SUITE FRANCESA

El romance entre Lucille Angellier, una campesina que tiene a su marido prisionero de guerra, y un soldado oficial alemán que se hospeda en su casa, durante la ocupación alemana en Francia.

EL GURÚ DE LAS BODAS

A menos de dos semanas de casarse con la chica de sus sueños, Doug no encuentra un conocido que pueda hacer de padrino en su boda, y termina contratando a Jimmy para que haga este papel.

A CAMBIO DE NADA

La separación de sus padres provoca el infierno familiar para Darío. Comienza a trabajar en el taller de un viejo delincuente que le enseña el oficio, y conoce a una anciana que recoge muebles abandonados.

EL VIAJE MÁS LARGO

Historia de amor entre Luke, un antiguo campeón de rodeo buscando su vuelta a la competición, y Sophia, una estudiante a punto de cumplir su sueño de trabajar en el mundo del arte en Nueva York.

SWEET HOME

Una pareja decide pasar una noche romántica en un piso de un edificio semiabandonado. Durante la velada descubren que unos encapuchados han asesinado al único inquilino que quedaba en el edificio.

HIPÓCRATES

La primera experiencia de Benjamin como médico residente en el hospital donde trabaja su padre no sale como él esperaba. Tendrá que enfrentarse con sus límites y sus miedos.

MINÚSCULOS: EL VALLE DE LAS HORMIGAS PERDIDAS

En el tranquilo claro de un bosque, los restos de un picnic abandonados encienden la guerra entre dos tribus de hormigas. Una intrépida mariquita se ve atrapada en medio de la batalla.

PRINCESA (HANG GONG-JU)

Una joven estudiante es obligada a abandonar su escuela tras un misterioso incidente. Con sus padres ilocalizables, es llevada a un pequeño pueblo donde convive con la madre de uno de sus profesores.

A ESMORGA

Crónica de 24 horas en la vida de tres compañeros de juerga que van dejando un reguero de destrucción, de sexo equívoco y reprimido, y también cerrando puertas, como si buscarán la perdición.

LAS ALTAS PRESIONES

Miguel viaja a Pontevedra, su ciudad natal, con el encargo de registrar las localizaciones para una película. Su viaje lo lleva a reencontrarse con viejos amigos y a la posibilidad de una nueva relación.

jueves, 30 de abril de 2015

(2) MURIERON POR ENCIMA DE SUS POSIBILIDADES, de Isaki Lacuesta.

LOS PERDEDORES DEL SISTEMA

Las élites políticas y económicas del país se han servido de la crisis económica que padecemos y que ellos mismos provocaron con sus excesos y sus corruptelas como pretexto para aplicar políticas de austeridad que están causando un gran daño a amplios sectores sociales. Es comprensible, hasta razonable, tomar medidas sensatas para reequilibrar la situación, pero resulta curioso que siempre el sacrificio lo tienen que hacer las clases más desfavorecidas. Durante mucho tiempo, el discurso oficial ha sido echar la culpa a la gente, así en general, de las dificultades actuales por “haber vivido por encima de nuestras posibilidades”, como si todos los mileuristas de hace casi una década hubieran vivido como aristócratas, y esos que hoy viven a cuerpo de rey no hubieran sido responsables de ningún comportamiento incívico en sus negocios, especulativos o no.




