1931) de Tod Browning y Karl Freund, pero me he decantado por Freaks - La parada de los monstruos (1932), porque lo que pudiera contar de novedoso sobre el Drácula interpretado magistralmente por el gran Bela Lugosi sería más bien poco y prefiero defender a capa y espada esta obra maestra maldita, perseguida con saña en todas partes hasta casi conseguir hacerla desaparecer por completo. Su exhibición fue prohibida en varios estados USA, en el Reino Unido y en varios países europeos. A otros, como España, simplemente no llegó, hasta que, cuando los pocos que habían oído hablar de ella ya la tenían olvidada, se presentó en la Mostra de Venecia de 1962 y, ahora sí, fue objeto de críticas entusiastas y se convirtió en película de culto, no solo para los amantes del género sino para todo buen cinéfilo. En España, siguió prohibida. Hubo un pase televisivo en los años 70, en versión original después de que consiguiera colarse en el festival de cine de terror de Sitges, pero en salas no se estrenó ¡hasta 1997!




La película es incómoda. Protagonizada, salvo 4 ó 5 personajes, por auténticos fenómenos de feria, todavía habituales en los circos de la época, ya su rodaje resultó incómodo: muchos miembros del equipo técnico lo abandonaron, incapaces de soportar la visión continua de enanos, tullidos, microcéfalos, hombres y mujeres sin brazos ni piernas arrastrándose con relativa soltura, una mujer barbuda, dos hermanas siamesas...pero, por favor, no abandonen la lectura con gesto de repugnancia. Si no conocen la película, yo les exhorto a que la busquen y la vean completa. Porque estoy seguro que acabaran amando a estos inocentes deshechos de la sociedad, odiando a los dos prototipos de perfección física, una belleza rubia y un apolíneo forzudo, dos auténticos hijos de puta. Y aunque esté feo, acabarán ustedes animando a los monstruos, cuando hacen justicia y en una escena espeluznante, reptando por el barro en medio de una espantosa tormenta, linchan al Hércules; la bella corre peor suerte, porque queda viva pero demediada —un rayo la parte por la mitad— y pasa a ser un monstruo más del circo. El final feliz parece ser que fue un pegote impuesto por la Metro, pero tampoco resulta demasiado incongruente, aunque si ven una versión que circula sin él, no se pierden nada. Tampoco sirvió para paliar el desastre: la productora sufrió un descalabro económico considerable y prácticamente acabó con la carrera de Browning.

Más que un film de terror es un impresionante drama humanista adelantado a su época, desgraciadamente. No se la pierdan.

4.— Yo anduve con un zombie (I Walked with a Zombie, 1943), de Jacques Tourneur.

Había programado La mujer pantera (1942), pero tenía la sensación de haber escrito ya sobre ella en estas crónicas. En efecto: en el segundo artículo sobre cine negro, subtitulado Cine de gánsteres, atracos y botines incluí el film de Tourneur Retorno al pasado (1947), y esta inveterada costumbre mía
podríamos llamarla más bien enfermedad de hacer senderismo por los muy transitados Cerros de Úbeda, me llevó a citar La mujer pantera, lo que me empujó a hablar de Val Lewton, el genial productor que cumplió a la perfección el encargo de RKO de hacer una serie de films de terror de bajo presupuesto que pudieran competir con la boyante Universal, y dediqué casi un folio al terror, desde luego mucho más que a los gángsters. Así que si quieren, pueden encontrarla en los archivos de Vanavisión, sección Bitácora.

De todos modos, hay estudiosos del género que prefieren ésta a La mujer pantera. Yo soy incondicional de Jacques Tourneur y prefiero las dos.

Si algún despistado espectador actual espera encontrar algo parecido a la serie televisiva The Walking dead propinando mordiscos a diestro y siniestro, se llevará un chasco, porque en esta romántica historia los dos únicos zombies no se meten con nadie, son como sonámbulos. Ni siquiera podemos estar seguros de que hayan muerto, puede que estén hechizados con vudú, que para eso la historia transcurre en una isla de Las Antillas llamada San Sebastián, a la que llega una enfermera canadiense para cuidar a uno de los dos zombies. La mujer del tío más rico de la isla. Enseguida sospechamos que la cosa va a seguir los derroteros de Jane Eyre, la novela de Charlotte Brontë, pero pronto vemos también similitudes con Cumbres borrascosas —el hermano borrachuzo—y hasta con Rebeca (1943) —infidelidad de la zombie, antes de quedar alelada—. En resumen, nos encontramos ante una bella película que sin aterrorizar, mantiene una inquietante tensión durante su corto metraje —1h 6m— y es, con La mujer pantera, la demostración más palpable de que para conseguir buenas películas, pertenezcan al género que sea, no son necesarios grandes presupuestos, sino alguien como Val Lewton al frente de la producción. Lewton rodó 11 películas baratas en 5 años —1942/1946— y todas rayan a un considerable nivel.

5.— El péndulo de la muerte (The Pit and the Pendulum, 1961), de Roger Corman.

