EL HOBBIT: LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS

Tras haber recuperado el reino del Dragón Smaug, Thorin sacrifica su honor para mantenerlo mientras Sauron envia legiones de Orcos hacia la Montaña Solitaria en un ataque furtivo.

BIG HERO 6

Hiro Hamada, un chico prodigio de 14 años, crea al robot Baymax para llenar el vacío provocado por la muerte de su hermano, quien estaba a punto de descubrir una red criminal liderada por Yokai.

MR. TURNER

Afectado por la muerte de su padre, el pintor inglés J.M.W Turner (1775-1851) decide aislarse. Su vida cambia cuando conoce a Mrs Booth, propietaria de una pensión familiar a orillas del mar.

DIOS MÍO, ¿PERO QUÉ TE HEMOS HECHO?

Un matrimonio conservador y católico tiene 4 hijas. La mayor se casó con un musulmán; la segunda, con un judío, y la tercera, con un chino. La menor anuncia su próximo enlace...

STAND BY ME DORAEMON

Nobita Nobi es un niño muy patoso que recibe la visita de Sewashi, quien afirma ser su tataranieto. Le anuncia que su futuro será un desastre. Su robot Doraemon le ayuda a encontrar una solución.

jueves, 18 de diciembre de 2014

(2) ST. VINCENT, de Theodore Melfi.

LA REDENCIÓN DEL VIEJO CASCARRABIAS

El primer largometraje del debutante Theodore Melfi es la típica golosina cinematográfica que, por excesivamente dulce y empalagosa, puede acabar empachando al espectador, como es mi caso. 

Bajo la apariencia de una pequeña y entrañable película indie, pero leal a típico discurso hollywoodiense, St. Vincent plantea una nueva versión del viejo gruñón que acaba humanizado por su cada vez mayor aprecio hacia un joven que le recuerda el lado positivo de la vida. La historia, nada nuevo bajo el sol, resulta de lo más anodina si no fuera por la participación de un consagrado elenco actoral encabezado por el considerado icono de la nueva comedia melancólica, muy arraigada en un pesimismo existencial para novatos que ha encontrado en el género cómico un contrapunto deliciosamente sugestivo. Me refiero a Bill Murray, el rostro oficial de la amargura docta del cine estadounidense. 




Además de la citada lumbrera, que encarna a un jubilado antipático y solitario que comienza a mostrar su cara más amable al responsabilizarse del hijo de su nueva vecina, nos encontramos ante una Melissa McCarthy en un cambio radical de su acostumbrado registro dramático haciendo de madre coraje en lucha por la custodia de su retoño y un Jaeden Liebergher interpretando a un tierno pero avispado mozalbete para el que el protagonista posee peculiaridades de un santo laico. También Naomi Watts rompe con su rol tradicional para ponerse en la piel de una prostituta embarazada con acento de Europa del Este. 

Entretiene, pues, esta digna pero discreta comedia dramática que no rehúye de realidades adversas pero las endulza con abundantes dosis de sentimentalismo redentor.

Pau Vanaclocha




(2) HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS, de Jason Reitman.

LA IDENTIDAD VIRTUAL

Tras indagar en los conflictos y miserias personales inherentes a la vida contemporánea en las destacables Juno (2007), Up in the air (2009) y Young adult (2010), el cineasta canadiense Jason Reitman configura un retrato caleidoscópico en torno al cambio que ha provocado en las relaciones humanas las nuevas tecnologías, reflejando un mosaico de desengaños e inseguridades de unas personas que, contradictoriamente, se encuentran cada vez más aisladas.




Basándose en la novela homónima de Chad Kultgen, Hombres, mujeres y niños manifiesta la desorientación y la crisis de identidad en la que se encuentra el ser humano actual, a través de una película coral ambiciosa en sus objetivos, interesante en sus planteamientos pero discreta en cuanto a resultados. Y ello se explica por el amplio pero convencional catálogo de historias que forman el entramado argumental, desde la cheerleader tonta pero guapa/atractiva que fracasa en sus sueños de fama, pasando por la anoréxica ingenua e insegura que es seducida por el ligón de la clase y la madre controladora que asfixia a su hija adolescente, hasta un matrimonio en crisis que busca amantes por Internet como aliviadero a su monótona convivencia. Un extenso retablo de arquetipos que, sin embargo, no desarrolla toda la complejidad de los vínculos afectivos mostrados. Otro reproche que puede darse al film es que solamente recalca los aspectos negativos de las redes sociales, sin apenas mencionar sus cosas buenas, que las tiene...