Acostumbrados a su filmografía adscrita a un cine minoritario de autor, Isaki Lacuesta ejecuta un radical cambio de registro en un siniestro relato dotado de un tosco humor negro que acumula muchos de los reproches, más o menos justificados, de “los de abajo” hacia “los de arriba”. Así, la primera comedia del realizador gerundense, la cachonda pero lúcida Murieron por encima de sus posibilidades, narra en un tono delirantemente cómico la “venganza” de un grupo de perdedores contra los poderosos que se reúnen en un yate camuflado como una simple barcaza. Los protagonistas son víctimas del sistema, viéndose incapaces de enfrentarse racionalmente a sus kafkianas circunstancias: un empresario que pierde su capital en un chanchullo con políticos; un hombre de clase media-alta, conservador, que se ha empobrecido hasta el punto de que duerme en su coche y cuyo hijo es expulsado del exclusivo colegio donde está inscrito por no poder pagarlo; un panoli cansado de ser infravalorado hasta por su propia madre; un jeta que debe dinero a un mafioso; y el marido de una mujer víctima de los recortes en sanidad. Sus ataques de ira los llevan directamente a una peculiar institución penitenciaria, desde donde se fugan y ejecutan un plan para ajustar cuentas a los dirigentes del cotarro y exigirles soluciones.

El film llama la atención por la progresiva suspensión de todo enfoque realista, especialmente en una segunda parte en la que la narración adquiere tintes surrealistas, usando como mecanismo propulsor la indignación colectiva para justificar la deriva violenta de los marginados. Pero lo mejor, sin duda, es que Murieron por encima de sus posibilidades verbaliza no solo las ansias de revancha de mucha gente puteada, sino que también hace una perspicaz autocrítica reconociendo la incapacidad de la sociedad española para librarse de los golfos que nos saquean y además nos culpan de nuestra desdicha. Nos quejamos, y sin embargo elegimos como nuestros representantes a políticos encausados por tramas corruptas, que rescatan bancos en vez de a personas. Donde más duele, Lacuesta nos recuerda que nuestro principal defecto como país es... que somos españoles. Así nos va.

Pau Vanaclocha



(1) EL MAESTRO DEL AGUA, de Russell Crowe.

ENDEBLE DRAMA ROMÁNTICO CON TRASFONDO BÉLICO

Si la veteranía es un grado, en el despiadado mundo del cine puede ser un gran inconveniente. Pasados sus años mozos —durante los cuales, entre otros papeles, encarnó a un seductor gladiador romano que encandiló al público femenino y parte del masculino—, y acompañado de su ya inseparable barriga cervecera, Russell Crowe asume nuevas labores artísticas en lo que se intuye el inicio de una progresiva transición profesional. Renovarse o morir.

Y lo hace a lo grande, en una magna coproducción entre Australia, Turquía y USA que rememora uno de los episodios más sangrientos de la I Guerra Mundial (1914-1918), la batalla de Galípoli (1915). En ella, los ejércitos británico y francés intentaron infructuosamente conquistar el estrecho de los Dardanelos frente a la oposición otomana, hecho que hubiera acorralado a los imperios centrales y hubiera permitido a los rusos reabastecerse para reforzar el frente oriental, adelantando así el final de la Gran Guerra. En ese estratégico emplazamiento murieron 250.000 turcos y 300.000 aliados.

El maestro del agua narra la historia, basada en hechos reales, de un granjero australiano dotado de habilidades como zahorí que tras el fallecimiento de su esposa viaja a Turquía para localizar los restos de sus tres hijos caídos en la mencionada contienda y darles honrosa sepultura en su país. Su periplo, en realidad, sirve de coartada para homenajear la memoria histórica de Australia y Nueva Zelanda, un episodio de enorme trascendencia política y social ya que es origen de su nacimiento como estados-nación.




Sin embargo, lejos de mostrar este suceso con la crudeza que merece, y que tan bien reflejó su versión de los hechos Peter Weir en Gallipoli (1981), Russell Crowe se distrae introduciendo tramas románticas poco creíbles y centrando el protagonismo de su personaje hasta niveles indecentes. Ahí está el improbable romance entre el maduro ranchero anglosajón y la joven viuda turca que regenta el hotel donde se hospeda, y la emotiva relación paterno-filial que surge súbitamente entre él y el hijo de ella. El maestro del agua es un proyecto concebido y realizado a mayor gloria del actor pretendiente a director.