En la crónica sobre cine “negro”, al hablar de Mamá sangrienta (1970), prometí extenderme en la figura de Roger Corman si estudiaba alguna vez el cine de terror, y como mis mayores me enseñaron que lo prometido es deuda, vamos allá.

Roger Corman, aunque su obra, tanto en la producción como detrás de la cámara no ha tenido por parte de los críticos e historiadores el reconocimiento que se merece, fue una de las personalidades más influyentes en el Hollywood de los años 50 y 60. En su modesta productora, AIP —American International Pictures— que fundó en 1957 con dos amigos, James H. Nicholson y Samuel Z. Arkoff, dieron sus primeros pasos directores y actores que sin duda le sonarán al lector: Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Peter Bogdanovich, John Sayles, Ron Howard, Jonathan Deeme, Joe Dante, James Cameron, Jack Nicholson, Robert de Niro... Todos ellos han reconocido dos cosas: que lo que aprendieron en AIP les ha resultado de vital importancia en su posterior carrera y que Corman era el tío más tacaño de Hollywood. Si le pedían más sueldo respondía: ¡Venga, hombre, si deberías pagarme tú a mí, por tener el privilegio de trabajar conmigo! Conserva la amistad de todos ellos y a veces actúa en sus películas. Yo recuerdo haberle visto en El silencio de los corderos (1991) y Philadelphia (1993), ambas de Jonathan Deeme.

Como director, manteniendo casi siempre su programa económico de hacer rodajes rápidos con presupuestos muy reducidos, tocó varios géneros, desde el western al drama policial o la ciencia ficción, pero si algo de su cine se mantiene vigente son sus films de terror, junto con dos magníficas piezas de acción: Los ángeles del infierno (1966) y La matanza del día de San Valentín (1967). De las 56 películas que dirigió, casi la mitad son cine de terror, pero no todas merecen ser recordadas. Yo me quedo con las ocho que rodó entre 1960 y 1963, desde La caída de la casa Usher (1960) hasta El hombre con rayos X en los ojos (1963). Cinco de ellas adaptando a Edgar Allan Poe, seis interpretadas por Vincent Price. En 1964 dirigió otras dos excelentes adaptaciones de Poe, La tumba de Ligeia y La máscara de la muerte roja, ambas con Vincent Price, pero de producción británica. Se salen de nuestro ámbito, que sigue siendo Hollywood. Cualquiera de las ocho hubiera valido para representarle en esta selección. Si el lector quiere saber de qué films hablo, tiene los siete restantes subrayados un poco más abajo, entre otros títulos relevantes.

El péndulo de la muerte (1961) sigue un sólido guión de Richard Matheson, colaborador habitual de Corman, que mantiene al espectador aterrorizado e interesado a partes iguales hasta la última secuencia, pero cuyo parecido con Poe se limita a que la acción transcurra en la España de la Inquisición y que en su cámara de torturas tienen un pozo y un péndulo.

Una curiosidad: miren qué título más coherente con su criterio de producción puso Corman a sus memorias: Cómo hice cien films en Hollywood y nunca perdí un céntimo

6.— La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero.

Romero dice que el guión esta basado en la novela de Richard Matheson, Soy leyenda. Puede, pero ha hecho lo mismo que Matheson con Poe. Yo no le veo la relación. Seguimos con series B. Romero y un socio hacían spots publicitarios y pensaron en rodar una película de muertos vivientes (el termino zombie todavía se usaba únicamente para los de las Antillas. Haití, vudú y tal), buscaron inversores y juntaron algo más de 100.000$. Con tan magro capital se lanzó Romero a la piscina.

La película es dura, directa, sin ningún tipo de concesiones que ayuden al espectador a soportar el mal rato, poco más de noventa angustiosos minutos. El único respiro debía ser cuando sale en la pantalla The end. Pero no: El nudo en la garganta se mantiene todavía horas y horas.

Al comienzo, dos hermanos llegan a un cementerio de Pensilvania para visitar la tumba de su padre. Sale por allí un tipo que parece borracho, pero que en realidad debe acabar de salir de su tumba. Ataca a la chavala, su hermano sale en su defensa y en el forcejeo con el walking dead acaba matándose al golpear su cabeza con el filo de una lápida. La chica huye, se mete en el coche, no tiene llave, cierra por dentro, pero el zombie —vamos a llamarle así para entendernos— rompe el cristal con una piedra. Afortunadamente el cementerio está en una loma, así que la chica suelta el freno y el coche va bajando y acaba dejando rezagado a nuestro amigo, que la sigue persiguiendo.

Bueno, tampoco es cuestión de contar plano a plano toda la película. Solo les diré que consigue llegar a una casa, que se juntan alli siete personas: ella, el protagonista, una pareja joven y un matrimonio con una hija pequeña. En cuanto alguno muere, no tarda mucho en levantarse con un apetito tremendo y así van devorándose unos a otros. Voy a hacerles el favor de no entrar en detalles, a cual más repugnante. Al final, cuando solo queda vivo el prota, llega el ejército que anda por allí limpiando la zona. Él da saltos de alegría, abre la puerta, les da la bienvenida... y se lo cargan. No había precisado que el chico es negro, no se si tendrá algo que ver. Si les gustan las emociones fuertes, no se la pierdan. Siento haberles reventado el final.