Eso sí, adaptándose a los recientes artilugios tecnológicos que nos permiten una comunicación instantánea, Hombres, mujeres y niños utiliza su mismo lenguaje y los mismos recursos visuales, accediendo a la privacidad de las conversaciones. Facebook, Twiter, Instagram, buscadores de Internet, pantallas de móvil... toda una red de conexiones se despliegan en la gran pantalla enfatizando la doble existencia del llamado Homo Digitalis: su vida real y su vida virtual, su ámbito privado y su ámbito público. Una dicotomía que, cuando no armonizan ambas facetas, suele acabar mal.

Pau Vanaclocha



martes, 16 de diciembre de 2014

(3) MOMMY, de Xavier Dolan.

MADRE E HIJO EN LA ENCRUCIJADA

Mommy, cuarto largometraje de Xavier Dolan (joven guionista, realizador, productor y montador canadiense francófono), obtuvo el Premio del Jurado
junto a Adiós al lenguaje, de Jean-Luc Godard— en el pasado festival de Cannes. No puede extrañarnos el galardón a quienes apreciamos Lawrence anyways (2012), una singular mirada a la transexualidad, aunque sus primeros filmes (He matado a mi madre y Los amores imaginarios) sólo nos han llegado editados en DVD.

Mommy se ha inspirado, al parecer, en experiencias personales del cineasta y describe la difícil y dolorosa relación entre una viuda y su hijo de 15 años, un chico problemático, agresivo e indisciplinado, cuya mente se halla trastornada por la hiperactividad, la pérdida de su padre y un apego enfermizo a su madre. El núcleo temático del film se centra en las dudas de la mujer entre convivir y cuidar de su hijo o dejarle seguir sus propios impulsos autodestructivos aun a costa de verle ingresar en correccionales y en hospitales psiquiátricos. Se trata de decidir, en suma, cuál es el coste del amor materno y si vale la pena pagarlo.




Mommy es un relato duro y sin concesiones contado con un lenguaje moderno que se limita a mostrar fragmentos de unas vidas profundizando en sentimientos y en pensamientos que suelen mantenerse ocultos o al menos disimulados ante los demás. El problema de la madre es tener que vivir en la angustia y desesperación de no poder o no saber encauzar adecuadamente sus afectos ya que la convivencia resulta muy difícil cuando está infectada por una patología emocional.

Al mismo tiempo, una viuda de mediana edad ¿no tiene derecho a buscar su propia felicidad reorganizando su vida? La vecina que quedó sin habla de forma traumática, en contacto con madre e hijo, viene a completar el panorama con personas cuya dolorosa existencia enmarca el desarrollo de la película.

Xavier Dolan recurre, la mayor parte del metraje, a un inusual formato de pantalla cuadrada (1 x 1) para concentrar la fuerza expresiva de la imagen, especialmente en los primeros planos. Y la banda sonora selecciona canciones de Andrea Bocelli, Céline Dion, Oasis, etc., grabadas por el padre muerto, para configurar el paisaje sentimental de la pareja protagonista.

José Vanaclocha



  

(2) LA SEÑORITA JULIA, de Liv Ullmann.

EL JARDÍN PROHIBIDO

Suele considerarse que tanto Casa de muñecas (1879), del noruego Henrik Ibsen, como La señorita Julia (1888), del sueco August Strindberg, son obras que representan el nacimiento del teatro moderno al abandonar el Romanticismo para asumir el Naturalismo, eliminando los delirios sentimentales y el destino fatal para erigir el contexto económico y los resortes psicológicos en los verdaderos causantes de los conflictos humanos.