Se habla también, al menos, de la desalmada maquinaria burocrática creada en posguerra para la gestión de bajas y el balance de daños en el paisaje tras la batalla. Los responsables obstaculizan cualquier intento del protagonista de acceder al terreno donde encontraron la muerte sus hijos, pero su insistencia hará flaquear los endurecidos corazones de los que antaño planearon y ejecutaron el exterminio de sus enemigos. El hecho de que Connor recorra medio país buscando a un hijo desaparecido en medio de una invasión griega, la resistencia turca y la inacción de las autoridades inglesas se me antoja un despropósito.

Llama poderosamente la atención, finalmente, la tosca resolución de las escenas bélicas y su escasez de medios, dada la naturaleza genérica del film. Algunas explosiones están insertadas digitalmente en posproducción, otras son propias de un cortometraje de aficionados. La coreografía de los movimientos de tropas y los enfrentamientos cara a cara revelan una innegable artificiosidad. Típico descuido de un realizador neófito, como es el caso de Russell Crowe.

Pau Vanaclocha




martes, 28 de abril de 2015

(4) GIRLHOOD, de Céline Sciamma.

MARGINALIDAD Y ADOLESCENCIA

Después de su interesante Tomboy (2011), la guionista y realizadora Céline Sciamma
nacida en 1978, crecida en los suburbios de París pero con estudios superiores— incide nuevamente en el tema de la identidad femenina tanto psicológica y sexual como social aunque no le interesan tanto los aspectos económicos y laborales como los estrictamente personales, íntimos, de las muchachas que deben efectuar con no pocas dificultades el tránsito desde la infancia a la adolescencia y desde ésta a la primera juventud. La excelente calidad de Girlhood (Pandilla de chicas en la V.O.) reside, a mi juicio, en su afán de objetividad, sin etiquetas moralizantes ni subrayados sensibleros, buscando sólo lograr el conocimiento del público y transmitirle una sana emoción.

La realizadora escribió su guión tras recorrer y observar la vida de las ruidosas y alegres jóvenes en las calles del extrarradio parisino, lo que despertó su deseo de profundizar en lo que había contemplado. La película, bien acogida en diversos festivales, cuenta con actrices no profesionales elegidas mediante casting entre las que frecuentaban los grandes almacenes y los lugares de ocio situados en urbanizaciones periféricas habitadas por personas de modesta condición.




La protagonista es una adolescente (16 años), descendiente de la emigración africana a Francia, que decide cambiar su nombre de Marieme por el de Victoria (Vic), una transformación que discurre paralela a la de todos los aspectos de su existencia: abandona los estudios, deja su hogar
su hermano es un machista violento, rechaza un modesto trabajo, se integra en una cuadrilla de chicas rebeldes y se resiste como puede a entrar en el terreno de la delincuencia, las drogas y la prostitución.

No es la primera vez que el cine se ocupa de gente que busca su lugar en el mundo y que lo hace sin rumbo ni horizontes, sin ley ni esperanza. El optimista –afirman algunos— es un pesimista mal informado. La protagonista, en su búsqueda de libertad y de realización personal, cree encontrar su sitio integrándose en un grupo de amigas, evitando que la humillen, en el consumo y la diversión, en cierta manera de vestir… pero sabe que forma parte del bando de los perdedores, de los marginados de una sociedad que llaman de la abundancia y el bienestar.

La mayor preocupación de Marieme-Vic consiste en lograr que respeten su imagen, en mantener su propia personalidad sin convertirse en un mero objeto sexual. El retratar a toda una generación, la surgida en el nuevo siglo, es lo que el film pretende con su completísimo repertorio de atuendos, gestos, sueños, actitudes, expresiones verbales y contextos, suministrando al espectador una abundante información
que incluye sutiles sugerencias— que le deja libre para reelaborar su propio discurso. 