Bien, pues esta es la única peli de zombies que me ha gustado. Tampoco es que haya visto muchas. ¡Ah, sí!: también Thriller (1983), de John Landis, el video promocional del disco del mismo nombre de Michael Jackson. Todavía me lo pongo de vez en cuando. Son 14 minutos de pura gozada.

7.— La semilla del Diablo (Rosemary’s Baby, 1968), de Roman Polanski.

Primera de las dos películas que el genial director polaco filmó en Hollywood. De las treinta y tantas que ha dirigido, solo ésta y Chinatown (1974) fueron rodadas en Estados Unidos. Frenético (1988), es una coproducción USA/Francia, se la considera americana, pero se rodó en Europa, por esas fechas Polanski ya no podía pisar suelo estadounidense sin correr el riesgo de que lo enchironaran.

Ya nos había mostrado su capacidad para acojonar al espectador con Repulsión (1965) que veíamos en España en V.O. en las recién creadas salas de Arte y Ensayo. Me parece recordar que fue con la que inauguraron en Valencia la mítica Aula 7, en la calle General San Martín. Un angustioso y claustrofóbico análisis de los avatares sexuales de una joven que la conducen a la locura y al crimen, con una Catherine Deneuve en estado de gracia.

Rosemary's baby —no me gusta el título español— es una de las películas que más me ha angustiado. Tambíen me dio miedo, claro, pero sobre todo me marcó esa atmósfera, casi desde el principio, notar que te están metiendo, secuencia tras secuencia, en algo tenebroso y sórdido. El tramo final, desde que Mia Farrow coge aquel enorme cuchillo y entra en el salón de sus vecinos los Castevet, lleno de satanistas en plena euforia, celebrando la natividad del hijo del íncubo, hasta que acaba meciendo amorosamente su cuna, es de una intensidad y de una fuerza extraordinarias. Gran cine. 

8.— El exorcista (The Exorcist, 1973), de William Friedkin.

Ya que hemos empezado a ponernos luciferinos, sigamos con el tema, ahora con un subgrupo que ha dado también mucho juego en la gran pantalla: los posesos, esas pobres gentes a las que se les mete el diablo en el cuerpo literalmente, y cuesta Dios y ayuda conseguir que se desembaracen de tan molesto inquilino. A veces se consigue y a veces no.




Ésta acaba bien, en cierto modo. Porque Regan McNeill (Linda Blair), la muy famosa niña de El exorcista (1973) se cura, pero se lleva dos sacerdotes por delante: el padre Merrin (Max von Sydow) que tiene el corazón muy débil y acaba sucumbiendo a las putadas que le hace El Maligno desde el cuerpo de la niña y el padre Carras (Jason Miller) que logra que el demonio abandone el cuerpo de Regan y ocupe el suyo. Luego se tira por la ventana y se mata; se supone que Satanás se larga de ese cuerpo inerte, porque al cura se le queda una expresión de beatitud que no le habíamos visto en toda la película, porque el también vivía atormentado por sus dudas metafísicas y sus cosas familiares.

Muy bien todos los intérpretes. A los tres citados hay que añadir Ellen Burstyn en el papel de Chris McNeill, la madre de la niña y al gran Lee J. Cobb en el detective William Kinderman un cachazudo policía que habla de cine con otro cura que anda por allí, el padre Dyer (William O'Malley).

11 nominaciones a los Oscars, entre ellas a mejor película, mejor dirección —William Friedkin—, actriz —Ellen Burstyn—, actor de reparto —Jason Miller—, actriz de reparto —Linda Blair... pero solo se llevó el de mejor guión adaptado para William Peter Blatty, sobre su novela homónima, y el de mejor sonido.

9.— La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), de Tobe Hooper.

Otra película independiente, de bajo presupuesto, que se convierte en film de culto, precursor de una serie de secuelas, remakes y plagios con personajes similares que provocan situaciones parecidas
la clásica historia del grupo de jóvenes que llegan a algún apartado lugar, donde un asesino se los va cargando uno a uno a lo largo del metraje. Generalmente queda alguien para contarlo, casi siempre una chica. Pero el precursor de todos los Freddy Krueger, Jason Voorhees y demás angelitos que han proliferado en la gran pantalla y también en la pequeña, fue Thomas Hewitt, más conocido como Leatherface (Cara de cuero).

El relato de la gestación de Leatherface, que así pensó Hooper titularla, es un calco del de La noche de los muertos vivientes, hasta en las cantidades. También Tobe Hooper, como Romero, consiguió reunir poco más de 100.000$ y trabajó con un reducido elenco de actores prácticamente desconocidos, la protagonista solo había actuado en teatro en Austin, cuando estudiaba en su Universidad y los demás jóvenes, por el estilo. El que encarna a Leatherface, Gunnar Hansen era un modesto actor islandés.