Strindberg (1849-1912) planteó en La señorita Julia un choque tanto de clases como de sexos mediante la relación íntima en una noche de san Juan, una fiesta con bebida, baile y una aparente fraternidad universal— entre la aristocrática hija del dueño de una mansión campestre y su criado, de modesto origen social pero culto y con aspiraciones a mejorar de status. Y surgen dos importantes dilemas morales entre los muchos que plantea la obra— a la hora de dilucidar si la seductora ha sido ella o si, por el contrario, fue deshonrada por su subordinado; además de determinar si su suicidio es consecuencia de la soledad y la melancolía o si es fruto de la experiencia traumática sufrida (humillación, orgullo herido, pérdida de la virginidad, fuga fallida, etc.). Pero la misoginia del autor, sus simpatías por el ideario socialista y, sobre todo, sus dudas y contradicciones religiosas no contribuyen despejar las dudas.




La mejor adaptación fílmica de La señorita Julia –con flashbacks y figurantes— estuvo a cargo de Alf Sjoberg (1950), con Anita Björk de protagonista, que se estrenó en noviembre de 1968 en el cine Suizo de Valencia, entontes calificado como "Sala de Arte y Ensayo". ¡También en Suecia, casualmente, la censura tardó 18 años en autorizar su representación escénica, en 1906! Mike Figgis hizo una discreta adaptación cinematográfica (Miss Julie, 1999) con escasos medios, un rodaje apresurado, tres personajes y la cocina como único decorado. Ahora la actriz bergmaniana Liv Ullmann (realizadora de las interesantes Infiel y Conversaciones privadas) se ha ocupado de la traslación a la pantalla con cuatro actores
los amantes, la cocinera y Julia de niña— y respetando al máximo los diálogos originales con breves salidas (innecesarias) al exterior de la casa, ubicando la tragedia en la Irlanda de 1890 debido a que los intérpretes eran de habla inglesa y a que por motivos financieros el rodaje tenía que llevarse a cabo en un solo lugar.

Jessica Chastain y Colin Farell encarnan esta vez, respectivamente, a la señorita reprimida cuya sexualidad estalla en una noche de libertinaje y al apuesto sirviente que rompe las distancias, excitado y esperando sacar provecho de ello. Pero las frases y el estilo interpretativo resultan bastante teatrales, por lo que la cámara apenas contribuye a enriquecer la pieza original. Liv Ullmann no aporta novedad alguna en cuanto a punto de vista narrativo, preocupada únicamente por la falta de comunicación y de comprensión entre los personajes, sin que las diferencias de clase parezcan haberle importado mucho. Las ambigüedades del texto de Strindberg no han sido, pues, aclaradas por culpa de una realización demasiado plana y lineal.

Una banda sonora que incluye música mayoritariamente romántica (Schubert, Schumann, J. S. Bach, Tchaikowsky, etc.) parece discutible precisamente en una obra que viene a evidenciar la imposibilidad de la experiencia romántica. Una obra que se suele representar sin interrupciones (división en actos) y con pleno respeto las tres unidades clásicas de lugar, tiempo y acción.

José Vanaclocha




miércoles, 10 de diciembre de 2014

(2) EXODUS: DIOSES Y REYES, de Ridley Scott.

MOISÉS, EL HOMBRE

Dentro de ese género cinematográfico que traslada conocidos episodios bíblicos a la gran pantalla —actualmente en auge gracias al éxito de Noé (Darren Aronofsky; 2014)—, la odisea del pueblo judío desde su esclavitud en el Antiguo Egipto hasta alcanzar la Tierra Prometida es uno de los relatos más recreados, siendo inevitable y obligatoria la mención de su versión más famosa en la Historia del cine: Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille; 1956).

El responsable de la resurrección del péplum con Gladiador (2000), Ridley Scott, elabora en Exodus: Dioses y reyes un peculiar remake del citado clásico protagonizado por Charlton Heston, en el que profundiza en la figura de Moisés desde un prisma político enfocando la narración en términos “realistas” en detrimento de interpretaciones mágicas o sobrenaturales, las cuales se expresan de forma ambigua hasta la inevitable sucesión de plagas que acaba con la terquedad del faraón y permite la marcha del pueblo recién liberado hacia Canaán. Es entonces cuando la fantasía se apropia de la película. Pero antes se describe a un “profeta” que divaga, duda y sufre alucinaciones, un líder egipcio caído en desgracia que acaba abrazando la causa hebrea, guiando a su auténtica tribu por las ardientes arenas del desierto.