La simbólica secuencia inicial del partido de rugby femenino hace ver ya las intenciones del relato: la vida es una lucha dura, constante y muy competitiva. La cámara funciona como un mero instrumento de observación, como un testigo imparcial que, con sus largos planos y sus encuadres en scope, ofrece una amplia panorámica sobre el individuo atrapado en un entorno hostil. Excelente banda sonora con una fascinante música de Para One constituida por una sola composición que se va repitiendo y ampliando al compás de la evolución de la protagonista mientras sirve también para marcar la sucesión de bloques narrativos, además de incluir alguna pieza bailable (una canción de Rihanna).

José Vanaclocha



(2) LA SOMBRA DEL ACTOR, de Barry Levinson.

REALIDAD Y FICCIÓN

No he leído La humillación, la novela nº 30 del galardonado y prestigioso Philip Roth, pero sí conozco la labor del veterano y sólido guionista Buck Henry así como la irregular trayectoria de  Barry Levinson, meritorio realizador no obstante de Good morning, Vietnam (1987); Rain man (1988); Liberty Heights (1999) y Algo pasa en Hollywood (2008). Su nueva película es un exhaustivo recital de Al Pacino, un gran profesional continuador del “método” Actor´s Studio basado en el naturalismo interpretativo que ha tenido que lidiar a veces tanto con la afirmación de ser un monstruo del cine y el teatro
es un ferviente admirador de Shakespeare como con la acusación de ser un histrión que recurre con frecuencia a recursos expresivos harto previsibles.




Cientos de títulos han abordado las glorias y miserias de una profesión
para algunos también una vocación en la que no todos son estrellas rutilantes y en la que, aún siéndolo, han de soportar los rigores de la vejez, la enfermedad, la pérdida de facultades mentales en los actores y actrices son fundamentales la observación, la memoria y la imaginación antes de sufrir la falta de trabajo y quizás la pobreza y el olvido mucho antes de abandonar este mundo. La suya es una labor adictiva en la que se puede pasar fácilmente de la fama y la vanidad a la inseguridad, la depresión y el suicidio. Algo que contaba magníficamente Alejandro González Iñárritu en Birdman.

La sombra del actor
rodado con un reducido presupuesto en sólo 20 días utilizando como plató la propia casa de Barry Levinson— es un film que pretende ser complejo y riguroso pero que no lo consigue a mi parecer debido a que no hay en él una línea narrativa robusta y progresiva sino una simple acumulación de recovecos y de subtramas argumentales caprichosamente desplegadas y porque su estilo bascula sin mucho criterio entre la seriedad del drama y la farsa cómica. Hay, desde luego, en la angustiosa peripecia vital del protagonista Simon Axler una intencionada y ambigua amalgama de vida real y ficción, de autenticidad y representación, de pasado y presente el montaje juega a menudo con el tiempo y de relato en primera y en tercera persona el personaje central como sujeto narrador o como objeto narrado y casi siempre el desarrollo del film apunta antes a lo externo que a lo íntimo, interesándose más por la amplitud de la mirada que por la profundidad del análisis.

José Vanaclocha



lunes, 27 de abril de 2015

(3) REGRESO A ÍTACA, de Laurent Cantet.

LOS DESPOJOS DE LA REVOLUCIÓN

Verán la película con honda melancolía aquellos que en su día creyeron en la idea progresista del socialismo “real”, aquellos convencidos de que el modelo cubano era exportable y aquellos que pensaron que el cine era el instrumento cultural más idóneo para construir un mundo de justicia y libertad. Porque Regreso a Ítaca tiene como núcleo temático el desengaño de todo un pueblo tras largos años de lucha y de sacrificio así como el fracaso de una Revolución llena de promesas que comenzó 55 años antes con la entrada de Fidel Castro en La Habana.