La película tuvo problemas para ser estrenada en varios países, debido a su extrema dureza, al gráfico realismo de los pasajes violentos. Australia y Reino Unido exigieron tirar de tijera en algunas secuencias. Pero en Estados Unidos al poco tiempo ya había recaudado 30 millones, la mayor taquilla lograda jamás por un film independiente.

Recuerdo que cuando la vi por primera vez iba yo solo —ya saben que mi mujer no soporta este tipo de cine— estábamos en Barcelona, visitando a mis suegros y fui, creo que al Fantasio, un sábado a las doce de la mañana. Yo andaría por los 42 tacos, o sea que no era un niño impresionable, pero puedo asegurarles que llegué a casa de mis suegros totalmente blanco. La imagen de Leatherface con la motosierra corriendo tras la furgoneta en la que escapa Sally, no se apartaba de mi retina. Creo que no comí nada.

En Cannes 2014, fue proyectada dentro de la Quincena de Realizadores coincidiendo con su 40º aniversario y constituyó uno de los éxitos del festival. En diversas publicaciones se la considera la película que mejor cumple su cometido, es decir, la que más asusta.

Tobe Hooper ha seguido rodando, fiel al género. Lo último que le registramos es de 2013 y hace el número 34 en su filmografía, entre películas y episodios de series televisivas, pero solo Poltergeist, fenómenos extraños (1982) refrendó el éxito de ésta. En 1986 rodó una secuela, La matanza de Texas 2, absolutamente olvidable, a pesar de que en Sitges premiaran a su protagonista, Caroline Williams y que contara con la presencia del gran Dennis Hopper. Cargaba más las tintas en el gore puro y duro y tuvo más problemas que la primera en muchos países.

10.— Carrie (Carrie, 1976), de Brian de Palma.

Basada en la opera prima del novelista Stephen King, es la segunda y última película de terror en la filmografía de Brian de Palma, que dos años antes había rodado El fantasma del paraíso (1974) un musical de Paul Williams inspirado en El fantasma de la ópera de Gaston Leroux, nada que ver con el de Broadway, que trasladó al cine en 2004 Joel Schumacher. 

De Palma se ha dedicado más al cine de suspense y al de acción. De sus treinta y tantas películas, yo me quedo con tres de su primera época: Hermanas (1973), Fascinación (1976), la más hitchcockiana de todas, a lo que coadyuva una magnifica partitura de Bernard Herrmann, el compositor favorito del genio gordinflón y Vestida para matar (1980), a mi juicio su mejor película, junto con Los intocables de Eliot Ness (1987).

Carrie nos cuenta la sórdida historia de una adolescente (Sissy Spacek) completamente anulada por una madre horrible, loca perdida y fundamentalista cristiana, seguidora a rajatabla de la Biblia (Piper Laurie). Todo empieza cuando la niña tiene su primera menstruación en las duchas del colegio y como nadie le había explicado nunca de qué va eso, cree que va a morirse. Enseguida empieza el bullying, por parte de algunas chicas; se burlan, le gastan bromas. Esto durará toda la peli, hasta que en la fiesta de graduación se pasan tres pueblos, derramándole un balde de sangre de cerdo por la cabeza. No he comentado aún que Carrie tiene poderes telequinésicos cuando se cabrea. Y lo del cubo de sangre la cabrea mucho, claro, y se desencadena la intemerata: destroza la sala de baile, cargándose a todos los que están allí, profesores, alumnos, músicos. De vuelta a casa, la pareja de condiscípulos más borde, la que dispuso la broma, que no estaba en el salón, intenta atropellarla, pero Carrie desvía y estrella el coche. Otros dos menos. Al llegar a casa su madre, que había intentado impedirle ir a la fiesta, convencida de que su hija es el mismísimo diablo, intenta matarla con un cuchillo, pero Carrie contraataca dirigiendo hacia ella todos los objetos punzantes de la casa y la deja como un acerico. Después, abrazada al cadáver de su madre, considera que sus poderes no le sirven para nada bueno y decide hacer uso de ellos por última vez: derrumba la casa, con ellas dentro, encerradas en un armario.

Las dos actrices fueron nominadas a los Oscars. No hubo suerte, pero la película se llevó el Gran premio en el prestigioso festival de cine fantástico de Avoriaz.

Stephen King es el novelista con más obra llevada al cine. Yo ya me lo figuraba, pero lo he consultado ahora y resulta que hay ¡51 películas adaptando sus novelas! Prácticamente, toda su producción. Luego, cuando estudiemos El resplandor (1980), hablaremos un poco más de él.

11.— Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979), de Ridley Scott.