Esta circunstancia modifica la crónica oficial para adecuarse al propósito del director: la llegada del bebé a la orilla del río Nilo en un cesto queda relegada a un breve diálogo, la separación de las aguas se muestra como si de un fenómeno natural se tratase, la creación de las tablas de la ley es una simple escena de transición y la falsa idolatría con un becerro de oro durante el largo peregrinaje es, simplemente, mencionado. Lo importante, aquí, es el proceso que lleva a un simple hombre a enfrentarse a todo un imperio para rescatar a quienes anteriormente había ayudado a someter.

En Exodus: Dioses y reyes se homenajea la fastuosidad y el derroche de medios de las superproducciones hollywoodienses de su época dorada. Visualmente, el film es acongojante: grandes panorámicas enmarcan paisajes colosales, donde emergen las pirámides y las efigies en construcción;  majestuosos travellings en cenital contemplan los templos y palacios de la época, las escenas de lucha están dotadas de numerosos extras y las de interior no escatiman en decoración, vestuario y maquillaje.

Otra de los aspectos que llaman poderosamente la atención en Exodus: Dioses y reyes es la manifestación de la voluntad divina. Y no sólo por personificarse en la imagen de un niño de apariencia angelical pero de carácter agresivo y visceral. Más que el Dios benigno del Nuevo Testamento, aquel que predica un mensaje de paz y amor universal, aquí se acentúa su faceta más vengativa, sin importarle el sufrimiento de los pobres e inocentes egipcios ajenos a la opulencia de sus clases dirigentes.

Pau Vanaclocha




martes, 9 de diciembre de 2014

(3) MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA, de Woody Allen.

LA FASCINACIÓN DE LO MISTERIOSO

Lo que parece ser una simple comedia romántica, el prolífico Woody Allen lo convierte en una película tan inteligente como divertida. Una vez más, un humor lleno de ironía, una atractiva composición de personajes y unos diálogos cuajados de ingenio son la prueba del enorme talento con que nos agasaja el guionista y realizador en cada nueva entrega. Pero si en algunos aspectos este film nos hace recordar La trama (Alfred Hitchcock, 1976) por la presencia de una falsa médium con supuestos poderes paranormales, Magia a la luz de la Luna centra su atención en la rivalidad  entre un prestigioso showman experto en trucos escénicos, un británico que actúa bajo el disfraz del chino Wei Ling Soo, y la vidente Sophia Baker, una estafadora que utiliza sus aparentes cualidades mentales para embaucar a crédulos millonarios.




El cineasta neoyorquino saca el máximo partido a los actores protagonistas (Colin Firth y Emma Stone) en un relato que gira en torno al contraste entre lo real y lo imaginario, entre lo verdadero y lo ficticio. Siempre se ha permitido jugar con su condición de ateo para aludir a algunas cuestiones que parecen escapar a la lógica humana como son el espiritismo, la adivinación, el ocultismo, la hipnosis o el curanderismo, descubriendo finalmente las hábiles manipulaciones con que suele simularse su procedencia sobrenatural. Y todo ello termina aquí, sin embargo, con una pirueta en la que reconoce, entre la ternura y la chanza, que sólo es en el terreno amoroso donde la emoción vence a la inteligencia y el sentimiento a la razón. Y alude simbólicamente al afecto mutuo y al atractivo sexual en la escena del Observatorio astronómico, con el fálico telescopio apuntando a la rendija de la cúpula.

En la película volvemos a encontrar referencias a los grandes temas
el misterio de la vida y la muerte, el psicoanálisis, la filosofía, el espectáculo, dios… que él ha convertido en inconfundible estilo personal con sus diversas variaciones. No es tampoco la primera ocasión en que Woody Allen hace aparecer en una película el ejercicio de la magia o del ilusionismo, como si no pudiera olvidar su fascinación por la prestidigitación y sus torpes ensayos como ilusionista en su ya lejana infancia.