El guión de esta producción francesa ha sido elaborado por Laurent Cantet con la colaboración del novelista cubano Leonardo Padura, que en su libro La novela de mi vida hace un retrato de su generación, preguntándose si todas sus ansias y esfuerzos habían valido la pena, pensando en cómo afrontar sus frustraciones y en cómo encarar el futuro de sus hijos. Pero lo que tenía que haber sido un cortometraje, debido al exceso de cuestiones planteadas, se convirtió en un film normal que les ocupó 17 días de rodaje, con dos cámaras funcionando a la vez, en una terraza de La Habana vieja, con el Malecón al fondo. Y todo se hizo con los permisos reglamentarios otorgados por unas autoridades que aplicaron las nuevas consignas de apertura y de transparencia informativas.




No es la primera vez que una película se estructura en torno a la reunión de varias personas cuyo diálogo va narrando sucesos y profundizando en el conocimiento de los personajes. Aquí cuatro amigos se citan, desde el atardecer hasta la madrugada siguiente, para celebrar el retorno a la isla de un  compañero que ha vivido en el extranjero durante años. Son todos ellos antiguos artistas e intelectuales, una elite que sin embargo representa a un colectivo más amplio, que ya perdieron sus ilusiones, especialmente tras el hundimiento de la URSS (1989) y la penuria posterior generalizada. Las consecuencias de ese naufragio: el exilio, la resistencia interior o la condición de funcionarios corruptos.

Hay dos posibles reparos a poner ante un film como éste que, no obstante, aplica el dicho de que “la verdad os hará libres”. El primero es su estructura narrativa teatral, con unidad de espacio y de tiempo pero, sobre todo, con unas conversaciones que todo lo cuentan y analizan mediante el orden y la perfección de su desarrollo
nada que ver con la anárquica improvisación de las chácharas habituales, el rigor conceptual de las ideas expresadas aunque con un lenguaje popular y la intensidad de los clímax dramáticos alcanzados.

Pero ya se sabe que “arte” conlleva la idea de “artificio” y lo difícil es trazar el límite entre necesaria manipulación y la falsedad expresiva, es decir entre la sabiduría técnica en la construcción del discurso y la tosquedad formal de un estilo chapucero. La otra posible pega es el “derrotismo” en el análisis de la Revolución, aunque la racionalidad del referente político-cultural lo aleje de toda connotación reaccionaria. La utopía, que no la quimera irrealizable, tiene su papel impulsor porque, en el fondo, interesa tanto o más el camino a recorrer, las motivaciones, que la misma meta alcanzada.

Regreso a Ítaca es un film, pues, interesante y, seguramente, imprescindible porque las dudas antes planteadas pierden fuerza y razón ante la verdad y complejidad de la realidad económica, psicológica, racial, profesional y cívica que en él encontramos, a lo que hay que añadir las intensas emociones que suscita. La película constituye una catarsis, una liberación interior de la angustia producida por los no resueltos dilemas entre pasado y presente, entre juventud y madurez, entre creencias y evidencias, entre el poder y la amistad, entre lo colectivo y lo privado, entre la resistencia y la huida.

Entre los actores presentes en el reparto el más conocido es Jorge Perugorría pero todos aciertan a la hora de expresar sus desilusiones, sus pequeñas o grandes traiciones, sus renuncias, su resignación y su rabia en un relato que funde con maestría lo testimonial con lo pedagógico, desbordando los estrechos límites físicos de la azotea con una mirada y un oído que se proyectan sobre la gran ciudad para registrar su pálpito cotidiano: la matanza del cerdo, el apagón de la luz, el partido de béisbol, la fuerte discusión de la pareja…

José Vanaclocha




jueves, 23 de abril de 2015

(3) LA OVEJA SHAUN: LA PELÍCULA, de Richard Starzak y Mark Burton.