Los géneros cinematográficos no son compartimentos estancos, ya hemos visto que puede haber comedia a secas, comedia negra, comedia romántica, thriller psicológico, western crepuscular, musical de terror, pero si hay dos géneros que se machihembran a la perfección son la ciencia ficción y el terror. Casi todos los títulos que estudiamos en aquella crónica podrían perfectamente haber formado parte de ésta y Alien podía haber estado allí, porque todavía no estaba en nuestros planes hacer un trabajo dedicado al terror, pero yo preferí incluir Blade Runner (1982). Las dos son excelentes. A mi son casi las únicas que me gustan, junto con Los duelistas (1977), del irregular Ridley Scott. (Bueno, vale, Thelma & Louise (1981) también, cuando se estrenó, ahora la encuentro un tanto facilona).




Alien dosifica magistralmente los golpes de efecto para mantener al espectador interesado —y un tanto acojonado— durante la hora y tres cuartos de duración. Si nos fijamos, la historia que se nos cuenta no difiere mucho de las que comentábamos al hilo de la crónica sobre La matanza de Texas: siete personas se encuentran en un reducido marco geográfico —aquí la nave comercial Nostromo— y un asesino —aquí un alienígena— se los va cargando uno a uno.

Las diferencias con aquéllas son, primordialmente, tres. A) Se notan los 4'2 millones de dólares que la Fox puso para echar adelante el proyecto. Los decorados y los efectos especiales son impresionantes. B) Los protagonistas y por ende, víctimas del bicho, son adultos y en general responsables, no chavalines descerebrados. Y C) Además de la chica, la teniente Ripley —una jovencísima y estupenda Sigourney Weaver—se salva también Jossy, el gato.

El ambiente profesional de estos siete navegantes del espacio me ha hecho pensar en Hawks y me he acordado de que, aunque no siempre aparece en los créditos, Hawks supervisó todo el rodaje de El enigma de otro mundo (1951) de Christian Nyby, que se puede considerar un antecedente de Alien, si cambiamos la nave por una base americana en el polo norte. 

Ahora recuerdo también otro título de Ridley Scott que no estaba mal: Black rain (1989). 

y 12.— El resplandor (The Shinning, 1980), de Stanley Kubrick. 

Otra adaptación del prolífico Stephen King. Al repasar los títulos basados en su obra comprobé que he visto más de lo que yo creía. Pero he visto estas dos, y, por lo menos, seis más. Lo que no he hecho es leerle. Solo conozco un excelente ensayo autobiográfico, Mientras escribo (2000) en el que, mientras nos cuenta episodios de su vida de escritor, va desgranando una serie de estimables consejos para los que quieran dedicarse a tan arduo oficio. Se lo recomiendo, aunque no le interese la escritura como oficio o hobby. Es muy ameno. Ya me he liado. Volvamos a El resplandor.

Se cuenta que la Warner le ofreció a Kubrick dirigir El Exorcista. Rechazó la oferta y empezó a rodar Barry Lyndon (1975). Un par de años después, mientras veía cómo El exorcista batía record de taquilla por todas partes, Barry Lyndon se pegaba una hostia de proporciones bíblicas, como diría el otro. Y le entró el gusanillo de dirigir un film de terror. Proclive a las adaptaciones literarias, ¿quién mejor que King para hacer una peli de miedo? Se leyó The Shinning, que le había enviado un ejecutivo de la Warner y se puso a trabajar en el guión con la escritora Diane Johnson.

El estreno no constituyó un éxito, la película fue vapuleada y Kubrick suprimió algunas escenas. A la versión que se estrenó fuera de EE.UU. se le aligeró el metraje 30 minutos más, la película que circula por Estados Unidos es de casi dos horas y media y la que hemos visto aquí no llega a dos horas, 114 minutos. La mayoría de los que conocen las dos versiones, prefieren la reducida.

En El resplandor hay una trama paralela de secuencias esotéricas en varios campos: de un lado, los poderes telepáticos de Danny, el hijo de los Torrance que utiliza con el jefe de cocina del hotel. De otro, el crimen que se cometió en la habitación 237 hace unos años —la persona que se quedó durante el invierno enloqueció, mató a su mujer y a sus dos niñas y se suicidó— y los fantasmas que van apareciendo —las niñas asesinadas, la mujer que sale de la bañera y se transforma, en los brazos de Jack Torrance —Jack Nicholson— en una vieja repulsiva—, la sangre que mana del ascensor. Todavía hay una tercera trama onírica en las escenas de Jack Nicholson en el bar y en el salón de baile rodeado de fantasmas del pasado y hasta un cuarto apunte misterioso al final, cuando, ya muerto el personaje, la cámara se acerca a una foto en la pared con invitados a una fiesta celebrada el 4 de julio de 1921 y vemos en ella a Jack.

