martes, 16 de agosto de 2011

(2) LA NOVIA CADÁVER, de Tim Burton.

CUENTO MACABRO

Sin entrar a valorar si el film en cuestión es directamente un plagio de un cortometraje mexicano o simplemente una libérrima versión de cuentos o relatos folclóricos rusos, La novia cadáver es el regreso a la animación stop-motion de un Tim Burton que ha moldeado con el paso del tiempo un estilo personal e intransferible en un cine que, si bien no renuncia a aspectos propios del más comercial, sí es cierto que podría considerarse como de autor. Sería injusto no reconocerle su desbordante imaginación a la hora de plasmar historias que combinan elementos cómicos y dramáticos en un contexto inspirado en el género de terror en su vertiente más clásica, su tendencia a retratar personajes estrafalarios y marginales alejados de cualquier convencionalismo, así como su particular visión de la realidad entre lo macabro, lo grotesco y lo siniestro. Pero según mi opinión, La novia cadáver no alcanza ni mucho menos la talla de, pongamos ejemplos de su filmografía, la irreverente Bitelchús (1988), la sensible Eduardo Manostijeras (1990), la delirante Pesadilla antes de Navidad (1994), la sarcástica ¡Mars attacks! (1996), la sangrienta Sleepy Hollow (1999) y su obra más madura, Big Fish (2003).

Concebida como un cuento macabro —que rinde tributo a los clásicos literarios románticos y a algún ejemplo de realismo mágico de la literatura latinoamericana— que narra el encuentro entre un joven introvertido pero sensible y una muerta vestida de novia en un bosque de la Inglaterra victoriana y los equívocos sobre la dudosa legitimidad de una boda entre un vivo y un muerto, La novia cadáver no trataría tanto sobre el amor más allá de la muerte o sobre una atípica pareja con perversiones necrofílicas, sino sobre la tenue frontera entre ambos mundos (vida / muerte), hasta el punto de fundirse en uno de una manera natural y espontánea, tratando este tema tabú con un irónico sentido del humor muy propio, por otra parte, del realizador estadounidense. 

A pesar de que la película recoge todas las cualidades mencionadas y el resultado es un relato divertido, entretenido y bien contado, no creo que merezca los adjetivos tan laudatorios que la prensa especializada no ha escatimado a la hora de definirla. Se trata de una obra menor del carismático director. Me sorprende negativamente el giro tan pronunciado hacia el infantilismo que recuerda a las producciones de Disney; la inserción de tiernos números musicales que frenan la narración y refuerzan los sentimientos y emociones de los personajes; la personificación de la conciencia de la novia cadáver a lo Pepito Grillo y, finalmente, el mensaje final a modo de moraleja que, en sentido conservador y por tanto radicalmente opuesto al que venía siendo habitual en Tim Burton, reestrablece el equilibrio natural de las cosas y devuelve a todo y a todos en su sitio, aun forzando cambios radicales de comportamientos y proponiendo contra todo pronóstico un happy end satisfactorio y gratificante para las mentes bienpensantes. ¿Habrá renunciado a la provocación y a la osadía, o son cualidades que se pierden progresivamente con la edad?

Pau Vanaclocha

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