ENTRAÑABLE ANIMACIÓN ANALÓGICA

Frente al incuestionable avance de la animación digital, espoleada desde la todopoderosa industria USA, existen algunas meritorias resistencias en este lado del Atlántico. Me refiero a Aardman Animations, con base en Bristol (Reino Unido), una productora artesana empeñada en reivindicar, con no pocas dosis de romanticismo, la belleza y el oficio de los dibujos animados realizados a la vieja usanza, esto es, fotograma a fotograma manipulando figuras de plastilina.

Si bien es cierto que ocasionalmente ha sucumbido al formato hegemónico por sus numerosas ventajas frente a lo analógico —Ratónpolis (2006) y Arthur Christmas (2011), aunque no se traicionó del todo su sello estético de identidad—, los títulos más célebres de este entrañable estudio de animación son los elaborados mediante la técnica de la stop-motion. Chicken Run: Evasión en la Granja (2000), Wallace & Gromit: La maldición de las verduras (2005) y ¡Piratas! (2012) son pequeñas joyas animadas que desprenden amor por este infravalorado género en su vertiente más tradicional, reclamando un producto destinado tanto a un público infantil como al adulto que lo acompaña, mediante un humor blanco que no cae en la ingenuidad, añadiendo un toque british que lo hace inconfundible.




Su sexto largometraje está protagonizado por la oveja Shaun, personaje nacido como secundario del oscarizado corto de Wallace y Gromit Un afeitado apurado (1995). Se trata de una disparatada aventura urbana en la que la citada oveja —acompañada del resto del peculiar rebaño— acude a la gran ciudad a rescatar al granjero que, amnesia mediante, ha acabado en un hospital lejos del idílico campo donde vive.

La oveja Shaun: la película llama poderosamente la atención por su condición de film sin diálogos, aunque con efectos sonoros más que reconocibles usándolos para amplificar el efecto cómico. Así, sin mediar palabra, se apuesta por los mecanismos narrativos de la comedia en su estado más primitivo, compartiendo el espíritu de las películas mudas keatonianas y chaplinianas. Se suceden, por tanto, sensacionales gags basados en equívocos, coincidencias y situaciones absurdas que se hilvanan con oficio en la trama, sin entorpecerla.

Este tipo de producciones dignifican la animación desterrando abundantes prejuicios contra un género cinematográfico denigrado a mero entretenimiento infantil. Se nota que detrás hay muchos cualificados profesionales y unos artistas dotados de talento.

Pau Vanaclocha




(2) UNA NOCHE PARA SOBREVIVIR, de Jaume Collet-Serra.

LAZOS DE SANGRE VS LAZOS SANGRIENTOS

Ya lo he comentado en anteriores críticas, pero la consagración de Liam Neeson como un veterano action hero a sus 63 años de edad, lejos de ser una degradación en su trayectoria profesional, es algo digno de elogio. No tanto por su meritorio cambio de registro, si lo comparamos con su papel de industrial nazi con humanidad en La lista de Schindler (1993), sino por su loable capacidad de adaptación al medio. Era eso o una progresiva relegación en los escasos y mediocres papeles de viejo cascarrabias con que Hollywood suele (pre)jubilar a los actores más maduros.

Por otra parte, debe reconocerse que ha sabido rodearse de realizadores y guionistas competentes que le han permitido “lucirse” en films llenos de acción y violencia pero con la suficiente calidad como para conseguir el apoyo tanto del público como de la crítica especializada. Los puristas considerarán herética su participación en la irregular saga Venganza, pero esta supuso la renovación del género y le permitió dar impulso a una carrera que empezaba a dar síntomas de declive. Actualmente, su asociación con Jaume Collet-Serra, adalid del thriller más acelerado del cine USA, está siendo de lo más beneficioso para ambos.




Su tercer film en común —tras Sin identidad (2011) y Non-Stop (2014)— es la presente Una noche para sobrevivir, un angustioso relato de venganzas personales enmarcada en la mafia irlandesa neoyorkina, al que se le añaden no pocos ingredientes del western crepuscular. Esta hibridación le permite al director barcelonés actualizar muchos de sus temas clásicos como los pecados heredados, los lazos familiares, el deber de obediencia y lealtad, la búsqueda de redención, etc.