A mí toda esta subtrama no me gusta. Me quedo con el mundo real, con la historia de ese escritor ex alcohólico que pretende escribir una novela en esos meses de reclusión, seguir el proceso de su pérdida de la cordura, el intento de asesinato de su esposa Wendy (Shelley Duvall) y la defensa numantina de ella y todo el angustioso desarrollo posterior hasta su muerte congelado, perdido en el laberinto gracias a la argucia del niño. Todo esto puedo creérmelo, aquello no. Y si no me lo creo, difícilmente puede interesarme. No quiero que se me malinterprete: no es el hecho de no creer en lo sobrenatural lo que me hace rechazar esa parte de la película. Yo me he “creído” muchos fantasmas y muchos esoterismos en el cine y en la literatura, por ejemplo, los de Suspense (1961), de Jack Clayton, sobre el relato de Henry James Otra vuelta de tuerca o el fantasma que interpreta Rex Harrison en El fantasma y la señora Muir (1947) de Mankiewicz. Pues estos, a pesar de la indudable maestría de Kubrick, no me interesan en absoluto. Ni me asustan, que sería su objetivo.

Un consejo: si todavía piensan ustedes verla, procuren hacerlo en su versión original. Es sabido que Stanley Kubrick cuidaba mucho los doblajes y en esta ocasión se encargó la traducción a Vicente Molina Foix, la dirección a Carlos Saura y a los Torrance les doblaron Verónica Forqué y Joaquín Hinojosa. Pinta fabuloso en el papel ¿verdad? Pues no. Entre tanto talento, consiguen destrozar la película. Háganme caso: V.O.

Otro consejo, para residentes en Valencia: la Filmoteca d’Estiu ha programado los lunes 1 y martes 2 de Agosto, El fantasma y la Sra. Muir. No se la pierdan. Es una maravilla. En los jardines del Palau de la Música, ya saben.

Bien, con esta entrega damos, ahora sí, por finalizada la serie de trabajos sobre los géneros cinematográficos.

Si más adelante se me ocurre algún tema que pueda interesar al lector y Vanavisión sigue teniendo la amabilidad de acogerme en sus páginas ¿Quién sabe? A lo mejor vuelven ustedes a encontrar mi nombre por aquí. Buenas noches y buena suerte.

Otros títulos relevantes

Rupert Julian
El fantasma de la Ópera (The phantom of Opera —muda—, 1925)
The cat creeps (The Cat Creeps, 1930)

Tod Browning
La casa del horror (London after Midnight, 1927 —muda—)
Garras humanas (The Unknown, 1927 —muda—)
Drácula (Dracula, 1931)
La marca del vampiro (Mark of the Vampire, 1935)
Muñecos infernales (The Devil—Doll, 1936)

James Whale
El hombre invisible (The Invisible Man, 1933)
La novia de Frankenstein, 1935)

Karl Freund
La momia (The Mummy, 1932)
Las manos de Orlac (Mad Love – The Hands of Orlac, 1935)

Victor Halperin
La legión de los hombres sin alma (White Zombie, 1932)
Sobrenatural (Supernetural, 1933)
La rebelión de los zombies (Revolt of the Zombies, 1936)

Ernest B. Schoedsack
El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932)
King Kong (codirigido con Merian C. Cooper) (King Kong, 1933)
El hijo de Kong (Son of Kong, 1933)
Dr. Cíclope (Dr. Cyclops, 1940)
El gran gorila ( (Mighty Joe Young, 1949)

Edgar C. UlmerSatanás (The Black Cat, 1934)
Barba azul (Bluebeard, 1944)

Victor Fleming
El extraño caso del Dr.Jekill (Dr. Jekill and Mr. Hyde, 1941)

Jacques Tourneur
La mujer pantera (Cat people, 1942)
El hombre leopardo (The Leopard Man, 1943)
La noche del demonio (Curse of the Demon, 1957)
La comedia de los horrores (The Comedy of Terrors, 1063)

Mark Robson
La séptima victim (The Seventh Victim, 1943)
La isla de la muerte (Isle of the Dead, 1945)
Bedlam, hospital psiquiátrico (Bedlam, 1946)

Robert Wise
El regreso de la mujer pantera (The Curse of the Cat People, 1944)
A game of death (A Game of Death, 1945)
El ladrón de cadáveres (The Body Snatcher, 1945)
La mansion encantada (The Haunting, 1963)
Las dos vidas de Audrey Rose (Audrey Rose, 1977)

Jack Arnold
Vinieron del espacio (Came from Outer Space, 1953)
La mujer y el monstruo (Creature from the Black Lagoon, 1954)
El regreso del monstruo (Revenge of the Creature, 1955)
Tarántula (Tarantula, 1955)
Monstruo en la noche (Monster on the Campus, 1958)

André de Toth
Los crímenes del museo de cera (House of Wax, 1953)

Ed Wood
La novia del monstruo (Bride of the Monster, 1955)
Plan 9 del espacio exterior (Plan 9 from Outer Space, 1959)

Roger Corman
La No Muerta (The undead, 1957)
La tienda de los horrors (The Little Shop of Horrors, 1960)
El hundimiento de la Casa Usher /The Fall of the House of Usher, 1960)
La torre de Londres (Tower of London, 1962)
La obsesión (The Premature Burial, 1962)
Historias de terror (Tales of Terror, 1962)
El terror (The Terror, 1963)
El cuervo (The Raven, 1963)
El hombre con rayos X en los ojos (“X”: The Man with the X—Ray Eyes, 1963)