Espléndida, regocijante y llena de encanto, Magia a la luz de la Luna nos ofrece múltiples atractivos: la belleza de la Costa Azul (la Provenza) con sus paisajes y lujosas villas, la ambientación art déco años 20, la música swing
de la que es buen aficionado y practicante, y un vestuario impecable formado por prendas originales o restauradas, de color pastel para las damas, oscuras para los caballeros y de tonos claros para los más jóvenes. Una delicia.

José Vanaclocha



(2) MIL NOCHES, UNA BODA, de Marie Amachoukeli, Claire Burger y Samuel Theis.

LIBERTAD VS RESPONSABILIDAD

Titulada Party girl en su versión original y premiada con la "Cámara de Oro" a la mejor opera prima en el festival de Cannes 2014, nos hallamos ante una modesta producción francesa, rodada con el tomavistas al hombro, que podríamos incluir en el llamado Cinema-verité, un movimiento renovador iniciado en los años 60 al margen de la industria (Jean Rouch y Chris Marker en Francia; John Cassavetes y Andy Warhol en USA, etc.) cuya principal característica era transitar un terrero expresivo que participaba por igual de la ficción filmada con estilo documental y del reportaje estructurado en forma de ficción por un guión previo. A ese modo de acercarse a la realidad pertenece todo un estilo narrativo que va, en España, desde El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) a Carmina o revienta (Paco León, 2012).




Mil noches, una boda cuenta la historia de Angélique Litzenburguer, una mujer de 60 años, veterana camarera de un club se alterne situado en la Lorena, cerca de la frontera entre Francia y Alemania, madre de dos hijos y dos hijas ya independizados, que se debate en la duda entre seguir con su promiscua e independiente vida de noctámbula o aceptar la proposición de matrimonio de un antiguo cliente, lo que supondría un cambio radical de costumbres, obligándole finalmente a “sentar la cabeza”.

Los personajes son actores no profesionales que se limitan a representar sus propias vidas a partir de un esbozo de guión y con grandes dosis de improvisación. El resultado es satisfactorio sólo a medias porque el relato, de tono bastante serio, resulta un poco edulcorado tras haber suprimido los episodios más turbios (seguramente la prostitución, el alcoholismo o el abandono de los hijos), sin profundizar lo suficiente en las peripecias de gente corriente que debe sobrevivir entre la marginalidad y los trabajos mal pagados.

Para algunos, el film es una invitación a reflexionar sobre el sentido y los límites de la libertad, el hedonismo y la responsabilidad. Pero los materiales utilizados en esta mirada testimonial se quedan a medio camino.

José Vanaclocha




viernes, 5 de diciembre de 2014

(2) THE ZERO THEOREM, de Terry Gilliam.

EL SENTIDO DE LA VIDA

El valor de una película de ciencia-ficción creo que no depende de su elevado coste de producción ni tampoco de la esotérica complejidad de sus propuestas. El resultado dependerá de la coherencia estilística entre los signos utilizados y su significado, entre su andamiaje escenográfico y la solidez racional del producto acabado, entre la humanidad de los personajes y las especiales reglas que rigen el mundo que habitan.

En su última obra, el cineasta Terry Gilliam
un ex Monty Python sigue los pasos de su carrera anterior, que tuvo algunos aciertos (Los héroes del tiempo, 1981; Brazil, 1985; 12 monos, 1995 ; El imaginario Dr. Parnassus, 2009) pero también otros intentos que naufragaron entre un exceso de ropajes formales y una imaginación que no acababa de concretar con rigor sus objetivos.




The zero theorem es, pues, una variedad del moderno género de fanta-ficción, una parábola cuyas pretensiones metafóricas parecen evidentes: el intento imposible de encontrar con métodos científicos el verdadero sentido de la vida, una meta que el asalariado protagonista Qohen Leth, el actor Christopher Waltz, procura alcanzar trabajando en soledad, entre angustias existenciales y sueños románticos ilusorios (la playa tropical y su bella compañera) en la destartalada capilla abandonada de un monasterio reconvertida en laboratorio.