Acosado por los crímenes cometidos en el pasado, el mercenario Jimmy Conlon no pasa por una de sus mejores épocas. Pero cuando su hijo Mike, que vive alejado del mundo sombrío y violento de su padre, se convierte en el objetivo de la organización para la que trabaja, Jimmy tiene que elegir entre la lealtad a su clan criminal o a su verdadera familia, a la que abandonó hace mucho tiempo.

Se aprecia en Una noche para sobrevivir un estimable esfuerzo en recrear la atmósfera del hampa y en la descripción realista de la fauna que habita en ella, destacando por encima de todos las valiosas interpretaciones de los personajes protagónicos, empezando por Liam Neeson y Ed Harris, todo un duelo interpretativo. Su narrativa, sustentada en una frenética trama sazonada de violencia desatada, convierte este film en un entretenido espectáculo que, además, no toma el pelo al espectador con falsos heroísmos ni derivas sobrehumanas. Se agradece.

Pau Vanaclocha




martes, 21 de abril de 2015

(2) EL ÚLTIMO LOBO, de Jean-Jacques Annaud.

EL EQUILIBRIO ECOLÓGICO

Esta película, la decimotercera del cineasta galo responsable de la adaptación de El nombre de la rosa (1986), es una coproducción entre China y Francia que traduce en imágenes un libro autobiográfico superventas de Lu Jiamin publicado en 2004, aunque ese nombre resultó ser un seudónimo de Jian Rong, un profesor universitario de 68 años que, como estudiante rebelde, había sufrido persecución por parte de los maoístas durante la Revolución Cultural, quienes le trasladaron en 1967 a las estepas de la Mongolia interior para “regenerarse” con el trabajo y, a la vez, para instruir a los pastores nómadas de la región. Su relato es un canto a la vida sana y natural frente a la contaminación y masificación de las grandes ciudades.

Por su parte, Jean-Jacques Annaud era mirado con cierta desconfianza por las autoridades chinas, nada contentas con su película Siete años en el Tibet (1997), aunque le autorizaron el guión suprimiendo ligeras alusiones políticas y eliminando luego algún breve desnudo femenino. El joven protagonista pequinés, que deja atrás la quema de libros y la desconfianza hacia los intelectuales
su padre fue acusado de “enemigo del pueblo” y asesinado por los guardias rojos no sólo participa en el proyecto de alianza entre la gente de la cultura y la del campo sino que descubre fascinado el esplendor de la Naturaleza, especialmente el mundo de los lobos a quienes acaba admirando con fervor.




Debe tenerse en cuenta que desde la más remota antigüedad, en cuentos y leyendas, hasta el colapso del cine de Walt Disney, los lobos eran siempre los “malos” de las historias y se les contemplaba y juzgaba con criterios morales antropocéntricos hasta que los biólogos hicieron notar que todo eran prejuicios nuestros, que se agrupaban en manadas perfectamente jerarquizadas, que protegían a sus crías y que seguían unas estrategias perfectas para alcanzar el éxito en la caza. Félix Rodríguez de la Fuente, entre nosotros, fue un precursor en esta materia.

Pero la película evidencia una contradicción demasiado palpable. El contraste entre las imágenes de ferocidad casi diabólica de los lobos y la consideración moral favorable a los mismos da como resultado una mirada excesivamente esquemática y sentimental hacia esta fauna salvaje, que en realidad no hace otra cosa que seguir sus instintos, ocupar un nicho ecológico determinado y contribuir a un equilibrio de la biosfera que el hombre se empeña en alterar. El lobo come,
además de animales muertos y congelados, las alimañas que a su vez devoran la hierba destinada a las ovejas, bueyes y caballos. Y si los cánidos se arriesgan a atacar a los rebaños es porque no encuentran otro modo de sobrevivir.