William Castle
Macabre (Macabre, 1958)
Escalofrío (The Tingler, 1959)
La mansión de los horrores (House on Haunted Hill, 1959)
Los 13 fantasmas (13 Ghosts, 1960)
El barón Sardónico (Mr. Sardonicus, 1961)
La vieja casa oscura (The Old Dark House, 1963)
Amor entre sombras (The Night Walker, 1964)

Alfred Hitchcock
Psicosis (Psycho, 1960)
Los pájaros (The Birds, 1963)

George A. Romero
La estación de la bruja (Season of the Witch, 1972)
Martin (Martin, 1977)
Zombi (Dawn of the Dead. 1978)

Steven Spielberg
El Diablo sobre ruedas (Duel, 1971)
Tiburón (Jaws, 1975)

Tobe Hooper
Trampa mortal (Eaten Alive!, 1976)
Phantasma II (Salem’s Lot, 1979)

Brian de Palma
El fantasma del paraíso (Phantom of the Paradise, 1974)

John Carpenter
La noche de Halloween (Halloween, 1978)
La niebla (The fog, 1980)

Richard Donner
La profecía (The Omen, 1976)


Alfredo

(1) ICE AGE: EL GRAN CATACLISMO, de M. Thurmeier y G. T. Chu.

UNA FAMILIA UNIDA ANTE EL PELIGRO

Ice Age: El gran cataclismo es la quinta entrega de la interminable saga animada protagonizada por los ya famosos animales prehistóricos Manny el mamut, Diego el tigre dientes de sable, Sid el perezoso gigante y Scrat la ardilla. Ni que decir tiene que la única película verdaderamente interesante fue la inicial La edad de hielo (2002), entretenida versión prehistórica de Tres hombres y un bebé (1987), caracterizada por una sólida estructura narrativa, una buena construcción de personajes y una acentuada ironía en los diálogos y las situaciones.




Las posteriores secuelas han ido perdiendo progresivamente la capacidad de sorpresa, siendo la presente la más floja de todas al limitarse a repetir los mismos ingredientes de una historia que ya fatiga. Y para colmo, lo que antes pretendía trascender en un relato con diversos niveles de lectura y ánimo desmitificador, ahora se ha convertido en una típica y convencional animación con constantes apelaciones a los sentimientos, la defensa de la familia, la superación de miedos y fobias, los mensajes aleccionadores y los finales satisfactorios propios de un producto maniqueo y decididamente inferior. Y ni siquiera ya las esperpénticas andanzas del citado roedor hacen tanta gracia como antaño.

En definitiva, todo suena a una mera reiteración, empobreciendo una historia dirigida en exclusiva al público infantil, mucho menos exigente. Una lástima.

Pau Vanaclocha


martes, 19 de julio de 2016

(3) EL AMIGO DE MI AMIGA, de Éric Rohmer.

JUEGO AMOROSO A CUATRO BANDAS

Nuevo capítulo de la serie Comedias y proverbios, un film donde Rohmer se muestra el cartesiano de siempre: lógica, sencillez y espontaneidad. Diálogos abundantes, gente ordinaria, ocupaciones corrientes y escenarios naturales. Todo ello para una crónica de la cotidianidad en la que, a través de una serie de encuentros, se producen continuos entrecruzamientos de personajes y de sentimientos, en una especie de partida de ajedrez humana donde cada cual —dos chicas y dos chicoselabora su particular estrategia afectiva en busca de la felicidad, pero casi siempre con resultados imprevistos.

Una cadena sin fin de soledad, amor y fracaso en la que cada estadio por separado sería provisional, al modo literario de esos folletines decimonónicos, sólo que aquí sin gestos melodramáticos, con absoluta naturalidad. Preocupación por la gente joven con una voluntad de realismo que lleva a Rohmer a prescindir de la música y a enriquecer su banda sonora casi exclusivamente con ruidos ambientales.

Pero ¿son los personajes y conflictos de El amigo de mi amiga representativos de la juventud actual, de la francesa o de la parisina? Sin duda, Rohmer ve la vida desde su prisma particular, tan lícito como otros, pero habrá que dar la razón al radical Pierre Kast cuando nos decía que el catolicismo de autor de las Comedias y proverbios estaba omnipresente en sus films. Pero, atención, una religiosidad civilizada y culta —no meapilas como por estos pagosherencia de un existencialismo cristiano que le lleva a meditar detenidamente sobre la moral como un perenne ejercicio de libertad personal, atosigado por la duda, la angustia y el peso de un "destino" totalmente ajeno a la voluntad individual.

Aquí Blanche, la protagonista, quizá también por timidez o inmadurez, necesita días o semanas para tomar decisiones que la mayoría adoptaría de forma mucho más rápida e intuitiva. Ausentes problemas fundamentales de hoy como la economía, la política y el trabajo, el cine de Rohmer se nos presenta como un producto cultural inteligente y exquisito a través de cual el privilegiado intelectual deja su torre de marfil para descender a la calle aunque sin llegar a afectar la placidez de su serena contemplación.