El film mezcla modernos aparatos electrónicos con objetos corrientes del pasado (un mundo indefinido y ambiguo), a la espera de una llamada salvadora que nunca llega por parte del jefe (Dios). Vigilado constantemente, sometido a normas convencionales (castidad, obediencia y esfuerzo, como los antiguos monjes) y privado de toda efusión sentimental (la chica, el hijo adoptivo, el capataz), el abrumador envoltorio tecnológico de su quimérica búsqueda empujará al protagonista a una espiral de locura que acabará por destruirle (el agujero negro) en una ciudad futurista en la que la realidad virtual ha sustituido por completo a la vida real.

Una película dotada de un brillante barroquismo formal, con un universo dominado por una ciencia que no sirve para lograr la felicidad, unos placeres ilusorios que no acaban de satisfacer y unas referencias metafísicas que aquí funcionan poco más que como mero adorno intelectual.

A mi juicio, The zero theorem es una puesta al día, hipertrofiada, de la pieza teatral minimalista que revolucionó la escena mundial en 1952: Esperando a Godot, de Samuel Beckett. En ella, sin fuegos de artificio, estaba ya todo dicho sobre el absurdo de la existencia, el desengaño y la angustia de vivir, la pérdida de la libertad y la falta de identidad del ser humano.

José Vanaclocha




miércoles, 3 de diciembre de 2014

(3) MORTADELO Y FILEMÓN CONTRA JIMMY EL CACHONDO, de Javier Fesser.

EL REGRESO ANIMADO DE LOS AGENTES DE LA TIA

La nueva traslación fílmica de los famosos personajes de Francisco Ibáñez, los inimitables y sempiternos Mortadelo y Filemón, supone un auténtico punto y aparte —una especie de reboot— de sus aventuras en la gran pantalla. Y no solo por pasar de una película de personajes reales a una ambiciosa animación digital de excelente calidad, sino también por apreciarse un esfuerzo encomiable en reflejar y transmitir la esencia pero también la estética original de sus aventuras en papel.

El éxito de La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003), aproximación al universo brugueriano del director de El milagro de P. Tinto (1998), disimuló en parte lo que no era tanto una rutinaria adaptación de la citada obra del célebre historietista barcelonés sino la peculiar interpretación de un realizador singular, autor de un cine caracterizado por un estilo personal e intransferible. Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra (2008) fue una prolongación de contenido y continente de su predecesora, a pesar de ser Miguel Bardem el responsable de la cinta.




Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, como he afirmado anteriormente, es la versión más fidedigna, literal y metafóricamente, realizada en formato cinematográfico, y a los puristas que lo condenaron por sacrílego deben reconocer que, ahora sí, Fesser ha sabido captar y proyectar los signos identitarios del tebeo hispano más renombrado a nivel nacional e internacional.

El director madrileño no necesita esforzarse por manifestar su amor perpetuo e incondicional a este medio artístico en general, y a la desbordante creación de Francisco Ibáñez en particular. Se nota que sabe de lo que habla, y su cuidado y su esmero en los detalles —son marca de la casa, por ejemplo, la existencia de objetos surrealistas en lugares cotidianos, telas de araña en las esquinas de las viñetas, chistes visuales en los fondos de escenario, etc.— son la prueba de esa identificación y de ese profundo conocimiento de unos maravillosos personajes que, no lo olvidemos, nacieron como caricatura autóctona del clásico espía anglosajón.

El resultado es una divertida aventura bajo el prisma del esperpento, donde encontramos de nuevo su sentido absurdo, de la mano de personajes surrealistas que protagonizan gags llenos de dinamismo e imaginación. Una animación que transpira personalidad y que exhibe una factura técnica irreprochable, a la misma altura que las grandes producciones hollywoodienses.

Quizás lo de menos sea el argumento en sí mismo, excesivamente simple para un patrimonio que consta de casi 200 álbumes publicados. Pero ver de nuevo a Mortadelo disfrazándose de cualquier objeto o animal mientras huye de un Filemón harto de sufrir todo tipo de golpes y caídas implica regresar a esa entrañable infancia llena de momentos sublimes mientras leíamos aquellas inigualables historias.

Pau Vanaclocha




Twitter Facebook Favorites More