No fue fácil la producción y el rodaje del film tanto por su elevado coste como por la escasez o ausencia de modernos aparatos de filmación, por su formato original en 3D, por la utilización de lobos expresamente amaestrados y entrenados, por las diversas y cambiantes estaciones del año y por la necesidad de retocar digitalmente muchos de los planos rodados. 

El bienintencionado protagonista de El último lobo comete sin embargo el mismo error que el de los de Nacida libre (James Hill, 1966), unos naturalistas que domesticaron a una leona en Kenia y la adoptaron hasta que todo terminó trágicamente, aunque aquella película manipuló e idealizó los hechos realmente acaecidos. La conclusión es que los humanos deben alterar lo menos posible la vida natural, sin forzar sus leyes y sin dirigir comportamientos instintivos sujetos a una secular evolución, por crueles e injustos que nos parezcan pues los mecanismos que relacionan a animales y vegetales, predadores y presas, carnívoros y vegetarianos, etc. responden a un orden que ha logrado encontrar su propio equilibrio.

En el film el contraste entre ciudades y estepa, entre pastores nómadas y agricultores sedentarios, entre las consignas políticas y la ancestral sabiduría de los ancianos… se va resolviendo a peor con la llegada de la tecnología y la mecanización, con la construcción de viviendas y la canalización de las aguas, con el cultivo de las tierras y la presencia vigilante del ejército. Domina pues en la obra, como en las novelas de Jack London, un sentimiento de nostalgia hacia unos tiempos que ya no volverán mientras la degradación ambiental se ha vuelto ya insoportable.

José Vanaclocha




(3) LA FIESTA DE DESPEDIDA, de Tal Granit y Sharon Maymon.

EN TORNO A LA EUTANASIA

Primer largometraje que nos llega de los cineastas israelíes Tal Granit y Sharon Maymon, autores también del guión, que han hecho posible una película valiente e insólita al abordar sin prejuicios ni reservas mentales la delicada cuestión de la eutanasia, la muerte provocada sin sufrimiento físico a los enfermos incurables y terminales (cáncer, alzhéimer, etc.). En el film, situado en una residencia de ancianos en Jerusalén, la voluntaria decisión de poner fin a la propia vida se traduce en la ayuda al suicidio, con la elección del momento por el mismo desahuciado y con el uso de un aparato que le permite paralizar todas sus constantes vitales.




En este film son los compañeros
los propios familiares y amigos de los que deciden recurrir a la eutanasia quienes les asisten por motivos humanitarios (amor, amistad, solidaridad o simple compasión). La fiesta de despedida obtuvo la Espiga de Oro en el festival de Valladolid de 2014 y destaca especialmente por un peculiar estilo narrativo que combina de forma equilibrada el drama, la emoción y el humor,  acotando un terreno expresivo que se sitúa a mitad de camino entre la brutalidad trágica de Amor (Michael Haneke, 2012) y la diversión de la comedia clásica Arsénico por compasión (Frank Capra, 1944).

Este sincrético estilo ayuda a hacer más tolerable un relato esencialmente cruel pese a recurrir a los mecanismos de la eutanasia “activa”, que la mayoría de Estados castigan penalmente con sus leyes, frente a la tolerancia generalizada ante la eutanasia ”pasiva”, consistente en suprimir los remedios paliativos dirigidos a alargar artificialmente y sin dolor la vida del enfermo, aunque la película no obvia del todo las dudas morales que tales conductas acarrean. Una virtud del film es que su estilo se vuelve invisible y la cámara, el montaje y los actores, lejos de cualquier truculencia, contribuyen a que el discurso alcance una neutralidad que
en ausencia de manipulaciones sentimentales o moralizantes— hace recaer en el espectador la responsabilidad de enjuiciar aquello que está contemplando.

José Vanaclocha




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