José Vanaclocha



(1) LAS BRUJAS DE EASTWICK, de George Miller.

AQUELARRE EN LA AMÉRICA PROFUNDA

No he leído la novela original de John Updike, pero según referencias la película la ha traicionado totalmente. Lo que prometía ser una magnífica fabulación satírica contra el puritanismo, el patrioterismo y el orden establecido en una pequeña ciudad estadounidense, acaba invirtiendo los términos de la cuestión y se convierte en una casquivana apología de la moral tradicional y de las buenas costumbres.

En la pequeña y tranquila población de Eastwick viven Jane (Susan Sarandon), Sukie (Michelle Pfeiffer) y Alexandra (Cher), tres modernas y aburridas mujeres. Hartas de esperar al hombre capaz de satisfacerlas, una noche de lluvia se reúnen, e inocentemente, invocan al hombre perfecto. Pronto descubren sus extraordinarios poderes cuando llega a la ciudad el misterioso Daryl Van Horne (Jack Nicholson), un personaje tan diabólico como seductor.

El diablo, por tanto, se encarga de liberar y de hacer disfrutar a tres mujeres frustradas por el ambiente provinciano hasta que la comunidad toma represalias contra ellas. Este era el momento adecuado para reflexionar sobre el precio de la libertad y sobre la fuerza de los prejuicios dominantes. Pero aquí el relato da un giro: las protagonistas se dan cuenta de su maldad y emprenden la tarea de destruir al "maligno".

Y así, si en su primera mitad al film le falta rigor y precisión —insuficiente estudio de personajes, descripción de ambientes y análisis de comportamientos—, en su segunda parte la debacle es absoluta: una sucesión granguiñolesca de vómitos, gruñidos y catástrofes, así como una pesada serie de payasadas y números circenses a cargo de Jack Nicholson, en la línea del peor cine de terror actual, terminando de targiversar las tesis iniciales, las que Arthur Miller exponía en Las brujas de Salem. Aquí es el pueblo alienado quien tiene la razón frente a los rebeldes.

George Miller, responsable de la saga Mad Max, sigue fiel a su estilo: piruetas, pirotecnia y efectismos varios para un relato que requería una capacidad irónica y una sutileza conceptual aquí austentes por completo.

Una vez más, el cine USA actual —un batiburrillo de dólares, derroche técnico y star-system— confecciona un producto casi infalible cara a la taquilla, pero al precio de la imbecilidad. Ahora ya no importa ni el talento ni la reflexión, sólo parece funcionar un pragmatismo audiovisual hecho de fórmulas trilladas que aportan "sensaciones" fuertes a un público totalmente amorfo y masificado. Cine para "distraer", nunca para hacer pensar.

José Vanaclocha



(3) LA CLASE DE ESGRIMA, de Klaus Härö.

ESTONIA, CUENTAS PENDIENTES

Esta coproducción de Finlandia, Estonia y Alemania es el quinto largometraje del cineasta finés Klaus Härö  (Parvoo, 1971), licenciado en la Universidad de Helsinki y ganador del premio Ingmar Bergman 2004. De este realizador habíamos tenido ocasión de ver estrenado aquí su cuarto título, el bergmaniano Cartas al padre Jacob (2009), y ahora nos complace con un drama bien construido y emotivo que parece una continuación de 1944 (2015) con ese profesor de esgrima que llega a un pueblecito estonio en 1950, procedente de Leningrado, perseguido por la policía política por haber estado enrolado a la fuerza en las filas del ejército alemán durante la invasión de Estonia en 1941.

El protagonista (Endel Nelis) es un campeón en su especialidad pero se topa con varios obstáculos: falta de material deportivo, exceso de burocracia, celos y desconfianza del director de la escuela… La película está bien realizada y explica la escasa sintonía que parece existir entre Estonia y Rusia, pues la antigua U.R.S.S. se anexionó como república federada al pequeño país y lo mantuvo sujeto a su autoridad durante 46 años.




El desagrado local contra la esgrima
que luego es exaltada en la Unión Soviética en un concurso juvenil en el que se menosprecia a la modesta delegación estonia— como deporte aristocrático opuesto al proletario, sin tener en cuenta sus valores de disciplina, reflejos, autocontrol, respeto por el adversario, etc. es equivalente al prejuicio maoísta, durante la Revolución Cultural, de que el violín era un despreciable instrumento burgués.

Al realizador Klaus Härö siempre le han interesado las relaciones e influencias existentes entre adultos y niños. Esta película le ha permitido abordar el tema de la educación y de la importancia de la labor del maestro
la historia amorosa parece más una concesión a la taquilla, que resulta imprescindible para los alumnos como modelo de conducta, incentivo para lograr objetivos y como acicate para la auto-superación. Y en todo el film se plantea el serio dilema entre el deber de servir al país y la necesidad de salvarse uno mismo como individuo.

La clase de esgrima es un buen trabajo fílmico que logra aunar solidez técnica, pericia narrativa y potencia emocional.

José Vanaclocha


Twitter Facebook Favorites More